A lo largo de los casi cuatro años desarrollando mi tesis me han surgido infinidad de preguntas y problemas que necesitaban respuestas urgentemente. En algunas ocasiones las he encontrado. En otras no y he tenido que dejar de hacerme determinadas preguntas, o al menos las he tenido que aplazar. Algunas veces he encontrado respuestas suficientemente buenas para la ocasión que me han permitido seguir avanzando a sabiendas de que más adelante tendría que volver sobre mis pasos. Pero es ahora, cuando empiezo a ver la luz al final del túnel, cuando empiezo a ser consciente de que hay una pregunta de fondo a la que todavía no he dado respuesta. Una que, para poder desarrollar plenamente una carrera como investigador, necesito solucionar.
¿Qué puedo hacer yo para mejorar la vida de la gente?
Porque no quiero, me niego rotundamente, a ser un investigador puramente "académico", cuya única contribución sea una lista interminable de papers en revistas y congresos que únicamente sirvan para engordar las listas de referencias en los documentos de otros investigadores. Quiero tener la tranquilidad de saber que lo que yo haga va a servir para algo y va a tener un impacto más allá del laboratorio.
Todavía no sé cuál es la respuesta a esa pregunta, y nada de lo que he hecho hasta ahora sirve para contestarla. Pero a medida que se acerca la hora de decidir qué hacer después de la tesis sé que necesito, por lo menos, encontrar una de esas respuestas parciales. Porque si no puedo desarrollar nada que sea realmente valioso, ¿para qué sirven las interminables horas de trabajo?
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Las vacaciones aquí al lado...
... y las prisas aquí mismo.
Igual alguno de vosotros, mis lectores, os habéis preguntado qué pasa con el blog, si estos quince días en silencio han sido simplemente un lapsus temporal [1], si es que me habían raptado en el camino de vuelta de Portugal, o directamente ya estabais descorchando el cava pensando que había cejado en mi empeño de seguir contando cosas sin interés por aquí. Bueno, pues que sepáis que no se ha debido a ninguna de las tres causas anteriores.
Bueno, igual a la primera un poquito sí. Pero poco.
En realidad lo que sucede es que estamos en el mes de julio. Ya ha pasado junio, la época del gran estrés para los estudiantes en la universidad, los exámenes, las correcciones, las prisas... Pero ya llegados a la etapa de doctorado, eso desaparece [2]. En realidad lo que sucede es que las prisas se aplazan un poco. ¿Hasta cuándo? Pues obviamente, hasta el mes de julio. Porque todas esas cosas que llevan en la mente de la gente desde marzo, enero o hasta septiembre del año pasado ahora de repente tienen que estar todas listas. ¿Y para cuándo? Exacto. Para antes de que nos vayamos de vacaciones.
Es como si una vez que el calendario marcase el 1 de agosto tus papeles, notas y apuntes, tus conocimientos, las iniciativas y los datos de tus discos duros explotasen [3] y desapareciesen para siempre de la faz de la tierra. Como si al despacho entero le prendiesen fuego para desinfectarlo aprovechando que está todo el mundo fuera, y más te vale haber dejado bien atado, guardado y enviado todo antes de marcharte o tendrás que empezar la tesis desde cero de nuevo. Y no está uno para esos trotes otra vez.
Así que desde principios de mes y para antes de que nos vayamos de vacaciones a mí me toca:
Ahora bien, algunas cosas están por encima de todo esto. Así, hoy a las siete y cuarto de la mañana [5] me he subido a un avión rumbo a las islas sin que Cattz tuviese ni idea de ello, me he ido a la academia donde estaba haciendo su curso y me he asomado a su aula para darle la sorpresa de aparecer por allí sin previo aviso. ¿Y sabéis qué? Que las horas que hoy, por hacer eso, no he estado delante del ordenador tirando líneas de código y texto científico, lanzando simulaciones, recogiendo y analizando resultados ya las recuperaré quitándome, si es necesario, (unas cuantas más) horas de sueño. La cara de alucine que ha puesto Cattz al verme y que no se le haya borrado la sonrisa de la cara desde que he aparecido por la puerta bien valen todas esas horas y muchas más.
[1] Como si fuese la primera vez que tardo más de dos semanas en reaparecer por aquí.
[2] A no ser que en la universidad en la que lo estás cursando sean tan mamones que no te reconocen el máster oficial que has hecho en la universidad de enfrente y tengas que gastarte 1700€ y bastantes de tus horas de trabajo en sacar 30 créditos en asignaturas de mierda que no te aportan nada y que, a nivel curricular, ni siquiera aparecen reflejadas. Pero esa es otra historia que daría para otro post, o cuatro.
[3] Bueno, esto último igual sí es cierto.
[4] Por favor, que esto que estoy diciendo no sea profético. Por favor, que no lo sea.
[5] Y después de casi meterme por equivocación en el vuelo a Santiago de Compostela... Que servidor había dormido solo dos horas y encima estaba absorto con A Dance With Dragons, y claro... ejem.
Bueno, igual a la primera un poquito sí. Pero poco.
En realidad lo que sucede es que estamos en el mes de julio. Ya ha pasado junio, la época del gran estrés para los estudiantes en la universidad, los exámenes, las correcciones, las prisas... Pero ya llegados a la etapa de doctorado, eso desaparece [2]. En realidad lo que sucede es que las prisas se aplazan un poco. ¿Hasta cuándo? Pues obviamente, hasta el mes de julio. Porque todas esas cosas que llevan en la mente de la gente desde marzo, enero o hasta septiembre del año pasado ahora de repente tienen que estar todas listas. ¿Y para cuándo? Exacto. Para antes de que nos vayamos de vacaciones.
Es como si una vez que el calendario marcase el 1 de agosto tus papeles, notas y apuntes, tus conocimientos, las iniciativas y los datos de tus discos duros explotasen [3] y desapareciesen para siempre de la faz de la tierra. Como si al despacho entero le prendiesen fuego para desinfectarlo aprovechando que está todo el mundo fuera, y más te vale haber dejado bien atado, guardado y enviado todo antes de marcharte o tendrás que empezar la tesis desde cero de nuevo. Y no está uno para esos trotes otra vez.
Así que desde principios de mes y para antes de que nos vayamos de vacaciones a mí me toca:
- Terminar de meter los cambios que nos han pedido para un artículo y que nos ha obligado a cambiar la estructura de simulación entera.
- Acabar la redacción de otro artículo que estoy escribiendo desde hace un tiempo y al que le faltan un par de secciones y algún que otro experimento todavía.
- Modificar uno de los métodos que he estado usando hasta el momento para añadir una sección entera más al paper mencionado anteriormente.
- Redactar la memoria de un trabajo para una de las estúpidas asignaturas de máster de las que he hablado en la nota a pie [2].
- Estudiar el siguiente paso a dar en la tesis, que el chico que sabe del tema está todavía por aquí pero no sabemos hasta cuando, por lo que urge que las dudas me vayan saliendo cuanto antes.
- Rellenar la subsanación de la beca FPU, que después de muchos meses por fin ha aparecido. Y a nosotros nos dan diez días de plazo, improrrogables.
- Escribir un anteproyecto de PFC.
- Revisar un capítulo de libro que mi director de tésis ha mandado y del que todavía nos tienen que dar respuesta con posibles cambios.
- Labores de administración de laboratorio varias.
Ahora bien, algunas cosas están por encima de todo esto. Así, hoy a las siete y cuarto de la mañana [5] me he subido a un avión rumbo a las islas sin que Cattz tuviese ni idea de ello, me he ido a la academia donde estaba haciendo su curso y me he asomado a su aula para darle la sorpresa de aparecer por allí sin previo aviso. ¿Y sabéis qué? Que las horas que hoy, por hacer eso, no he estado delante del ordenador tirando líneas de código y texto científico, lanzando simulaciones, recogiendo y analizando resultados ya las recuperaré quitándome, si es necesario, (unas cuantas más) horas de sueño. La cara de alucine que ha puesto Cattz al verme y que no se le haya borrado la sonrisa de la cara desde que he aparecido por la puerta bien valen todas esas horas y muchas más.
