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The Irish Experience 2009 Vol. II: "On parle français"

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Tócate las narices, que tenga que venir a Irlanda para escuchar hablar francés. Al parecer, en mi hotel se ha instalado toda una expedición gala y desayunan a la misma hora que yo. Así que ahí he estado, escuchando a todo el mundo en la cafetería hablar francés (hasta me las he tenido que ingeniar para explicarle a una señora cómo usar la máquina de té...) mientras me zampaba un par de huevos cocidos, unas alubias con ketchup y un café aguado. Nada mejor que una dieta equilibrada para empezar el día con fuerzas.

Bueno, en realidad lo primero que he descubierto esta mañana es que en este país todavía echan los Fraggel Rock en la tele.

A lo que vamos... Irlanda es caprichosa y el clima, un festival... Hoy, durante todo el día, el tiempo ha ido cambiando aproximadamente cada diez minutos. Tan pronto salía el sol como se ponía a jarrear. En concreto, cuando he ido a salir de camino al University College Cork (UCC) estaba cayendo la de dios. Así que he recurrido al servicio de petición de taxis de la recepción del hotel. He esperado un rato, viendo cómo, mientras yo estaba ahí sentado, el cielo se abría y el sol brillaba. Pero bueno, el taxi ya estaba en camino, así que qué le ibamos a hacer. Al cabo de un rato ha entrado un tio con una especie de tic en el cuello, que no hacía más que agitar la cabeza al andar. Adivinad quién era mi taxista.

Quince minutos más tarde estaba en la puerta del UCC, y gracias a un italiano que también asistía al congreso (la verdad es que, visto en perspectiva, las pintas nos delatan a todos los informáticos, seamos del país que seamos, porque a este le he identificado como si llevase una pancarta de neón encima de la cabeza), he llegado en un plazo razonable al edificio Boole (si señores, el del álgebra. ¡Ceros y unos para todos!). Para llegar a ese edificio antes he tenido que pasar por delante de este otro...


Claro que si, coñe. ¡Eso es una Universidad, y no la pila de ladrillos de mierda que tenemos nosotros por facultad! Bueno, he de romper una lanza en favor de nuestra facultad, y decir que el edificio Boole no es tan bonito como el de la foto, que es el principal. He alucinado al registrarme, porque nos han dado un equipo súper completo. Sobre todo (y aparte de una mochila de Guiness la mar de chula), nos han regalado al mejor amigo del hombre en Irlanda.

Un paraguas. Ole, ole, y ole. Eso si que es una organización previsora. ¡Ni que viviesen aquí, caray!


También me han informado de la visita del miércoles: "The Jameson Experience", y de la cena de gala de mañana. Ah, ¿que no sabíais que había una cena de gala? Bueno... Yo tampoco. Pero cada cosa a su tiempo, que eso es mañana y así tendré algo más que contaros. De momento, después de la charla de presentación, me he marchado corriendo al sitio donde tenía la entrevista con el Tyndall National Institute a las 10h30. Así que allí he estado, en el sitio acordado, a la hora acordada. Pero ni rastro del entrevistador. He esperado un rato más, y finalmente ha aparecido un tío por allí... Que también iba a una entrevista. Después de hablar un poco (y en vista de que mi presentación era a las 11h20), hemos decidido volver a preguntarle a los de la organización si sabían algo. Allí nos han explicado que ayer, en la presentación (si, esa a la que no asistí porque estaba inmerso en la batalla del hombre contra las máquinas... ¿Será ese el germen de Skynet?) explicaron que todas las compañías habían cancelado sus entrevistas. Hala, dos entrevistas de trabajo menos. Me meto al aula donde estaban presentando la sesión previa a la mia... Para llegar a ver únicamente las conclusiones del último e ir a por el coffe break. Al menos en algo se nos parecen a los españoles.

Hablando del café... Esto no es café, lo siento. Es agua sucia. Creo que pocas veces he probado un café tan malo como este. Aguado, con mal sabor... Pero con la Dosis Diaria Recomendada de cafeína. Así que a cerrar los ojos, taparse la nariz, abrir la boca... Y café al gaznate. Además, Cristina (miembro fichado de la EPFL's Italian Mafia) ha aparecido justo sobre esa hora para ver mi presentación y hacer la suya en la primera sesión de la tarde (justo después de comer y de otro café aguado).

