A lo largo de los casi cuatro años desarrollando mi tesis me han surgido infinidad de preguntas y problemas que necesitaban respuestas urgentemente. En algunas ocasiones las he encontrado. En otras no y he tenido que dejar de hacerme determinadas preguntas, o al menos las he tenido que aplazar. Algunas veces he encontrado respuestas suficientemente buenas para la ocasión que me han permitido seguir avanzando a sabiendas de que más adelante tendría que volver sobre mis pasos. Pero es ahora, cuando empiezo a ver la luz al final del túnel, cuando empiezo a ser consciente de que hay una pregunta de fondo a la que todavía no he dado respuesta. Una que, para poder desarrollar plenamente una carrera como investigador, necesito solucionar.
¿Qué puedo hacer yo para mejorar la vida de la gente?
Porque no quiero, me niego rotundamente, a ser un investigador puramente "académico", cuya única contribución sea una lista interminable de papers en revistas y congresos que únicamente sirvan para engordar las listas de referencias en los documentos de otros investigadores. Quiero tener la tranquilidad de saber que lo que yo haga va a servir para algo y va a tener un impacto más allá del laboratorio.
Todavía no sé cuál es la respuesta a esa pregunta, y nada de lo que he hecho hasta ahora sirve para contestarla. Pero a medida que se acerca la hora de decidir qué hacer después de la tesis sé que necesito, por lo menos, encontrar una de esas respuestas parciales. Porque si no puedo desarrollar nada que sea realmente valioso, ¿para qué sirven las interminables horas de trabajo?
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Eme
Conocí a Eme el 7 de febrero de 2010. Llevaba poco más de un mes saliendo con Cattz, y era la primera vez que iba a verla a Tenerife. Tenía un poco de miedo, porque de más joven había sido alérgico a los perros, y porque igual no le caía bien, me empezaba a ladrar sin parar y no me soportaba. Podría haber sido muy problemático.
Por suerte no tenía motivos para temer ninguna de las dos cosas. Eme es un Perro de Aguas Español, no suelta pelo, con lo que no tuve ningún tipo de problema de alergia, y lejos de ser agresiva, es el bicho más cariñoso, adorable y mimoso que te puedas echar en cara. Tardé bien poco en darme cuenta de que Eme viene a ser algo así como un peluche con un estómago interminable. Da igual cuánto o qué haya comido, en cuanto te vayas a la cocina (aunque sea para poner la lavadora) ella te seguirá y te mirará con ojos de pena infinita, por si cae algo.
Hasta la tercera o cuarta visita a Tenerife no me atreví a llevarla yo solo por la calle sin correa. ¿Y si salía corriendo en cualquier dirección, se me escapaba y la perdía? ¿Y si le pasaba algo? ¡A ver si no iba a querer seguirme! Pero Eme, que parece una oveja gris, es un bicho totalmente de manada. Va contigo, te tiene controlado, y no huye en direcciones aleatorias. Claro que también es despistada como ella sola, y es capaz de perderte de vista en una calle recta.
Es muy cariñosa, es tranquilota y una de sus actividades favoritas es tumbarse en la cama, a ser posible poniendo la cabeza encima de tus piernas. Pero lo pasa fatal estando sola. Da igual si te marchas cinco horas o cincuenta segundos. Cuando salgas por la puerta se quedará sentada en medio del pasillo, mirando con cara de pena infinita. Y cuando vuelvas a entrar por la puerta te saltará encima, histérica perdida. Ladrará, chillará, y brincará a tu alrededor pidiéndote un poco de atención. Pero a los cinco minutos ya se le habrá pasado, y volverá tan tranquila a su cunacho a seguir dormitando, o a vigilar si vas o no a la cocina.
Eme tiene la teoría de que el universo general y los humanos en particular existen para hacerle mimos y quererla. Y los experimentos vienen a confirmarlo. Pocas veces habrá que nos quedemos quietos durante un rato en algún sitio y ella no consiga que algún desconocido por la calle se ponga a hacerle mimos. Que se quede educadamente sentada en la puerta de una tienda mientras nosotros entramos (aunque luego intente entrar poco a poco y disimuladamente, que cuando quiere es muy pícara) y, cuando salgamos, nos encontremos a un par de dependientes rascándola y acariciándola.
Se deja hacer todo tipo de perrerías. Échale la manta por encima, disfrázala o límpiale las heridas que se hace por culpa de las alergias que tiene. Te pondrá ojitos y, como mucho, se revolcará para pedirte mimos. Pero no se mosqueará ni soltará un solo gruñido de enfado. Pero trata de meterla en el agua (ya sea en la ducha para darle un baño, en el mar o bajo la lluvia, por ligera que sea) y huirá despavorida. Le tiene un miedo atroz al elemento que da nombre a su raza. Eme no es una Perra de Aguas, es una Perra de Secano.