[1] Como si fuese la primera vez que tardo más de dos semanas en reaparecer por aquí.
[2] A no ser que en la universidad en la que lo estás cursando sean tan mamones que no te reconocen el máster oficial que has hecho en la universidad de enfrente y tengas que gastarte 1700€ y bastantes de tus horas de trabajo en sacar 30 créditos en asignaturas de mierda que no te aportan nada y que, a nivel curricular, ni siquiera aparecen reflejadas. Pero esa es otra historia que daría para otro post, o cuatro.
[3] Bueno, esto último igual sí es cierto.
[4] Por favor, que esto que estoy diciendo no sea profético. Por favor, que no lo sea.
[5] Y después de casi meterme por equivocación en el vuelo a Santiago de Compostela... Que servidor había dormido solo dos horas y encima estaba absorto con A Dance With Dragons, y claro... ejem.
Fechas
6 de noviembre de 2009: Se convocan las becas FPU 2009.
9 de diciembre de 2009: Mi solicitud se registra como recibida.
15 de mayo de 2010: Mi solicitud cambia su estado a "Pendiente de Subsanación".
13 de noviembre de 2010: Mi solicitud cambia su estado a "Solicitud desestimada".
28 de abril de 2011: Se conceden las becas FPU 2009.
Y ahora...
24 de enero de 2011: Se convocan las becas FPU 2010.
14 de febrero de 2011: Mi solicitud se registra como recibida.
A fecha de hoy, 9 de mayo de 2011, no hay ninguna novedad al respecto de esta convocatoria. Quien quiera, que saque conclusiones.
9 de diciembre de 2009: Mi solicitud se registra como recibida.
15 de mayo de 2010: Mi solicitud cambia su estado a "Pendiente de Subsanación".
13 de noviembre de 2010: Mi solicitud cambia su estado a "Solicitud desestimada".
28 de abril de 2011: Se conceden las becas FPU 2009.
Y ahora...
24 de enero de 2011: Se convocan las becas FPU 2010.
14 de febrero de 2011: Mi solicitud se registra como recibida.
A fecha de hoy, 9 de mayo de 2011, no hay ninguna novedad al respecto de esta convocatoria. Quien quiera, que saque conclusiones.
La rentrée
La ventaja de ser un doctorando sin beca es que uno tiene un cierto grado de libertad para tomarse las vacaciones como me salga de los huevos como considere más adecuado. Tengo asignaturas que aprobar, proyectos en los que avanzar y trabajo, mucho trabajo que hacer, sí, pero no me ponen excesivas pegas para cosas como, por ejemplo, empalmar de vacaciones la semana santa con el puente de mayo. Y es lo que hice.
Lo malo de unas vacaciones así, claro está, es que luego la vuelta a la vida académica es algo más complicada. En particular hoy ha sido bastante más complicada.
A mitad de las vacaciones mi director me envió un correo en el que me afirmaba que el contrato con Airmus, ese contrato que llevo desde diciembre esperando, por fin iba a firmarse hoy. Lo que significa que finalmente voy a tener una financiación estable. Así que esta mañana (después de una noche de insomnio) me he puesto en marcha con la esperanza de encauzar por fin la situación. Pero a mitad de camino el jefe me ha llamado para avisarme de que la reunión había sido cancelada, que no fuese a donde habían quedado para la firma.
De modo que, dudando nuevamente de mi situación, llego al laboratorio... Para encontrarme con el ordenador apagado. "Allá va mi mes y medio de simulación ininterrumpida...". Enciendo la máquina, y la maja de ella me recibe con un fantástico aviso de que el disco duro se ha averiado. El disco duro de escasamente año y medio de antiguedad. El disco duro donde están mis códigos de la tesis. La única copia que tengo de ellos. Tierra, trágame. Mi director está en el laboratorio en el momento en que llego y veo el mensaje. Me ve poner ojos de perro apaleado e ira contenida. Hacia mí mismo, por no tener copias de seguridad, y hacia el disco duro, por fallar como una escopeta de feria en tan poco tiempo. Me dice que dejemos el asunto del disco duro para más tarde, que todavía estamos a tiempo de reconvocar la reunión del contrato.
Nos vamos a buscar al jefe del proyecto, quien de camino me cuenta que en realidad el contrato ya está firmado desde el viernes, que lo que vamos a hacer en esta reunión es concretar en qué temáticas vamos (voy) a trabajar para justificar el pago de la beca que me van a hacer [1]. Pero que en cualquier caso me van a pagar desde el 1 de enero con el nuevo dinero, en un pago "retroactivo". Entramos a la reunión, empezamos a hablar de las temáticas en las que vamos (voy) a trabajar, y todo va como la seda.
Hasta que sale a colación el tema del dinero.
Porque el tío con el que nos reunimos tiene intención de pagarnos en torno a una décima parte de la partida total que mi jefe, en un principio, tenía pensado conseguir. De la partida con la que van a pagar mi beca. La reunión termina con el asunto en el aire, sin saber bien de cuánto dinero dispondremos. Así que el convenio está firmado, pero la cantidad de dinero todavía está en el aire, y con ella mi beca. Estamos como al principio, vamos. Solo que ahora, además, yo no tengo el código que llevo tanto tiempo programando.
Un compañero me ayuda y montamos una solución "could work" que en estos momentos está en ejecución. Estamos copiando mi disco escacharrado sector a sector, con la esperanza de que al menos pueda recuperar parte de la información. Afortunadamente, después de comer, mirando por otros ordenadores (ahora mismo el mío está desmantelado encima de mi mesa) del laboratorio encuentro que había hecho copia de la última versión de cada uno de los códigos en los que he estado trabajando. No es toda la información, no son todos los códigos recuperados, los papers y los documentos extra que he ido generando a lo largo de este año y medio de trabajo, pero es algo. No lo he perdido todo, y puedo seguir desarrollando a partir de ahí. Y mientras tanto, cruzo los dedos por que al menos buena parte del resto de datos puedan recuperarse, pero no hay nada seguro.
Si piensas "Podría ser peor, podría llover", estás equivocado. Hoy también ha llovido. Y encima han descubierto el error en la máquina de café y ya no los venden a 0,05€ como durante estos dos meses pasados, sino que ha recuperado su precio original de 0,50€.
Martes, son los nuevos lunes.
[1] Porque como no tengo suficiente con una tesis, para poder cobrar voy a tener que trabajar extra. ¿Investigar? ¿Para qué, cuando puedes estar esclavizado?
Lo malo de unas vacaciones así, claro está, es que luego la vuelta a la vida académica es algo más complicada. En particular hoy ha sido bastante más complicada.
A mitad de las vacaciones mi director me envió un correo en el que me afirmaba que el contrato con Airmus, ese contrato que llevo desde diciembre esperando, por fin iba a firmarse hoy. Lo que significa que finalmente voy a tener una financiación estable. Así que esta mañana (después de una noche de insomnio) me he puesto en marcha con la esperanza de encauzar por fin la situación. Pero a mitad de camino el jefe me ha llamado para avisarme de que la reunión había sido cancelada, que no fuese a donde habían quedado para la firma.
De modo que, dudando nuevamente de mi situación, llego al laboratorio... Para encontrarme con el ordenador apagado. "Allá va mi mes y medio de simulación ininterrumpida...". Enciendo la máquina, y la maja de ella me recibe con un fantástico aviso de que el disco duro se ha averiado. El disco duro de escasamente año y medio de antiguedad. El disco duro donde están mis códigos de la tesis. La única copia que tengo de ellos. Tierra, trágame. Mi director está en el laboratorio en el momento en que llego y veo el mensaje. Me ve poner ojos de perro apaleado e ira contenida. Hacia mí mismo, por no tener copias de seguridad, y hacia el disco duro, por fallar como una escopeta de feria en tan poco tiempo. Me dice que dejemos el asunto del disco duro para más tarde, que todavía estamos a tiempo de reconvocar la reunión del contrato.