¿La presentación? Pues ha ido bien. Un tanto atascado al principio, en las dos o tres primeras transparencias, pero luego la cosa ha empezado a ir funcionando mejor. En general, no creo que haya sido una mala presentación, aunque los nervios me han jugado una mala pasada. Pero, como me dijo Fran hace una temporada "Eso solo pasa las cincuenta primeras veces".


Lo que más se acaba notando en estos congresos es el tema de los acentos de la gente al hablar inglés. Tanto el sevillano que ha presentado en mi mismo turno como a mí el acento español se nos distingue a la legua. A Cristina los nervios le han hecho marcar mucho más su acento italiano, y a veces daba la sensación de que la siguiente frase que iba a decir no iba a estar en inglés. Los indios... Bueno, al final te acostumbras a su acento (por cierto, uno ha hecho una presentación bastante interesante sobre circuitos asíncronos). Pero ha habido dos casos bastante curiosos. Por un lado, un canadiense de la universidad de Toronto, que creo que ha sido capaz de condensar una presentación de 30 minutos en la mitad de tiempo. Hablaba tan rápido que no había forma de entenderle, por mucho esfuerzo que se pusiese en ello... En cuanto te relajabas por un instante, perdías por completo el hilo.

Y por otro lado, un turco. El hombre ha ido allí sin absoutamente ninguna presión... Venía representando a otro estudiante de su grupo que no había podido asistir, y ha sido lo más parecido a un Loquendo con piernas. Parco en palabras, monotono, inconexo... Como muestra, un botón. A una de las preguntas que le han hecho tras la presentación, su respuesta ha sido "No". Punto final de frase, y de la discusión. Con un par. Afortunadamente, hemos conseguido contener el momento de crisis en el que, aunque sabíamos que no debíamos hacerlo, Cristina y yo nos hemos mirado, y casi nos empezamos a partir de risa. Uh, almost.

Pero esque esto de los idiomas es curioso. A la hora de la cena, no hemos hecho más que encontrar italianos, españoles y franceses por todas partes. Casi se oían más estos tres idiomas que el inglés... Pero siempre hay problemas. El problema de ser "el guiri" es que te piensas que eres el único, y no. De hecho, incluso te podrías mosquear si te enterases de que hay más gente que te entiente... Mientras andaba haciendo un recorrido fotográfico por el UCC, me he encontrado con un grupo de jovenes aprendices de inglés traídos de España. Concretamente, traídos por STS Interway, la misma empresa que me llevó en mis años mozos a Eastbourne el año antes de entrar a la universidad. El grupo, de cinco chicas de 16-17 años y la monitora, de mas o menos mi edad, estaban bastante cerca de mi. Yo andaba haciendo fotos, y en una de estas, he dicho "Pues oye, les voy a decir que me saquen una a mi"... Claro, entonces me he puesto a escuchar de qué estaban hablando. Simplemente diremos que se trataba de una conversación referente a "esos días". Me he dado cuenta entonces que igual no les hacía demasiada gracia saber que habían tenido a seis pasos de distancia a un tipo que podía entender todo lo que la monitora les contaba a las chicas, y he decidido irme con mi cámara a otra parte.

Aquí, por ejemplo:


Bueno gente... Mañana más, mejor, y esperemos, un 25% más soleado. Que quedan días aún de congreso en la universidad de Harry Potter.

Por cierto, ¿sabíais que la decoración de muchos pubs en Irlanda se hace pintando directamente los ventanales? El resultado es bastante chulo...

Fechas

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6 de noviembre de 2009: Se convocan las becas FPU 2009.

9 de diciembre de 2009: Mi solicitud se registra como recibida.

15 de mayo de 2010: Mi solicitud cambia su estado a "Pendiente de Subsanación".

13 de noviembre de 2010: Mi solicitud cambia su estado a "Solicitud desestimada".

28 de abril de 2011: Se conceden las becas FPU 2009.

Y ahora...

24 de enero de 2011: Se convocan las becas FPU 2010.

14 de febrero de 2011: Mi solicitud se registra como recibida.

A fecha de hoy, 9 de mayo de 2011, no hay ninguna novedad al respecto de esta convocatoria. Quien quiera, que saque conclusiones.

Yo ya he firmado...

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... ¿y tú?

Este manifiesto ha sido redactado J.M. Hernández para La Ciencia y sus Demonios. Este blog se suma a la iniciativa.


