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La rentrée

  • 3
La ventaja de ser un doctorando sin beca es que uno tiene un cierto grado de libertad para tomarse las vacaciones como me salga de los huevos como considere más adecuado. Tengo asignaturas que aprobar, proyectos en los que avanzar y trabajo, mucho trabajo que hacer, sí, pero no me ponen excesivas pegas para cosas como, por ejemplo, empalmar de vacaciones la semana santa con el puente de mayo. Y es lo que hice.

Lo malo de unas vacaciones así, claro está, es que luego la vuelta a la vida académica es algo más complicada. En particular hoy ha sido bastante más complicada.

A mitad de las vacaciones mi director me envió un correo en el que me afirmaba que el contrato con Airmus, ese contrato que llevo desde diciembre esperando, por fin iba a firmarse hoy. Lo que significa que finalmente voy a tener una financiación estable. Así que esta mañana (después de una noche de insomnio) me he puesto en marcha con la esperanza de encauzar por fin la situación. Pero a mitad de camino el jefe me ha llamado para avisarme de que la reunión había sido cancelada, que no fuese a donde habían quedado para la firma.

De modo que, dudando nuevamente de mi situación, llego al laboratorio... Para encontrarme con el ordenador apagado. "Allá va mi mes y medio de simulación ininterrumpida...". Enciendo la máquina, y la maja de ella me recibe con un fantástico aviso de que el disco duro se ha averiado. El disco duro de escasamente año y medio de antiguedad. El disco duro donde están mis códigos de la tesis. La única copia que tengo de ellos. Tierra, trágame. Mi director está en el laboratorio en el momento en que llego y veo el mensaje. Me ve poner ojos de perro apaleado e ira contenida. Hacia mí mismo, por no tener copias de seguridad, y hacia el disco duro, por fallar como una escopeta de feria en tan poco tiempo. Me dice que dejemos el asunto del disco duro para más tarde, que todavía estamos a tiempo de reconvocar la reunión del contrato.

Nos vamos a buscar al jefe del proyecto, quien de camino me cuenta que en realidad el contrato ya está firmado desde el viernes, que lo que vamos a hacer en esta reunión es concretar en qué temáticas vamos (voy) a trabajar para justificar el pago de la beca que me van a hacer [1]. Pero que en cualquier caso me van a pagar desde el 1 de enero con el nuevo dinero, en un pago "retroactivo". Entramos a la reunión, empezamos a hablar de las temáticas en las que vamos (voy) a trabajar, y todo va como la seda.

Hasta que sale a colación el tema del dinero.

Porque el tío con el que nos reunimos tiene intención de pagarnos en torno a una décima parte de la partida total que mi jefe, en un principio, tenía pensado conseguir. De la partida con la que van a pagar mi beca. La reunión termina con el asunto en el aire, sin saber bien de cuánto dinero dispondremos. Así que el convenio está firmado, pero la cantidad de dinero todavía está en el aire, y con ella mi beca. Estamos como al principio, vamos. Solo que ahora, además, yo no tengo el código que llevo tanto tiempo programando.

Un compañero me ayuda y montamos una solución "could work" que en estos momentos está en ejecución. Estamos copiando mi disco escacharrado sector a sector, con la esperanza de que al menos pueda recuperar parte de la información. Afortunadamente, después de comer, mirando por otros ordenadores (ahora mismo el mío está desmantelado encima de mi mesa) del laboratorio encuentro que había hecho copia de la última versión de cada uno de los códigos en los que he estado trabajando. No es toda la información, no son todos los códigos recuperados, los papers y los documentos extra que he ido generando a lo largo de este año y medio de trabajo, pero es algo. No lo he perdido todo, y puedo seguir desarrollando a partir de ahí. Y mientras tanto, cruzo los dedos por que al menos buena parte del resto de datos puedan recuperarse, pero no hay nada seguro.



Si piensas "Podría ser peor, podría llover", estás equivocado. Hoy también ha llovido. Y encima han descubierto el error en la máquina de café y ya no los venden a 0,05€ como durante estos dos meses pasados, sino que ha recuperado su precio original de 0,50€.

Martes, son los nuevos lunes.

[1] Porque como no tengo suficiente con una tesis, para poder cobrar voy a tener que trabajar extra. ¿Investigar? ¿Para qué, cuando puedes estar esclavizado?