Nos vamos a buscar al jefe del proyecto, quien de camino me cuenta que en realidad el contrato ya está firmado desde el viernes, que lo que vamos a hacer en esta reunión es concretar en qué temáticas vamos (voy) a trabajar para justificar el pago de la beca que me van a hacer [1]. Pero que en cualquier caso me van a pagar desde el 1 de enero con el nuevo dinero, en un pago "retroactivo". Entramos a la reunión, empezamos a hablar de las temáticas en las que vamos (voy) a trabajar, y todo va como la seda.
Hasta que sale a colación el tema del dinero.
Porque el tío con el que nos reunimos tiene intención de pagarnos en torno a una décima parte de la partida total que mi jefe, en un principio, tenía pensado conseguir. De la partida con la que van a pagar mi beca. La reunión termina con el asunto en el aire, sin saber bien de cuánto dinero dispondremos. Así que el convenio está firmado, pero la cantidad de dinero todavía está en el aire, y con ella mi beca. Estamos como al principio, vamos. Solo que ahora, además, yo no tengo el código que llevo tanto tiempo programando.
Un compañero me ayuda y montamos una solución "could work" que en estos momentos está en ejecución. Estamos copiando mi disco escacharrado sector a sector, con la esperanza de que al menos pueda recuperar parte de la información. Afortunadamente, después de comer, mirando por otros ordenadores (ahora mismo el mío está desmantelado encima de mi mesa) del laboratorio encuentro que había hecho copia de la última versión de cada uno de los códigos en los que he estado trabajando. No es toda la información, no son todos los códigos recuperados, los papers y los documentos extra que he ido generando a lo largo de este año y medio de trabajo, pero es algo. No lo he perdido todo, y puedo seguir desarrollando a partir de ahí. Y mientras tanto, cruzo los dedos por que al menos buena parte del resto de datos puedan recuperarse, pero no hay nada seguro.
Si piensas "Podría ser peor, podría llover", estás equivocado. Hoy también ha llovido. Y encima han descubierto el error en la máquina de café y ya no los venden a 0,05€ como durante estos dos meses pasados, sino que ha recuperado su precio original de 0,50€.
Martes, son los nuevos lunes.
[1] Porque como no tengo suficiente con una tesis, para poder cobrar voy a tener que trabajar extra. ¿Investigar? ¿Para qué, cuando puedes estar esclavizado?
Tumbos de investigador
En junio de 2008 entregué mi proyecto fin de carrera, que fue calificado con Matrícula de Honor. Con ello conseguía, después de seis años de esfuerzo, mi título de ingeniero, y a comerme el mundo. Un mes antes ya había estado hablando con otro profesor para fijar la temática del proyecto en el que enmarcaría mi Máster en Investigación, el primer paso para el doctorado.
En septiembre empecé el máster, y tras dos meses de toma de contacto aquí me marché a hacer una estancia durante cinco meses a Suiza. Allí, por el mero hecho de estar como investigador visitante, cobré un salario decente. Al volver a Madrid me concedieron una pequeña beca de la facultad de casi la mitad del importe mensual del sueldo en Suiza. Después de no conseguir sacar el proyecto adelante (ya he hablado de ello en alguna otra ocasión), mi director se apresuró a cerrar el grifo de la financiación en cuanto dije que no iba a seguir con ellos. En total cuatro meses de beca.
Empecé a echar currículums a empresas. Casi ninguna me llamaba, unas pocas llamaron una vez y, aunque les mandé el CV de nuevo como me pidieron, no volví a saber nada. Indra me hizo pasar todas las pruebas de selección para después decirme "Enhorabuena, has superado el proceso. Como no hay plazas para tu perfil, quedas a la espera.". Todavía no me han vuelto a llamar.
Uno de los currículums que eché fue para una oferta de beca de doctorado en otra universidad. Me llamaron y me entrevistaron. Al cabo de un tiempo me llamaron y me dijeron "En la selección final que hicimos quedásteis dos candidatos... Finalmente le hemos dado la beca al otro, pero nos gustaría que vinieses a trabajar con nosotros, y encontraremos financiación.". Al principio no accedí. Me remitieron ofertas de becas en universidades francesas. Y un día me mandaron otro correo diciendo "Se han convocado las becas FPU 2009, si te interesa presentarte a ellas, te ponemos proyecto y director de tésis.". Y yo, que en el fondo lo que quería hacer era el doctorado, accedí a ello. El 9 de diciembre de 2009 entregué el último de los papeles de la convocatoria en el ministerio.
Desde ese momento yo dediqué la mitad de mi tiempo a terminar el proyecto de Máster y la otra mitad a ir integrándome en el grupo de trabajo del que ya era mi nuevo departamento. En ninguno de los dos proyectos tuve ninguna beca, mientras esperaba a la resolución de las FPU. En junio de 2010 terminé el proyecto de Máster (con Sobresaliente y la felicitación del tribunal) y empecé a dedicarme a tiempo completo a mi nuevo departamento. En septiembre de 2010 firmé una nueva beca, nuevamente por cuatro meses. El 25 de octubre se convocaron las becas de doctorado de la facultad, que también solicité.
El 13 de diciembre de 2010 se resolvieron las becas FPU 2009. Yo no era uno de los adjudicatarios.
El 19 de enero de 2010 nuestro jefe de proyecto nos informó de que la empresa con la que trabajábamos no nos renovaba el contrato. Si no teníamos ya una beca de alguna otra entidad no podríamos, de momento, tener financiación.
Ayer 31 de enero de 2010 se resolvieron las becas de doctorado de la facultad. Yo no soy uno de los adjudicatarios. La próxima convocatoria a la vista son las becas FPU 2010, que se convocaton el 25 de enero de 2011.
Yo solo soy un pequeño investigador en una facultad de Madrid, pero hoy miles de otros investigadores están en mi misma situacióin. Miles de jóvenes todavía cargados de ilusión e ideas que ven que, cuanto más quieren hacer, más trabas se les ponen. Miles de jóvenes que miran con envidia la situación de la investigación en otros países, donde el sector no es el primero en ser maltratado cuando la situación económica flojea y el último en ser impulsado cuando las cuentas empiezan a ir bien. Que se plantean cada día si no estarían mejor investigando en cualquier otro sitio que no fuese España. Y que se van porque allí fuera sí hay oportunidades y reconocimiento al esfuerzo investigador.
Así que cuando sale el presidente del gobierno diciendo que cada vez se está impulsando más la investigación y que cada vez hay más becas, yo no puedo evitar preguntarme dónde, porque lo que es aquí, no las veo.
En septiembre empecé el máster, y tras dos meses de toma de contacto aquí me marché a hacer una estancia durante cinco meses a Suiza. Allí, por el mero hecho de estar como investigador visitante, cobré un salario decente. Al volver a Madrid me concedieron una pequeña beca de la facultad de casi la mitad del importe mensual del sueldo en Suiza. Después de no conseguir sacar el proyecto adelante (ya he hablado de ello en alguna otra ocasión), mi director se apresuró a cerrar el grifo de la financiación en cuanto dije que no iba a seguir con ellos. En total cuatro meses de beca.
Empecé a echar currículums a empresas. Casi ninguna me llamaba, unas pocas llamaron una vez y, aunque les mandé el CV de nuevo como me pidieron, no volví a saber nada. Indra me hizo pasar todas las pruebas de selección para después decirme "Enhorabuena, has superado el proceso. Como no hay plazas para tu perfil, quedas a la espera.". Todavía no me han vuelto a llamar.
Uno de los currículums que eché fue para una oferta de beca de doctorado en otra universidad. Me llamaron y me entrevistaron. Al cabo de un tiempo me llamaron y me dijeron "En la selección final que hicimos quedásteis dos candidatos... Finalmente le hemos dado la beca al otro, pero nos gustaría que vinieses a trabajar con nosotros, y encontraremos financiación.". Al principio no accedí. Me remitieron ofertas de becas en universidades francesas. Y un día me mandaron otro correo diciendo "Se han convocado las becas FPU 2009, si te interesa presentarte a ellas, te ponemos proyecto y director de tésis.". Y yo, que en el fondo lo que quería hacer era el doctorado, accedí a ello. El 9 de diciembre de 2009 entregué el último de los papeles de la convocatoria en el ministerio.