Ante la cada vez más abundante proliferación de conferencias, cursos, seminarios y todo tipo de actividades que diferentes corrientes pseudocientíficas están desarrollando dentro del marco de las universidades españolas y latinoamericanas, tendencia que cristaliza en la reciente creación de una Cátedra de Investigación sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza, los abajo firmantes (científicos, profesores, alumnos y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de manifestar lo siguiente:

La colaboración entre la Universidad y la Empresa, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Los acuerdos y contratos para la transferencia de resultados de la investigación a la empresa privada pueden representar una importante fuente de financiación para las universidades públicas; los cuales, desarrollados convenientemente, permiten una mayor productividad científica y la optimización de las aplicaciones de tal actividad. Sin embargo, creemos que no es justificable que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, y aún menos si con ello pervierte su filosofía y fines fundamentales.

La Universidad Pública, como cualquier otro organismo de la administración, debe estar al servicio del ciudadano, manteniendo un contacto permanente con la sociedad de la que forma parte, mediante una comunicación constante que permita la sintonía entre el mundo universitario y las necesidades sociales. Para cumplir estos objetivos, la Universidad debe ser un adalid en lo referente a innovación y a exploración de nuevos caminos para el conocimiento. La Universidad nunca debe ser una estatua, sino una animación en constante movimiento.

No es posible entender la función investigadora y el compromiso social de la Universidad sin la imbricación con su papel fundamental en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia. Esta función docente, completamente consustancial a la institución universitaria, va más allá de las aulas, al representar la Universidad un referente en cuanto a conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.

En este sentido, la Universidad juega un papel muy importante ante el avance que en la sociedad contemporánea están teniendo determinadas corrientes anticientíficas y antirracionales, que pueden suponer un significativo retroceso hacia el oscurantismo y la superstición, algo que se encuentra en el polo opuesto de los objetivos universitarios. Nos preocupa, como universitarios y como ciudadanos, que bien entrado el siglo XXI cada vez prolifere un mayor número de terapias más próximas a la magia que a la medicina, en muchas ocasiones amparadas por instituciones y empresas médicas profesionales; nos preocupa que presidentes de gobierno consulten astrólogos; que pulseras mágicas declaradas oficialmente fraudulentas sean portadas por ministros de sanidad y constituyan el regalo más vendido de las últimas navidades; que cada vez haya más ciudadanos que crean firmemente que las vacunas son tóxicas y nefastas para la salud; que aumente el número de enfermos que abandonan el tratamiento médico para abrazar alternativas esotéricas; nos preocupa muy seriamente que gran parte de la población vuelva a confiar más en los curanderos que en la medicina científica.

Nos preocupa que la Universidad pueda convertirse en un mercadillo que de cabida a cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Sólo una mal entendida apertura de mentalidad puede justificar que se enseñe alquimia en las Facultades de Química, ufología en las de Física o el diluvio universal en las de Historia. Ofrecer el foro universitario a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, no se traduce en ningún enriquecimiento cultural, sino en una validación universitaria de la superstición y la charlatanería. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos sobre la inexistencia de bases empíricas en la predicción astrológica si van a encontrar en el campus universitario cursos de postgrado en astrología.

Reza una de las máximas en ciencia que la razón no debe aceptar algo como cierto sólo porque lo afirme mucha gente o porque lo suscriban personajes importantes, y que siempre es necesario detenerse ante cualquier afirmación y dudar sobre si es o no cierta. Esto obliga a actuar mucho más despacio, a sopesar cuidadosamente las opciones, a avanzar con cautela ante cualquier tipo de propuesta. Y esta es una de las cosas que creemos firmemente que debe enseñarse en las universidades.

Por todo ello, nos preocupa que la Universidad de cabida a cursos sobre acupuntura, a conferencias sobre creacionismo, a seminarios sobre astrología y a cátedras sobre homeopatía. Nos preocupa especialmente si no se enfocan como un debate crítico y un análisis racional, sino con un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario.

En el caso concreto de la homeopatía, aunque de igual aplicación para el resto de pseudociencias, no se ha demostrado científicamente ni su fundamento teórico (que contradice nuestros conocimientos sobre química y medicina más elementales), ni su efectividad más allá de un placebo. Décadas atrás, se destinaron importantes estudios a buscar una posible base en los postulados homeopáticos, los cuales no han variado significativamente en doscientos años, base que jamás se encontró.

Nos resulta extremadamente paradójico que mientras gobiernos europeos retiran fondos y apoyos estatales a la práctica homeopática, en España se instauren cátedras dentro de las universidades públicas. El aval que esto supone, sitúa a la homeopatía, a la astrología o al espiritismo dentro de la categoría de disciplinas universitarias; máxime cuando no nos encontramos exclusivamente ante una actividad de investigación sobre un fenómeno dudoso, sino ante una institucionalización dirigida a la formación y divulgación de estos postulados.