Antes de conocer a Eme no comprendía a esas personas que hablan con sus animales de compañía. Hasta que un día, de repente, me descubrí a mí mismo echándole la bronca en la calle porque se había quedado atrás en un paso de peatones. Y ella agachó el rabo, puso cara de culpable y no se separó de mi lado en el resto del paseo. A medida que la he ido conociendo me he dado cuenta de cuánto entienden realmente los animales lo que les decimos. Y he aprendido que ellos también tienen unos sentimientos muy fuertes que, además, no disimulan como puede hacer un humano. Saben cuándo han hecho algo mal, se ponen tristes o contentos en función de cómo les trates, y son súper cariñosos y agradecidos con aquellos que se portan bien con ellos. Son cosas que he aprendido gracias a Eme
Por todo esto, y por mil cosas más, hoy estoy realmente contento y orgulloso. Porque no solo me he ganado el cariño incondicional de Eme (tendríais que haberla visto ayer en el aeropuerto pegando brinquitos al verme después de un mes de ausencia) sino que además, desde ayer que puse mi firma en su cartilla, soy su dueño oficialmente.
Aunque la considero ya desde hace mucho tiempo una más de mi familia.
Por suerte no tenía motivos para temer ninguna de las dos cosas. Eme es un Perro de Aguas Español, no suelta pelo, con lo que no tuve ningún tipo de problema de alergia, y lejos de ser agresiva, es el bicho más cariñoso, adorable y mimoso que te puedas echar en cara. Tardé bien poco en darme cuenta de que Eme viene a ser algo así como un peluche con un estómago interminable. Da igual cuánto o qué haya comido, en cuanto te vayas a la cocina (aunque sea para poner la lavadora) ella te seguirá y te mirará con ojos de pena infinita, por si cae algo.
Hasta la tercera o cuarta visita a Tenerife no me atreví a llevarla yo solo por la calle sin correa. ¿Y si salía corriendo en cualquier dirección, se me escapaba y la perdía? ¿Y si le pasaba algo? ¡A ver si no iba a querer seguirme! Pero Eme, que parece una oveja gris, es un bicho totalmente de manada. Va contigo, te tiene controlado, y no huye en direcciones aleatorias. Claro que también es despistada como ella sola, y es capaz de perderte de vista en una calle recta.
Es muy cariñosa, es tranquilota y una de sus actividades favoritas es tumbarse en la cama, a ser posible poniendo la cabeza encima de tus piernas. Pero lo pasa fatal estando sola. Da igual si te marchas cinco horas o cincuenta segundos. Cuando salgas por la puerta se quedará sentada en medio del pasillo, mirando con cara de pena infinita. Y cuando vuelvas a entrar por la puerta te saltará encima, histérica perdida. Ladrará, chillará, y brincará a tu alrededor pidiéndote un poco de atención. Pero a los cinco minutos ya se le habrá pasado, y volverá tan tranquila a su cunacho a seguir dormitando, o a vigilar si vas o no a la cocina.
Eme tiene la teoría de que el universo general y los humanos en particular existen para hacerle mimos y quererla. Y los experimentos vienen a confirmarlo. Pocas veces habrá que nos quedemos quietos durante un rato en algún sitio y ella no consiga que algún desconocido por la calle se ponga a hacerle mimos. Que se quede educadamente sentada en la puerta de una tienda mientras nosotros entramos (aunque luego intente entrar poco a poco y disimuladamente, que cuando quiere es muy pícara) y, cuando salgamos, nos encontremos a un par de dependientes rascándola y acariciándola.
Se deja hacer todo tipo de perrerías. Échale la manta por encima, disfrázala o límpiale las heridas que se hace por culpa de las alergias que tiene. Te pondrá ojitos y, como mucho, se revolcará para pedirte mimos. Pero no se mosqueará ni soltará un solo gruñido de enfado. Pero trata de meterla en el agua (ya sea en la ducha para darle un baño, en el mar o bajo la lluvia, por ligera que sea) y huirá despavorida. Le tiene un miedo atroz al elemento que da nombre a su raza. Eme no es una Perra de Aguas, es una Perra de Secano.