Desde ese momento yo dediqué la mitad de mi tiempo a terminar el proyecto de Máster y la otra mitad a ir integrándome en el grupo de trabajo del que ya era mi nuevo departamento. En ninguno de los dos proyectos tuve ninguna beca, mientras esperaba a la resolución de las FPU. En junio de 2010 terminé el proyecto de Máster (con Sobresaliente y la felicitación del tribunal) y empecé a dedicarme a tiempo completo a mi nuevo departamento. En septiembre de 2010 firmé una nueva beca, nuevamente por cuatro meses. El 25 de octubre se convocaron las becas de doctorado de la facultad, que también solicité.
El 13 de diciembre de 2010 se resolvieron las becas FPU 2009. Yo no era uno de los adjudicatarios.
El 19 de enero de 2010 nuestro jefe de proyecto nos informó de que la empresa con la que trabajábamos no nos renovaba el contrato. Si no teníamos ya una beca de alguna otra entidad no podríamos, de momento, tener financiación.
Ayer 31 de enero de 2010 se resolvieron las becas de doctorado de la facultad. Yo no soy uno de los adjudicatarios. La próxima convocatoria a la vista son las becas FPU 2010, que se convocaton el 25 de enero de 2011.
Yo solo soy un pequeño investigador en una facultad de Madrid, pero hoy miles de otros investigadores están en mi misma situacióin. Miles de jóvenes todavía cargados de ilusión e ideas que ven que, cuanto más quieren hacer, más trabas se les ponen. Miles de jóvenes que miran con envidia la situación de la investigación en otros países, donde el sector no es el primero en ser maltratado cuando la situación económica flojea y el último en ser impulsado cuando las cuentas empiezan a ir bien. Que se plantean cada día si no estarían mejor investigando en cualquier otro sitio que no fuese España. Y que se van porque allí fuera sí hay oportunidades y reconocimiento al esfuerzo investigador.
Así que cuando sale el presidente del gobierno diciendo que cada vez se está impulsando más la investigación y que cada vez hay más becas, yo no puedo evitar preguntarme dónde, porque lo que es aquí, no las veo.
Horario
Los lunes, a las 11h00, tengo la reunión del proyecto, donde hacemos un repaso al trabajo que hemos hecho cada uno durante la semana anterior y planteamos el trabajo a hacer durante la siguiente. Viene a durar unas dos horas.
Los martes, a las 16h00, tengo la reunión con mi esbirro para que nos cuente lo que ha ido averiguando en sus pesquisas acerca del tema en el que le tengo trabajando. En teoría no vamos a tener más, pero parece que finalmente se ha decidido a hacer el PFC con nosotros, de modo que volveré a tenerle. Estas reuniones duran en torno a una hora y media o dos horas, aunque a veces se alargan hasta tres.
Los jueves, a las 12h00, tengo la reunión de PCE, donde L.A. le cuenta a mi director sus avances. Yo, como voy a continuar el trabajo que está haciendo y lo voy a llevar de un campo teórico a uno más práctico, asisto a esas reuniones para ir aprendiendo por osmosis y meter un poco de cabeza en el asunto. ¿Duración? Tres cuartos de hora, pero como comemos a la una, para cuando terminas casi no te da tiempo a hacer nada más.
Los viernes, a las 12h00, tengo la reunión de una de las asignaturas del máster, que el profesor me tiene que tutorizar en el trabajo que estoy haciendo. En los mails es muy, muy escueto, pero las reuniones que hemos tenido hasta ahora se han alargado hasta una hora.
Los martes y los jueves tengo clase de 19h00 a 20h00 y de 18h00 a 20h00 respectivamente.
Mi director se deja caer por el laboratorio casi a diario y pasamos siempre un rato discutiendo cosas que he hecho, líneas futuras de investigación, becas disponibles, o cosas similares.
Y mientras tanto, además, soy el administrador de los equipos del laboratorio, por lo que practicamente una o dos veces por semana me toca resolver algún problema que surje con máquinas o software, montar ordenadores nuevos, o poner un poco de orden en el despacho. Ocasionalmente además tengo reuniones con la gente de mi ex-facultad porque estamos preparando un artículo para una revista.
Por eso cuando esta mañana coincido con el jefe del proyecto en el ascensor y me dice que ha estado hablando con mi director acerca de que deberíamos quedar todas las semanas para llevar un control detallado de mis progresos en el proyecto lo que me pregunto es qué demonios querrá que les cuente, si con tanta reunión y cosas que atender, para lo que menos tiempo tengo a la semana es para mi tesis.
Update 13-01-10
Hoy he vuelto a hablar con el jefe del proyecto y le he contado la situación. Otra reunión semanal más y no tendré tiempo para avanzar en mi tesis. Por suerte lo ha comprendido y hemos quedado en que, aunque sí que haremos reuniones, estarán más espaciadas, tal vez una cada tres semanas o un mes. Eso ya es otra cosa.
Los martes, a las 16h00, tengo la reunión con mi esbirro para que nos cuente lo que ha ido averiguando en sus pesquisas acerca del tema en el que le tengo trabajando. En teoría no vamos a tener más, pero parece que finalmente se ha decidido a hacer el PFC con nosotros, de modo que volveré a tenerle. Estas reuniones duran en torno a una hora y media o dos horas, aunque a veces se alargan hasta tres.
Los jueves, a las 12h00, tengo la reunión de PCE, donde L.A. le cuenta a mi director sus avances. Yo, como voy a continuar el trabajo que está haciendo y lo voy a llevar de un campo teórico a uno más práctico, asisto a esas reuniones para ir aprendiendo por osmosis y meter un poco de cabeza en el asunto. ¿Duración? Tres cuartos de hora, pero como comemos a la una, para cuando terminas casi no te da tiempo a hacer nada más.
Los viernes, a las 12h00, tengo la reunión de una de las asignaturas del máster, que el profesor me tiene que tutorizar en el trabajo que estoy haciendo. En los mails es muy, muy escueto, pero las reuniones que hemos tenido hasta ahora se han alargado hasta una hora.
Los martes y los jueves tengo clase de 19h00 a 20h00 y de 18h00 a 20h00 respectivamente.
Mi director se deja caer por el laboratorio casi a diario y pasamos siempre un rato discutiendo cosas que he hecho, líneas futuras de investigación, becas disponibles, o cosas similares.
Y mientras tanto, además, soy el administrador de los equipos del laboratorio, por lo que practicamente una o dos veces por semana me toca resolver algún problema que surje con máquinas o software, montar ordenadores nuevos, o poner un poco de orden en el despacho. Ocasionalmente además tengo reuniones con la gente de mi ex-facultad porque estamos preparando un artículo para una revista.
Por eso cuando esta mañana coincido con el jefe del proyecto en el ascensor y me dice que ha estado hablando con mi director acerca de que deberíamos quedar todas las semanas para llevar un control detallado de mis progresos en el proyecto lo que me pregunto es qué demonios querrá que les cuente, si con tanta reunión y cosas que atender, para lo que menos tiempo tengo a la semana es para mi tesis.
Update 13-01-10
Hoy he vuelto a hablar con el jefe del proyecto y le he contado la situación. Otra reunión semanal más y no tendré tiempo para avanzar en mi tesis. Por suerte lo ha comprendido y hemos quedado en que, aunque sí que haremos reuniones, estarán más espaciadas, tal vez una cada tres semanas o un mes. Eso ya es otra cosa.
Las Doce Pruebas
“Estamos en el año 2010 después de Jesucristo. Toda la Hispania está ocupada por Belén Esteban, ¿¿ME ENTIENDES??… ¿Toda? !No! Una aldea poblada por irreductibles doctorandos resiste todavía y siempre al invasor”.