Consideramos por último, que si bien está justificado profundizar y destinar fondos a cualquier aspecto que pueda ser investigado, la especial situación económica actual convierte la inversión de esfuerzo y medios en este tipo de disciplinas totalmente desacreditadas en un acto de puro despilfarro de recursos, que podrían emplearse en líneas de investigación y docencia muchísimo más prioritarias.

Las personas que desde distintos estamentos y colectivos de la sociedad suscribimos este manifiesto, deseamos llamar la atención sobre este importante aspecto al conjunto de la población y, especialmente, a las autoridades académicas y gubernativas, confiando en que la razón acabe imponiéndose sobre la superstición y el oscurantismo.

Cerrando otra puerta, ya abierta la siguiente

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En junio de 2008 entregué mi proyecto fin de carrera junto a dos grandísimos amigos, y conseguimos la Matrícula de Honor. Llegado el momento de elegir el camino a seguir, yo continué en la universidad, y empecé un máster.

Entré en un proyecto de aspecto muy prometedor, e ilusionado me puse a trabajar en ello. En septiembre estuve en un curso en Ámsterdam, y a finales de octubre me marché a Lausanne durante varios meses. Ya allí, el proyecto empezó poco a poco a torcerse. Nos dimos cuenta de que lo que perseguíamos era casi imposible de conseguir con el entorno de trabajo que utilizábamos. Una empresa con la que trabajábamos, al consultarles, nos dijeron que lo que tratábamos de conseguir es la idea más antiintuitiva para ese procesador, y estarían sorprendidos si lográsemos algún resultado [1]. Pero cuando le transmitimos esto a nuestro director, la respuesta simplemente fue "Bueno, vosotros seguid intentándolo."

Y seguimos. Pero lo reconozco, la motivación se escapaba a pasos agigantados a medida que, día tras día, no solo no lográbamos avanzar nada, sino que descubríamos que cosas que se suponían ya bien hechas iban mostrando severas grietas que invalidaban todos los resultados anteriores. Llegado el momento, mi director me remitió una tésis doctoral en italiano en la cual se basaba el código que se resquebrajaba frente a mis ojos, y me dió un "ahí te las apañes para arreglar esto".

Al volver a España, me encontré desbordado por las asignaturas del máster. Las fui sacando, todas menos dos, que quedaron para septiembre. Una de ellas la saqué en bastantes buenas condiciones (y me abrió los ojos al mundo del procesamiento digital de señal), pero la otra, en la que los profesores habían optado por la técnica del "no vamos a explicar nada, os váis a encargar vosotros de todo, pero nosotros vamos a seguir cobrando nuestro sueldo igual" me acabó cansando tanto que acabé abandonándola.

A mediados de junio, y a la vista de que no tenía absolutamente nada que presentar en mi proyecto, y que todo seguía en un estado terrible, mi director me dijo que descartase todo lo hecho hasta el momento, que me olvidase del trabajo realizado [2] y empezase a hacer otra cosa "para tener algo que presentar en septiembre. No me gusta porque es un trabajo que no tiene ningún tipo de continuidad más adelante, pero algo habrá que presentar.".

Y en esas empecé el verano de 2009. Después de ir a presentar un artículo a un congreso en Irlanda, me encontré a mediados de julio con una asignatura para septiembre, un proyecto que empezar de cero, y pocas o ninguna gana...

Mi padre, que me conoce muy bien, supo mucho antes que yo que había abandonado el proyecto. Recuerdo el día que tomé la decisión (o más bien, descubrí que esa decisión ya estaba tomada) y se lo dije. Su respuesta fue algo así como "Si ya lo sabía yo... Se veía de lejos que ya no le hacías ni remotamente el mismo caso que al principio, no me sorprende en absoluto.". A pesar de todo, conté con el apoyo incondicional de mis padres, escogiese lo que escogiese hacer.

Terminado el verano, empecé a echar currículums, y mientras no me llamaban de ningún sitio, me fui buscando otro proyecto. Volví a uno de mis directores de proyecto fin de carrera, con quien tan bien me había ido un año antes, y hablamos de la posibilidad de retomar ese proyecto y continuarlo. Nos pusismos a ello, y un mes después de empezar, me llamó a su despacho para hablar.