Loper Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio

  • 0
Llego un viernes cualquiera (hoy) por la mañana al laboratorio y, antes siquiera de poder sacarme un café de la máquina, me encuentro en el pasillo a una de mis compañeras del grupo de investigación que me mira con ojos de gato de Shrek. Cuando pone esa cara es que algo necesita. Y claro, como el admin del laboratorio soy yo, pues es a mí a quien me toca pringar.

Al parecer, su ordenador lleva una temporada haciendo más ruido del normal, ha intentado abrirlo para ver qué le pasa, pero no lo consigue. Dejo mis cosas en su sitio y me voy para allá a intentar destapar el PC.

- "Pero seguro que podrás abrir la tapa?"
- "Sí, claro, esto es pan comido!"

Cinco minutos más tarde...

- "Estooo... Tienes un abrelatas?"
- "Por? No puedes abrir la tapa?"
- "No, no, no es eso... Esque de repente me ha entrado hambre y me voy a comer unos berberechos... (disimuladisimula)"

Otros diez minutos más de forcejeo, y la tapa se abre. Miro dentro y compruebo que el ventilador de la fuente de alimentación renquea un poco, y se mueve sólo de vez en cuando. Como no tengo una fuente de alimentación nueva a mano, decido que lo mejor será cambiar únicamente el ventilador por el de una que se estropeó hace algún tiempo y que todavía tengo dando vueltas por ahí, en el cementerio de elefantes que tengo por depósito de equipos viejos. Total, ella sólo va a estar aquí un mes más, y su ordenador es un Pentium 4 más viejo que Marujita Díaz [1], así que con un apaño así podrá aguantar.

Abro la fuente y lo primero que descubro [2] es que para quitar el ventilador lo mejor es cortar uno de los cables de alimentación que van a él para no tener que estar cortando bridas. Lo hago, desmantelo la segunda fuente de alimentación, saco con cuidado el ventilador con el cable entero y se lo dejo a mi compañera mientras yo voy recolocando un poco las cosas.

- "Oye, Loper, que este ventilador no se mueve nada..."
- "Cómo que no? A ver, trae..." - Lo intento mover para un lado, lo intento mover para otro - "Vale, ya recuerdo por qué se había estropeado esta fuente... El ventilador había fallado"

Así que ahora me encuentro con dos fuentes de alimentación desmanteladas, el ventilador que medio funcionaba con el cable de alimentación cortado, las manos negras de la mierda que había dentro de los ordenadores, una compañera de proyecto sin ordenador, una pequeña pila de tornillos, cerca de una hora tirada, y yo todavía sin mi café.

- "Y cómo ves tú lo de no tener ordenador durante la mañana, y ya esta tarde le echo un vistazo?"
- "..."

[1] O que la momia de Tutankamon, lo que fuese antes. Los expertos todavía no se han puesto de acuerdo.

[2] Bueno, en realidad es lo segundo. Lo primero es que dentro de ese PC hay polvo y mierda como para asustar a un jabalí.

Mis cuatro escritorios

  • 3
“Si una mesa abarrotada es síntoma de una mente abarrotada, entonces ¿qué debemos pensar de un escritorio vacío?”
Albert Einstein

Pues yo, en lo que se refiere al ordenador, sí que me gusta mantener mis escritorios totalmente despejados. Otra cosa son las carpetas personales, que vienen a ser agujeros negros de carpetas y ficheros que se resisten por todos los medios a ser ordenados en ninguna ocasión. En total trabajo con cuatro ordenadores: dos sobremesa (el de mi casa y el del laboratorio de la facultad) y dos portátiles (nueve y doce pulgadas respectivamente aunque últimamente se ha añadido a la colección un pequeñajo de siete pulgadas que utilizo de banco de pruebas, cacharreos y experimentos). Y aunque en el pasado trataba de que todos los fondos de escritorio fuesen iguales para apenas notar el cambio entre equipos, he ido decantándome por diversificar los wallpapers confiriendo así una pequeña "personalidad" para cada ordenador.

Aquí os presento los cuatro escritorios en los que me manejo cada día:

El escritorio de Phobos:


El de Hera:



En tercer lugar, el de Hefesto:


Y por último, el de Kthanid:


Si alguien quiere alguno de los cuatro wallpapers, que me los pida!

Game Over! Continue? 10... 9...