Así comienza la historia de Interloperix, valiente doctorando que un día cualquiera decidió matricularse en el plan de estudios que le correspondía en la Universitas Politecnix. Convencido de estar haciendo lo correcto, allá por el mes de julium empezó el proceso de matrícula, que arrancaba en esas fechas.
Por desgracia, la encargada de la matriculación le dijo que la aplicación de gestión no estaba del todo completa, pero que le haría un gran favor si hacía de betatestium, profesión por aquellos tiempos muy extendida pero escasamente remunerada. Interloperix aceptó hacerlo, y comenzó a experimentar con la aplicación, encontrando algún que otro fallo en el proceso. Pasados los días, recibió un correum donde se le informaba de que la matriculación sería retrasada hasta septiembrix.
Interloperix esperó pacientemente (lo que viene a ser de vacaciones) hasta los plazos de los que le habían hablado. En el camino, además, la responsabilidad de la matrícula había cambiado de manos. Pero llegado el día de la matriculación, no había todavía noticia del programa de gestión. Así que siguió esperando unos pocos días más hasta que finalmente los plazos se abrieron, mucho más cortos de lo estipulado inicialmente. Cuando Interloperix se conectó para gestionar su matrícula descubrió que todas aquellas pruebas que había estado haciendo no habían sido borradas, sino que su cuenta seguía ahí.
"Hay una asignatura de más, pero trabajo que me ahorro", pensó. Pero como director de su trabajo no aparecía el verdadero encargado, sino con quien en julium había estado testeandum el programa. A pesar de todo, imprimió la documentación y la llevó a los responsables de firmarlas. Le dijeron entonces que mejor deshacer aquello que estaba hecho y volver a hacerlo de cero, pero correctamente. Como Interloperix quería el menor número posible de problemas en la Universitas, decidió que en efecto prefería volver a rellenar la matrícula antes que tener con correcciones extrañas.
Una vez hecho, y con los nombres y firmas en orden, fue al martesix siguiente al templo de la secretaría con su título, su expediente y su documentum de identitas, listo para finalizar los papeleos. Para empezar, cuando llegó a primera hora a la secretaría se encontró con que en lugar de a la hora habitual abrían una hora más tarde por horario de veranum.
"Veranum? El 14 de septiembrix? Por Tutatis!!"
Resignado, Interloperix aprovechó esa hora para tomar café [1] y pasar por su antigua facultad a vaciar su taquilla [2]. Una vez de vuelta a la Universitas Politecnix y con el templo ya abierto, el aguerrido doctorando entró con pie firme y sus documentos bajo el brazo. Allí se encontró con un nuevo reto, consistente en que la copia a entregar de su título no estaba compulsada. Que en otras Universitatix miran el original y la copia, y si está todo correcto, le ponen un sello con la cara del César. Pero no en la Politecnix, donde en lugar de eso te dan una carta de pago de compulsa que es necesario pagar en la banca más cercana.
Así que Interloperix, para poder continuar el proceso, tuvo que marchar en busca del CentralHispanium más próximo donde abonar los diez sextercios que le costaría poner la cara del César en la copia de su título.
Una vez terminado, volvío a ir a la secretaría, donde comprobaron que todo estuviese en regla, para pasarle con otro empleado más, quien recogió la documentación aportada. Revisado eso, y avisando de que todavía le faltaba a Interloperix pagar los más de novecientos sextercios de la matrícula y presentar una copia (sin el sello del César esta vez al menos) de su expediente, ya que sólo el original no es suficiente, metió los datos de Interloperix en la Base de Tablillas de Barro de la Universitas, y le dejó escapar. Sólo para recordarle que seis meses más tarde tendría que vovler a pasar por allí a pagar de nuevo.
Completada la proeza de matricularse y habiendo pasado las tres últimas horas recorriendo el campus universitarium de arriba abajo, Interloperix no celebró esta vez su victoria. Simplemente se volvió a su laboratorium al grito de "Están locos, estos doctorandos!!". La próxima vez se quedará en su choza, dejándose conquistar por el invasor. Es mucho menos complicado!
[1] La verdadera bebida de los dioses. Lo de la ambrosía es un invento para despistar.
[2] Queda pendiente una expedición arqueológica entre los restos hallados en esa taquilla, ahí había de todo, incluídos una caja de Meccano (el juego de piezas, no la banda de música) y una cinta VHS con porno.
Así comienza la historia de Interloperix, valiente doctorando que un día cualquiera decidió matricularse en el plan de estudios que le correspondía en la Universitas Politecnix. Convencido de estar haciendo lo correcto, allá por el mes de julium empezó el proceso de matrícula, que arrancaba en esas fechas.
Por desgracia, la encargada de la matriculación le dijo que la aplicación de gestión no estaba del todo completa, pero que le haría un gran favor si hacía de betatestium, profesión por aquellos tiempos muy extendida pero escasamente remunerada. Interloperix aceptó hacerlo, y comenzó a experimentar con la aplicación, encontrando algún que otro fallo en el proceso. Pasados los días, recibió un correum donde se le informaba de que la matriculación sería retrasada hasta septiembrix.
Interloperix esperó pacientemente (lo que viene a ser de vacaciones) hasta los plazos de los que le habían hablado. En el camino, además, la responsabilidad de la matrícula había cambiado de manos. Pero llegado el día de la matriculación, no había todavía noticia del programa de gestión. Así que siguió esperando unos pocos días más hasta que finalmente los plazos se abrieron, mucho más cortos de lo estipulado inicialmente. Cuando Interloperix se conectó para gestionar su matrícula descubrió que todas aquellas pruebas que había estado haciendo no habían sido borradas, sino que su cuenta seguía ahí.
"Hay una asignatura de más, pero trabajo que me ahorro", pensó. Pero como director de su trabajo no aparecía el verdadero encargado, sino con quien en julium había estado testeandum el programa. A pesar de todo, imprimió la documentación y la llevó a los responsables de firmarlas. Le dijeron entonces que mejor deshacer aquello que estaba hecho y volver a hacerlo de cero, pero correctamente. Como Interloperix quería el menor número posible de problemas en la Universitas, decidió que en efecto prefería volver a rellenar la matrícula antes que tener con correcciones extrañas.
Una vez hecho, y con los nombres y firmas en orden, fue al martesix siguiente al templo de la secretaría con su título, su expediente y su documentum de identitas, listo para finalizar los papeleos. Para empezar, cuando llegó a primera hora a la secretaría se encontró con que en lugar de a la hora habitual abrían una hora más tarde por horario de veranum.
"Veranum? El 14 de septiembrix? Por Tutatis!!"
Resignado, Interloperix aprovechó esa hora para tomar café [1] y pasar por su antigua facultad a vaciar su taquilla [2]. Una vez de vuelta a la Universitas Politecnix y con el templo ya abierto, el aguerrido doctorando entró con pie firme y sus documentos bajo el brazo. Allí se encontró con un nuevo reto, consistente en que la copia a entregar de su título no estaba compulsada. Que en otras Universitatix miran el original y la copia, y si está todo correcto, le ponen un sello con la cara del César. Pero no en la Politecnix, donde en lugar de eso te dan una carta de pago de compulsa que es necesario pagar en la banca más cercana.
Así que Interloperix, para poder continuar el proceso, tuvo que marchar en busca del CentralHispanium más próximo donde abonar los diez sextercios que le costaría poner la cara del César en la copia de su título.
Una vez terminado, volvío a ir a la secretaría, donde comprobaron que todo estuviese en regla, para pasarle con otro empleado más, quien recogió la documentación aportada. Revisado eso, y avisando de que todavía le faltaba a Interloperix pagar los más de novecientos sextercios de la matrícula y presentar una copia (sin el sello del César esta vez al menos) de su expediente, ya que sólo el original no es suficiente, metió los datos de Interloperix en la Base de Tablillas de Barro de la Universitas, y le dejó escapar. Sólo para recordarle que seis meses más tarde tendría que vovler a pasar por allí a pagar de nuevo.