"Por más vueltas que le he dado, no veo que el proyecto que hicimos de fin de carrera se pueda extender tanto como para justificar un proyecto fin de máster. Qué te parecería ponerte a trabajar con estas otras herramientas en un proyecto sobre esta otra temática?"

Conocía las herramientas, conocía la temática, y era interesante. A principios de noviembre me puse a desarrollar en esa herramienta, y a mediados de diciembre apareció en un congreso un trabajo muy prometedor en la línea de nuestro trabajo que llamó la atención de mi director. Nos habló de él a un compañero y a mí, y los dos decidimos que nos pondríamos a trabajar en dos ámbitos distintos relacionados con ello. Empecé a trabajar en una sección bastante ardua que me llevó desde finales de enero hasta la vuelta de Semana Santa. Finalmente, cuando se lo enseñé a mi director, me dijo "Excelente, pásaselo a tu compañero, que es él quien trabajará con ello... Tú vuelve al modelo del que partiste para seguir con lo que va a ser el núcleo de tu proyecto de máster.".

Con el fin de evitar la sensación de haber trabajado para nada (otra vez), busqué las maneras de hacer que todo ese trabajo tuviese cabida dentro de mi proyecto, y la encontré. No fue la principal, pero por lo menos podía reclamar justamente ese trabajo como mío. Ya casi con el tiempo encima (dos meses escasos hasta la fecha de entrega), me puse a teclear código, a probar alternativas, hasta caer rendido.

A todo esto, me tentaron desde otra universidad ofreciéndome un proyecto en el que participar, en el que desde el primer día me dejaron claro lo que esperaban de mí y me dejaron que yo mismo estableciese mis planificaciones de tiempo [3]. Y me dijeron claramente que si quería ponerme a trabajar, de momento no podían ofrecerme financiación, pero se buscaría. Hoy por hoy estoy a la espera de la resolución de becas ministeriales, pero las perspectivas no son malas.

Volviendo al proyecto de máster, el último mes y medio fue casi de infarto. Los resultados no parecían encajar, hice centenares de pruebas y me pegué de cabezazos una y otra vez contra el cluster sobre el que ejecutaba mis pruebas. Pero finalmente, encontramos la forma de hacerlo, seleccionamos los resultados más prometedores que habíamos obtenido, y lo puse todo por escrito. Durante cerca de un mes, no hice otra cosa (excepto una dulce escapada de un día) que no fuese sentarme delante del procesador de textos a dejar constancia de un año entero de trabajo.

Hoy, a las diez de la mañana, he entregado mis cuatro copias encuadernadas y una en versión digital en .pdf en la secretaría del departamento. A falta de defender mi trabajo ante un tribunal, he cerrado por fin un nuevo ciclo, y por fin puedo dedicar mis esfuerzos académicos a una meta única, en cuyo camino ya estoy inmerso desde hace unos cuantos meses.

Menudo lastre me he quitado de encima.

[1] La frase original reza: "[...] while intuitively this concept seems so alien to the SPARC that we would be very surprised if you will manage to gain anything at all."

[2] Realmente de todo, todo, no. Solo de la parte inicial, que funcionaba bien, y de la final, que no había avanzado nada. La parte intermedia, la que hacía aguas por todas partes, esa tenía que conservarla.

[3] No iba a cometer el fallo de dejar las planificaciones en manos de un director que no miraba por mi interés para descubrir, tiempo después, que había planificado mis primeros resultados a los 18 meses de proyecto... Sin tener en cuenta que yo necesitaba unos resultados a los 8 ó 12 meses, para presentar proyecto en junio o septiembre.

Por qué lo llaman fantasía?

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Durante mucho tiempo pensé que a los libros tipo Dragonlance, Reinos Olvidados y similares se les etiquetaba como fantasía porque aparecían magos, dragones y se ambientaban en mundos exóticos...

Luego leo cosas como la siguiente (la traducción y la negrita es mía), y entiendo lo de fantasía:

La universidad! Había llegado a pensar en ella del mismo modo que la mayoría de los niños del condado de Fae, un lugar mítico del que solo solo podía llegar a soñarse. Una escuela del tamaño de una ciudad pequeña Diez veces diezmil libros. Gente que sabría las respuestas a cualquier pregunta que pudiese hacer.
El Nombre del Viento (Patrick Rothfuss)

Igualito que las que tenemos aquí, vamos...

Ah, por cierto, las becas FPU siguen, a fecha de hoy, sin resolverse.