  • 6
Nací casi a mediados de los ochenta. La primera videoconsola que tuve en mi poder fue el Game&Watch de Donkey Kong, después pasé a ser poseedor de la Game Boy Ladrillo, y de una copia Made in China de la NES. Me compraron una Super Nintendo cuando faltaba poco más de año y medio para la llegada de la N64, y tuve que esperar hasta que la siguiente generación de consolas trajo una GameCube debajo del brazo. Ahora tengo una PlayStation 3. Durante todo ese tiempo, mis ordenadores evolucionaron también: de un 386 en el que Windows 3.1 funcionaba como un programa y no como un sistema operativo dí el salto a un Pentium 2 MMX a 233 MHz Años más tarde, allá por el cuarto año de carrera, me enteré bién de qué significaba eso de MMX... y no era para tanto. Pero en su momento, cuando me decía alguien

- "Ah, tienes un Pentium 2!"

yo respondía, valientemente

- "Sí, pero no un Pentium 2 normal... uno con MMX!"

El mundo de las siglas en la informática siempre ha sido un universo aparte... Algún día igual hasta escribo sobre ello.

El caso, que después del Pentium 2 (MMX!), dí el salto al Pentium 4 a no-se-cuántos GigaHertzios... Y hasta hace poco más de un año y medio aguanté con él, hasta que llegó un Core 2 Duo y lo ha sustituído.

En todo ese tiempo, he jugado a muchos, muchísimos juegos de consola y ordenador... Pero ha habido todavía muchos más a los que no he llegado a jugar apenas, que siempre he querido pasarme, y he empezado una y otra vez, pero no he llegado a pasar del tercer nivel o de los primeros compases antes de encontrar otro cacharro que brillase más, y que atrajese mi atención, dejando los otros de lado. Así que aquí va mi homenaje/repaso particular a algunos de esos juegos que empecé cien veces, pero no terminé ninguna.

Beneath a Steel Sky

Ahí está nuestro prota, tratando de escapar!

Probablemente, sea el juego que más veces he empezado de todos. Aventura gráfica de ciencia ficción en la que empiezas tratando de escapar de un guardia de seguridad que te persigue después de que el helicóptero que te traía a la ciudad se haya estrellado contra uno de los niveles superiores de la misma. Después de darle esquinazo, reactivas a tu amigo robot y con él tratas de buscar la manera de marcharte hacia los niveles inferiores... No puedo contar más, porque la verdad es que no tengo ni idea de cómo sigue. No es que me quedase atascado... Es simplemente que nunca me daba por continuar jugando. Hoy por hoy lo tengo instalado en el portátil y lo ejecuto gracias a ScummVM, y al Flying Spaguetti Monster pongo por testigo que un día de estos encontraré mi camino hacia los niveles inferiores.

Cave Story

Bang! Bang! Piu! Piu! Pañum! Plof!!

Realmente, Cave Story no tiene tanto tiempo. Es relativamente nuevo, pero me ha sufrido el mismo tratamiento que el resto de juegos de los que hablo aquí. En este caso, el juego ha sido una especie de Heraldo del Formateo. Máquina en que instalaba el juego, máquina que formateaba a las dos semanas. Juro que no era algo consciente, pero se ha cumplido más o menos (semana arriba, semana abajo...) al dedillo. Lo instalé en el portátil de 12". A las tres semanas me dio por cambiar el SO y pasarme a una Ubuntu. Al cabo de un tiempo, lo instalé en esa Ubuntu. Y se me jodió la pantalla, así que tuve que llevar el equipo al servicio técnico, donde lo formatearon. Lo he instalado en el de nueve pulgadas, y llegado el momento decidí que la mejor manera para actualizar la distribución del sistema operativo instalado era... sí, reformatear. Lo instalé hasta en su versión para PSP. Y a las pocas semanas mi hermano quiso meter un par de juegos de un giga en la Memory Stick. Y adivina qué juego fue uno de los seleccionados para mandar a tomar viento. Para aquellos que hayan jugado... No he llegado a pasarme de la parte en la que llegas a la habitación con los huevos gigantes y vas buscando el que tiene el terminal de ordenador en su interior.

Fallout

"Si nosotros te dejaríamos entrar... Pero esque llevas calcetines blancos"

A lo mejor es un problema con mi manera de hacer las cosas, pero en Fallout nunca logré enterarme bien de por dónde ir en estos juegos. Ni en el primero, ni en la secuela, ni en el reciente Fallout 3. Y eso que incluso fui uno de los participantes en la traducción al castellano del Fallout 2 (por parte de VaultX, pero al parecer la web ha desaparecido). Como digo, tal vez sea por mi manía de que, si me dan un entorno libre, yo hago lo que me sale de las narices, no lo que me "encargan" en el juego.