Completada la proeza de matricularse y habiendo pasado las tres últimas horas recorriendo el campus universitarium de arriba abajo, Interloperix no celebró esta vez su victoria. Simplemente se volvió a su laboratorium al grito de "Están locos, estos doctorandos!!". La próxima vez se quedará en su choza, dejándose conquistar por el invasor. Es mucho menos complicado!
[1] La verdadera bebida de los dioses. Lo de la ambrosía es un invento para despistar.
[2] Queda pendiente una expedición arqueológica entre los restos hallados en esa taquilla, ahí había de todo, incluídos una caja de Meccano (el juego de piezas, no la banda de música) y una cinta VHS con porno.
El conocimiento humano
Ayer andaba yo comentando, delante de una cerveza, una idea que me ronda por la cabeza de vez en cuando: "¿No me habré acaso equivocado yo a la hora de escoger mi trayectoria académica?". He hecho la carrera, he hecho un máster, y ahora estoy embarcado en un doctorado. Y los proyectos que he hecho en cada una de las tres etapas no tienen absolutamente nada que ver el uno con el otro; cada cual va por su lado en direcciones considerablemente diferentes.
Y por eso en ocasiones me planteo si no hubiese sido mejor especializarme en un único aspecto concreto, hacer fuerza ahí y tratar de convertirme en el mejor en ese pequeño campo. A veces es inevitable que ese tipo de ideas surjan... Y por eso, siempre se agradecen infografías como la siguiente, que publicaron a finales de agosto en identidadgeek.com.
Y por eso en ocasiones me planteo si no hubiese sido mejor especializarme en un único aspecto concreto, hacer fuerza ahí y tratar de convertirme en el mejor en ese pequeño campo. A veces es inevitable que ese tipo de ideas surjan... Y por eso, siempre se agradecen infografías como la siguiente, que publicaron a finales de agosto en identidadgeek.com.
Gracias a Cattz por el shareo en Google Reader.
Cerrando otra puerta, ya abierta la siguiente
En junio de 2008 entregué mi proyecto fin de carrera junto a dos grandísimos amigos, y conseguimos la Matrícula de Honor. Llegado el momento de elegir el camino a seguir, yo continué en la universidad, y empecé un máster.
Entré en un proyecto de aspecto muy prometedor, e ilusionado me puse a trabajar en ello. En septiembre estuve en un curso en Ámsterdam, y a finales de octubre me marché a Lausanne durante varios meses. Ya allí, el proyecto empezó poco a poco a torcerse. Nos dimos cuenta de que lo que perseguíamos era casi imposible de conseguir con el entorno de trabajo que utilizábamos. Una empresa con la que trabajábamos, al consultarles, nos dijeron que lo que tratábamos de conseguir es la idea más antiintuitiva para ese procesador, y estarían sorprendidos si lográsemos algún resultado [1]. Pero cuando le transmitimos esto a nuestro director, la respuesta simplemente fue "Bueno, vosotros seguid intentándolo."
Y seguimos. Pero lo reconozco, la motivación se escapaba a pasos agigantados a medida que, día tras día, no solo no lográbamos avanzar nada, sino que descubríamos que cosas que se suponían ya bien hechas iban mostrando severas grietas que invalidaban todos los resultados anteriores. Llegado el momento, mi director me remitió una tésis doctoral en italiano en la cual se basaba el código que se resquebrajaba frente a mis ojos, y me dió un "ahí te las apañes para arreglar esto".
Al volver a España, me encontré desbordado por las asignaturas del máster. Las fui sacando, todas menos dos, que quedaron para septiembre. Una de ellas la saqué en bastantes buenas condiciones (y me abrió los ojos al mundo del procesamiento digital de señal), pero la otra, en la que los profesores habían optado por la técnica del "no vamos a explicar nada, os váis a encargar vosotros de todo, pero nosotros vamos a seguir cobrando nuestro sueldo igual" me acabó cansando tanto que acabé abandonándola.
A mediados de junio, y a la vista de que no tenía absolutamente nada que presentar en mi proyecto, y que todo seguía en un estado terrible, mi director me dijo que descartase todo lo hecho hasta el momento, que me olvidase del trabajo realizado [2] y empezase a hacer otra cosa "para tener algo que presentar en septiembre. No me gusta porque es un trabajo que no tiene ningún tipo de continuidad más adelante, pero algo habrá que presentar.".
Y en esas empecé el verano de 2009. Después de ir a presentar un artículo a un congreso en Irlanda, me encontré a mediados de julio con una asignatura para septiembre, un proyecto que empezar de cero, y pocas o ninguna gana...
Mi padre, que me conoce muy bien, supo mucho antes que yo que había abandonado el proyecto. Recuerdo el día que tomé la decisión (o más bien, descubrí que esa decisión ya estaba tomada) y se lo dije. Su respuesta fue algo así como "Si ya lo sabía yo... Se veía de lejos que ya no le hacías ni remotamente el mismo caso que al principio, no me sorprende en absoluto.". A pesar de todo, conté con el apoyo incondicional de mis padres, escogiese lo que escogiese hacer.
Terminado el verano, empecé a echar currículums, y mientras no me llamaban de ningún sitio, me fui buscando otro proyecto. Volví a uno de mis directores de proyecto fin de carrera, con quien tan bien me había ido un año antes, y hablamos de la posibilidad de retomar ese proyecto y continuarlo. Nos pusismos a ello, y un mes después de empezar, me llamó a su despacho para hablar.
"Por más vueltas que le he dado, no veo que el proyecto que hicimos de fin de carrera se pueda extender tanto como para justificar un proyecto fin de máster. Qué te parecería ponerte a trabajar con estas otras herramientas en un proyecto sobre esta otra temática?"
Conocía las herramientas, conocía la temática, y era interesante. A principios de noviembre me puse a desarrollar en esa herramienta, y a mediados de diciembre apareció en un congreso un trabajo muy prometedor en la línea de nuestro trabajo que llamó la atención de mi director. Nos habló de él a un compañero y a mí, y los dos decidimos que nos pondríamos a trabajar en dos ámbitos distintos relacionados con ello. Empecé a trabajar en una sección bastante ardua que me llevó desde finales de enero hasta la vuelta de Semana Santa. Finalmente, cuando se lo enseñé a mi director, me dijo "Excelente, pásaselo a tu compañero, que es él quien trabajará con ello... Tú vuelve al modelo del que partiste para seguir con lo que va a ser el núcleo de tu proyecto de máster.".
Con el fin de evitar la sensación de haber trabajado para nada (otra vez), busqué las maneras de hacer que todo ese trabajo tuviese cabida dentro de mi proyecto, y la encontré. No fue la principal, pero por lo menos podía reclamar justamente ese trabajo como mío. Ya casi con el tiempo encima (dos meses escasos hasta la fecha de entrega), me puse a teclear código, a probar alternativas, hasta caer rendido.
A todo esto, me tentaron desde otra universidad ofreciéndome un proyecto en el que participar, en el que desde el primer día me dejaron claro lo que esperaban de mí y me dejaron que yo mismo estableciese mis planificaciones de tiempo [3]. Y me dijeron claramente que si quería ponerme a trabajar, de momento no podían ofrecerme financiación, pero se buscaría. Hoy por hoy estoy a la espera de la resolución de becas ministeriales, pero las perspectivas no son malas.
Volviendo al proyecto de máster, el último mes y medio fue casi de infarto. Los resultados no parecían encajar, hice centenares de pruebas y me pegué de cabezazos una y otra vez contra el cluster sobre el que ejecutaba mis pruebas. Pero finalmente, encontramos la forma de hacerlo, seleccionamos los resultados más prometedores que habíamos obtenido, y lo puse todo por escrito. Durante cerca de un mes, no hice otra cosa (excepto una dulce escapada de un día) que no fuese sentarme delante del procesador de textos a dejar constancia de un año entero de trabajo.
Hoy, a las diez de la mañana, he entregado mis cuatro copias encuadernadas y una en versión digital en .pdf en la secretaría del departamento. A falta de defender mi trabajo ante un tribunal, he cerrado por fin un nuevo ciclo, y por fin puedo dedicar mis esfuerzos académicos a una meta única, en cuyo camino ya estoy inmerso desde hace unos cuantos meses.
Menudo lastre me he quitado de encima.
[1] La frase original reza: "[...] while intuitively this concept seems so alien to the SPARC that we would be very surprised if you will manage to gain anything at all."
[2] Realmente de todo, todo, no. Solo de la parte inicial, que funcionaba bien, y de la final, que no había avanzado nada. La parte intermedia, la que hacía aguas por todas partes, esa tenía que conservarla.
[3] No iba a cometer el fallo de dejar las planificaciones en manos de un director que no miraba por mi interés para descubrir, tiempo después, que había planificado mis primeros resultados a los 18 meses de proyecto... Sin tener en cuenta que yo necesitaba unos resultados a los 8 ó 12 meses, para presentar proyecto en junio o septiembre.
Entré en un proyecto de aspecto muy prometedor, e ilusionado me puse a trabajar en ello. En septiembre estuve en un curso en Ámsterdam, y a finales de octubre me marché a Lausanne durante varios meses. Ya allí, el proyecto empezó poco a poco a torcerse. Nos dimos cuenta de que lo que perseguíamos era casi imposible de conseguir con el entorno de trabajo que utilizábamos. Una empresa con la que trabajábamos, al consultarles, nos dijeron que lo que tratábamos de conseguir es la idea más antiintuitiva para ese procesador, y estarían sorprendidos si lográsemos algún resultado [1]. Pero cuando le transmitimos esto a nuestro director, la respuesta simplemente fue "Bueno, vosotros seguid intentándolo."
Y seguimos. Pero lo reconozco, la motivación se escapaba a pasos agigantados a medida que, día tras día, no solo no lográbamos avanzar nada, sino que descubríamos que cosas que se suponían ya bien hechas iban mostrando severas grietas que invalidaban todos los resultados anteriores. Llegado el momento, mi director me remitió una tésis doctoral en italiano en la cual se basaba el código que se resquebrajaba frente a mis ojos, y me dió un "ahí te las apañes para arreglar esto".
Al volver a España, me encontré desbordado por las asignaturas del máster. Las fui sacando, todas menos dos, que quedaron para septiembre. Una de ellas la saqué en bastantes buenas condiciones (y me abrió los ojos al mundo del procesamiento digital de señal), pero la otra, en la que los profesores habían optado por la técnica del "no vamos a explicar nada, os váis a encargar vosotros de todo, pero nosotros vamos a seguir cobrando nuestro sueldo igual" me acabó cansando tanto que acabé abandonándola.
A mediados de junio, y a la vista de que no tenía absolutamente nada que presentar en mi proyecto, y que todo seguía en un estado terrible, mi director me dijo que descartase todo lo hecho hasta el momento, que me olvidase del trabajo realizado [2] y empezase a hacer otra cosa "para tener algo que presentar en septiembre. No me gusta porque es un trabajo que no tiene ningún tipo de continuidad más adelante, pero algo habrá que presentar.".
Y en esas empecé el verano de 2009. Después de ir a presentar un artículo a un congreso en Irlanda, me encontré a mediados de julio con una asignatura para septiembre, un proyecto que empezar de cero, y pocas o ninguna gana...
Mi padre, que me conoce muy bien, supo mucho antes que yo que había abandonado el proyecto. Recuerdo el día que tomé la decisión (o más bien, descubrí que esa decisión ya estaba tomada) y se lo dije. Su respuesta fue algo así como "Si ya lo sabía yo... Se veía de lejos que ya no le hacías ni remotamente el mismo caso que al principio, no me sorprende en absoluto.". A pesar de todo, conté con el apoyo incondicional de mis padres, escogiese lo que escogiese hacer.
Terminado el verano, empecé a echar currículums, y mientras no me llamaban de ningún sitio, me fui buscando otro proyecto. Volví a uno de mis directores de proyecto fin de carrera, con quien tan bien me había ido un año antes, y hablamos de la posibilidad de retomar ese proyecto y continuarlo. Nos pusismos a ello, y un mes después de empezar, me llamó a su despacho para hablar.
"Por más vueltas que le he dado, no veo que el proyecto que hicimos de fin de carrera se pueda extender tanto como para justificar un proyecto fin de máster. Qué te parecería ponerte a trabajar con estas otras herramientas en un proyecto sobre esta otra temática?"
Conocía las herramientas, conocía la temática, y era interesante. A principios de noviembre me puse a desarrollar en esa herramienta, y a mediados de diciembre apareció en un congreso un trabajo muy prometedor en la línea de nuestro trabajo que llamó la atención de mi director. Nos habló de él a un compañero y a mí, y los dos decidimos que nos pondríamos a trabajar en dos ámbitos distintos relacionados con ello. Empecé a trabajar en una sección bastante ardua que me llevó desde finales de enero hasta la vuelta de Semana Santa. Finalmente, cuando se lo enseñé a mi director, me dijo "Excelente, pásaselo a tu compañero, que es él quien trabajará con ello... Tú vuelve al modelo del que partiste para seguir con lo que va a ser el núcleo de tu proyecto de máster.".
Con el fin de evitar la sensación de haber trabajado para nada (otra vez), busqué las maneras de hacer que todo ese trabajo tuviese cabida dentro de mi proyecto, y la encontré. No fue la principal, pero por lo menos podía reclamar justamente ese trabajo como mío. Ya casi con el tiempo encima (dos meses escasos hasta la fecha de entrega), me puse a teclear código, a probar alternativas, hasta caer rendido.
A todo esto, me tentaron desde otra universidad ofreciéndome un proyecto en el que participar, en el que desde el primer día me dejaron claro lo que esperaban de mí y me dejaron que yo mismo estableciese mis planificaciones de tiempo [3]. Y me dijeron claramente que si quería ponerme a trabajar, de momento no podían ofrecerme financiación, pero se buscaría. Hoy por hoy estoy a la espera de la resolución de becas ministeriales, pero las perspectivas no son malas.
Volviendo al proyecto de máster, el último mes y medio fue casi de infarto. Los resultados no parecían encajar, hice centenares de pruebas y me pegué de cabezazos una y otra vez contra el cluster sobre el que ejecutaba mis pruebas. Pero finalmente, encontramos la forma de hacerlo, seleccionamos los resultados más prometedores que habíamos obtenido, y lo puse todo por escrito. Durante cerca de un mes, no hice otra cosa (excepto una dulce escapada de un día) que no fuese sentarme delante del procesador de textos a dejar constancia de un año entero de trabajo.
Hoy, a las diez de la mañana, he entregado mis cuatro copias encuadernadas y una en versión digital en .pdf en la secretaría del departamento. A falta de defender mi trabajo ante un tribunal, he cerrado por fin un nuevo ciclo, y por fin puedo dedicar mis esfuerzos académicos a una meta única, en cuyo camino ya estoy inmerso desde hace unos cuantos meses.
Menudo lastre me he quitado de encima.
[1] La frase original reza: "[...] while intuitively this concept seems so alien to the SPARC that we would be very surprised if you will manage to gain anything at all."
[2] Realmente de todo, todo, no. Solo de la parte inicial, que funcionaba bien, y de la final, que no había avanzado nada. La parte intermedia, la que hacía aguas por todas partes, esa tenía que conservarla.
[3] No iba a cometer el fallo de dejar las planificaciones en manos de un director que no miraba por mi interés para descubrir, tiempo después, que había planificado mis primeros resultados a los 18 meses de proyecto... Sin tener en cuenta que yo necesitaba unos resultados a los 8 ó 12 meses, para presentar proyecto en junio o septiembre.
Notas y chivatos
Hoy, como todas las semanas, he tenido una nueva reunión de mi proyecto de doctorado. He entrado a la sala de reuniones armado con mi cuaderno y un boli negro, dispuesto a exprimir a fondo el encuentro. Una hora y media después, se ha levantado la sesión. La hoja por la que había abierto el cuaderno seguía tan en blanco como al empezar. Bueno, miento... Había escrito la fecha.