- "A ver, necesito que me traigas un destornillador de punta de estrella de la tienda de Harry el TuertoCojoManco, y te diré a dónde debes ir después."
- "Venga, vale... Un momento, y si en vez de eso me acerco a esa ciudad plagada de radiación y con horribles mutantes de aspecto amenazador?"
- EXCELENTE, TE ESTABA ESPERANDO, Y TENGO MUCHO TRABAJO HOY. BONITO MUNDO, POR CIERTO.*

Si me dan un mundo entero que explorar, yo lo exploro. Y claro, me voy encontrando con todos esos bichos que, en principio, no se espera que te encuentres hasta que eres... Muchos niveles más fuerte, y muchas armas más... armado. Y así, mis partidas de Fallout han tenido un tiempo de vida medio de... 40 minutos.

Contando los tiempos de carga.

System Shock 2

A pesar de ser un mutante horrible, solo busca lo mismo que todos... Un abrazo.
Y luego, ya si eso, tus entrañas.

Después de jugar al sobresaliente Deus Ex, buscando juegos parecidos acabé topando con System Shock 2. Y menudo juegazo. Al menos, hasta donde jugué, porque era complicado hasta decir basta. La USS Rickenbacker escoltando a la Von Braun, tú despertándote dentro de ella totalmente desorientado... Y Shodan haciendo de las suyas de nuevo. El arma más efectiva era tu llave inglesa, porque al menos esa no se encasquillaba jamás, no como las pistolas, que tenían una facilidad pasmosa para acabar siendo menos útiles que un chicle en la suela de tu zapato. Y lo pasabas mal, muy mal, cuando no te quedaba otra opción que correr para salvar la vida. Ahora tengo el juego en casa, pero en el portátil con Windows tiene la mala manía de quedarse bloqueado a las primeras de cambio, así que habrá que ver cómo hacer que funcione en el Windows 7 del sobremesa...

Años después, el mismo equipo de desarrollo dio forma a Dead Space, juego que tampoco me he terminado todavía, pero que no puedo hacer otra cosa que recomendar encarecidamente por que es aterradoramente divertido. Y aterrador a secas, también.

Full Throttle

Cuando pienso en Maureen...

Larteas, no me pegues. Con Full Throttle me ha pasado exactamente lo mismo que me sucede con Beneath a Steel Sky. Debe ser que las aventuras gráficas, o las cojo con todas las ganas y tiempo del mundo, o acabo abandonándolas a las primeras de cambio... Creo que definitivamente debería cogerme un par de meses sabáticos, hacer la lista de aventuras gráficas publicadas por LucasArts, y pasármelas todas, tanto las que me he pasado ya como las que no. En la primera lista, los tres Monkey Island (el que hicieron en 3D como si no existiese), las dos aventuras gráficas de Indiana Jones, y el Sam & Max Hit the Road. En la segunda, Full Throttle y Day of the Tentacle (sí, no me lo he terminado... me quedé muy cerca del final, pero reconozco que no fui capaz de descubrir cómo pasar de un lado a otro cuando era de tamaño reducido y con tres cabezas... Luego me lo contaron, pero ya no volví a llegar...), Loom, The Dig y Grim Fandango. Algún día me pondré a ello, y un mes después volveréis a tener noticias de mi existencia.

God of War 1 y 2

Que si tengo veinte duros sueltos? Sí, hombre, sí...

Y dejo para el final a Kratos, con la esperanza de que si lee este blog se haya cansado de leer esta entrada para cuando llegue aquí, y no decida venir a partirme la cara por no haber jugado a las dos primeras entregas de su franquicia. Al GoW 2 no me he llegado siquiera a acercar por motivos casi evidentes... Quiero seguir la historia del juego, y por tanto, no lo jugaré antes del primero. Y de God of War solo me he pasado... El primer nivel y medio. Es decir, me he cargado a la serpiente de mar, y he visto a Ares por ahí de fondo inflándose a palos con una pobre ciudad, que seguro que no le había hecho nada. A partir de ahí, tengo que jugarlo todo. Claro, que tendría que pasarme los dos volando para poder devorar el God of War 3 para cuando salga el 18 de marzo. Pero bueno, si pude pasarme dos meses sin jugar a Metal Gear Solid 4 por pasarme los dos anteriores, creo que en este caso podré repetir la jugada. Ahora solo necesito una PS2, o comprarme el pack de la remasterización para PlayStation 3. Y probablemente sea lo segundo...

En futuras entregas, Abe's Exodus, el Star Wars de la GameBoy, King's Quest, la saga de Larry, y Heart of Darkness!

* Los fans de MundoDisco deberían entender esta referencia sin excesivo problema