Mi jefe, en cambio, había llenado dos hojas y media. Por las dos caras.
Acepto el hecho de que, como director de tesis, encargado de coordinar y dirigir esfuerzos de varios estudiantes, así como de presentar informes y resultados a sus superiores, y que por tanto tenga que llevar un control muy puntual de todo lo que se dice, expone y propone en este tipo de reuniones. Pero aun así, no puedo evitar sentir una pequeña punzada de envidia ante la total diferencia de cantidad de notas tomadas por uno y por otro.
Tal y como lo entiendo, tomar notas requiere una buena capacidad de atención, contextualización y síntesis. Para poder tomar unas notas útiles posteriormente se hace falta ser capaz de identificar en el momento los puntos relevantes de lo que se está diciendo, saber relacionarlos con el resto del proyecto en que se enmarcan... Y además, ser ágil escribiendo. Y yo sobre todo, de esto último, poco. En un ataque de egofagia afirmaré que tengo una letra muy bonita. Pero eso sí, no escribo deprisa. Es más, cuando escribo a toda velocidad, mi caligrafía se hace tan horrible que, mirando las notas media hora después, soy de los que piensan "Y aquí que co****s pone?".
A lo largo de la carrera ésto no me causó demasiados inconvenientes. Total, desde el tercer año de carrera, no tengo una sola hoja de apuntes tomada de mi puño y letra. Yo en clase me dedicaba adar cabezadas atender, mientras que algún compañero hacía las labores de escribano (hicimos buen equipo de trabajo, la rubia y yo... algún día contaré aquí la historia de cuando se extendió el rumor de que nos estábamos acostando juntos gracias a la práctica del teléfono escacharrado), y al terminar me daba una vuelta por reprografía, y todos contentos. Pero claro, ahora me toca tomar notas propias de mi proyecto, y aquí no hay compañeros que valgan... A ver con qué cara voy yo a mi director de proyecto y le suelto "Tío, déjame tus apuntes de la reunión de la semana pasada, que yo estaba atendiendo!". De modo que nada, a hacer memoria cada vez de lo que se ha dicho. Me sale mucho más a cuenta que aprender, a estas alturas, a aprender técnicas taquigráficas (aunque una búsqueda rápida en wikipedia me ha hecho ver que parece realmente interesante...). Si alguien conoce algún sistema que resulte sencillo de aprender, que me avise...
Por otro lado, y para que el post no parezca totalmente vacío de contenido (que en el fondo lo anterior no es más que una reflexión personal en voz alta), os dejo aquí un par de plug-ins para Google Chrome de lo más útiles para los usuarios compulsivos de Twitter, Google Reader y Gmail...
Chromed Bird es una extensión que te avisará de cuándo la gente a la que sigues han publicado nuevos tweets, cuándo te han retweeteado o mandado un mensaje privado, y además te permite escribir tus propios tweets desde el propio plug-in. Incluye, además, un acortador de URLs.
One Number. Reconozco que aquí, inicialmente, iba a recomendar Google Alerter, que es el plugin que actualmente tengo instalado... Pero al ir a hacerlo, he visto que en la web del plugin el autor dice que no va a continuar el proyecto, y que no habrá más actualizaciones. De modo que, a fin de conseguir el mejor rendimiento, habrá que pasarse a One Number. El funcionamiento, de todos modos, es sencillo. En un único icono muestra la suma total de objetos pendientes de leer en las distintas aplicaciones de Google: Gmail, Reader, Wave y Voice. Es una alternativa que ahorra espacio con respecto a tener por separado los notificadores de los cuatro servicios.
Facebook para Google Chrome. Realmente me vais a pedir que explique este? Aunque personalmente, si queréis instalar un plugin de Facebook en el Chrome, mi recomendación va más para Facebook Styler.
Por último, un chivato que va en una línea ligeramente distinta a los tres anteriores... Rapportive es un plugin que eliminará la publicidad de Gmail y ocupará ese espacio con toda la información que pueda encontrar sobre el remitente a través de la búsqueda de su correo en diversas redes sociale. A mi jefe de proyecto de doctorado le tiene bastante fichado, he que decir.
Y como bonus,el plugin diseñado para a) tirar tu vida a la basura, o b) preparar los exámenes de junio. (que para el caso, viene a ser lo mismo). Sí, no es otro que StumbleUpon. Te creas una cuenta, le especificas tus gustos... Y tienes un número casi infinito de webs aleatorias con material que te gustará al alcance de un click.
Mi jefe, en cambio, había llenado dos hojas y media. Por las dos caras.
Acepto el hecho de que, como director de tesis, encargado de coordinar y dirigir esfuerzos de varios estudiantes, así como de presentar informes y resultados a sus superiores, y que por tanto tenga que llevar un control muy puntual de todo lo que se dice, expone y propone en este tipo de reuniones. Pero aun así, no puedo evitar sentir una pequeña punzada de envidia ante la total diferencia de cantidad de notas tomadas por uno y por otro.
Tal y como lo entiendo, tomar notas requiere una buena capacidad de atención, contextualización y síntesis. Para poder tomar unas notas útiles posteriormente se hace falta ser capaz de identificar en el momento los puntos relevantes de lo que se está diciendo, saber relacionarlos con el resto del proyecto en que se enmarcan... Y además, ser ágil escribiendo. Y yo sobre todo, de esto último, poco. En un ataque de egofagia afirmaré que tengo una letra muy bonita. Pero eso sí, no escribo deprisa. Es más, cuando escribo a toda velocidad, mi caligrafía se hace tan horrible que, mirando las notas media hora después, soy de los que piensan "Y aquí que co****s pone?".
A lo largo de la carrera ésto no me causó demasiados inconvenientes. Total, desde el tercer año de carrera, no tengo una sola hoja de apuntes tomada de mi puño y letra. Yo en clase me dedicaba a
Por otro lado, y para que el post no parezca totalmente vacío de contenido (que en el fondo lo anterior no es más que una reflexión personal en voz alta), os dejo aquí un par de plug-ins para Google Chrome de lo más útiles para los usuarios compulsivos de Twitter, Google Reader y Gmail...
Chromed Bird es una extensión que te avisará de cuándo la gente a la que sigues han publicado nuevos tweets, cuándo te han retweeteado o mandado un mensaje privado, y además te permite escribir tus propios tweets desde el propio plug-in. Incluye, además, un acortador de URLs.
One Number. Reconozco que aquí, inicialmente, iba a recomendar Google Alerter, que es el plugin que actualmente tengo instalado... Pero al ir a hacerlo, he visto que en la web del plugin el autor dice que no va a continuar el proyecto, y que no habrá más actualizaciones. De modo que, a fin de conseguir el mejor rendimiento, habrá que pasarse a One Number. El funcionamiento, de todos modos, es sencillo. En un único icono muestra la suma total de objetos pendientes de leer en las distintas aplicaciones de Google: Gmail, Reader, Wave y Voice. Es una alternativa que ahorra espacio con respecto a tener por separado los notificadores de los cuatro servicios.
Facebook para Google Chrome. Realmente me vais a pedir que explique este? Aunque personalmente, si queréis instalar un plugin de Facebook en el Chrome, mi recomendación va más para Facebook Styler.
Por último, un chivato que va en una línea ligeramente distinta a los tres anteriores... Rapportive es un plugin que eliminará la publicidad de Gmail y ocupará ese espacio con toda la información que pueda encontrar sobre el remitente a través de la búsqueda de su correo en diversas redes sociale. A mi jefe de proyecto de doctorado le tiene bastante fichado, he que decir.
Y como bonus,el plugin diseñado para a) tirar tu vida a la basura, o b) preparar los exámenes de junio. (que para el caso, viene a ser lo mismo). Sí, no es otro que StumbleUpon. Te creas una cuenta, le especificas tus gustos... Y tienes un número casi infinito de webs aleatorias con material que te gustará al alcance de un click.
StumbleUpon. Solo un click más, y me iré a dormir. Avisados quedáis
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