Antes de conocer a Eme no comprendía a esas personas que hablan con sus animales de compañía. Hasta que un día, de repente, me descubrí a mí mismo echándole la bronca en la calle porque se había quedado atrás en un paso de peatones. Y ella agachó el rabo, puso cara de culpable y no se separó de mi lado en el resto del paseo. A medida que la he ido conociendo me he dado cuenta de cuánto entienden realmente los animales lo que les decimos. Y he aprendido que ellos también tienen unos sentimientos muy fuertes que, además, no disimulan como puede hacer un humano. Saben cuándo han hecho algo mal, se ponen tristes o contentos en función de cómo les trates, y son súper cariñosos y agradecidos con aquellos que se portan bien con ellos. Son cosas que he aprendido gracias a Eme
Por todo esto, y por mil cosas más, hoy estoy realmente contento y orgulloso. Porque no solo me he ganado el cariño incondicional de Eme (tendríais que haberla visto ayer en el aeropuerto pegando brinquitos al verme después de un mes de ausencia) sino que además, desde ayer que puse mi firma en su cartilla, soy su dueño oficialmente.
Aunque la considero ya desde hace mucho tiempo una más de mi familia.
El premio de Cattz
Pues resulta que el otro día, como quien no quiere la cosa, me cayo la condena propusieron hacer un meme en el blog. Que bueno, hasta ahora creo que pocas o ninguna vez he hecho memes por ninguno de los blogs que he llevado, pero dado que últimamente no es que escriba mucho por estos lares, pues siempre puede venir bien para hacer bulto aportar contenido.
La cosa funciona de la siguiente manera. Los que visitéis el blog normalmente en vez de seguirlo a través del rss habréis visto que en la columna de menús de la derecha ha aparecido desde hace unos días una nueva imagen, el Premio de Cattz, que es así:
Y que ella montó a partir de un diseño bastante más simple, que era el siguiente:
Pues ese es el premio. Lo que sucede es que viene con deberes asociados. En primer lugar, editar un poco el diseño y convertirlo en uno propio. A continuación hay que escribir un post donde se cuenten siete cosas personales, y por último hay que asignar el nuevo trofeo a unas cuantas personas (en principio se supone que es a 15, pero como soy más vago que otra cosa, se lo asignaré a unos pocos, tantos como me parezca conveniente, y fuera). Como sabréis los que sois seguidores de HAL tenía razón este es uno de los blogs personales más impersonales de la blogosfera española, pero aun así, en una ocasión como esta publicaré el post contando esas siete intimidades mías, que algunos de vosotros tal vez conozcáis ya, pero que este premio me pide que enumere públicamente.
1. Soy un completo desorden.
A mí me gusta decir que soy el vivo ejemplo de que todo sistema ordenado tiende de manera natural hacia incrementos positivos de entropía. Pero para el caso es la manera bonita de decir que soy un desordenado. Da igual que sea en lo referente a la ropa en el armario, mis papeles y apuntes encima de la mesa, los ficheros dentro del ordenador o mi plan de estudio semanal. Nunca he sido capaz de mantener algo en orden durante más de una semana, y todo lo que toco acaba convertido en un remolino de desorganización donde las cosas al final acaban cayendo según caen y no se mueven de ahí hasta que necesito hacer espacio en ese sitio y entonces lo cambio a otro.
2. Nunca he copiado en un examen.
Es más, siempre he sido el tipo de compañero de clase odioso que evitaba que le copiases cuando estirabas el cuello para ver si podías leer la respuesta del de al lado. Hubo una vez en la que me pasaron una chuleta, era un examen de literatura para el que no había estudiado absolutamente nada... Me puse a temblar tanto y arranqué a sudar con tanta fuerza ante el miedo a que me pillasen que decidí devolver la chuleta al que me la había dejado y tratar de hacer el examen como buenamente pude. Claro, suspendí.
3. Mi estado de ánimo depende mucho de cómo me esté yendo el proyecto.
Desde el penúltimo año de carrera siempre he tenido proyectos medianamente considerables que llevar. El de Ingeniería del Software, el proyecto fin de carrera, los distintos proyectos de Máster, ahora el doctorado... Y en función de si me va bien o mal, de si durante el día de trabajo no he logrado avanzar ni una sola línea de código salvable o si he descubierto la manera de resolver todos mis problemas cambiando un signo en una operación matemática, así va mi estado de ánimo en consonancia. Los días que avanzo estoy feliz, soy charlatán y hago todo tipo de bromas. Los días que me han ido mal estoy gruñón, arisco, me quejo por todo y salto a la mínima. Lo peor de todo es que quien paga eso es la gente con la que vivo, cuando ellos no tienen ninguna culpa en el asunto.
4. Se puede calcular cuánto falta para la fecha de entrega del proyecto por la longitud de mis pelos.
Tanto del pelo de la cabeza como de la barba. En todos esos proyectos de los que he hablado en el punto anterior, cuando se acercan las fechas de entrega yo me centro más y más en sacarlos adelante y dejo de prestar atención a, por ejemplo, afeitarme la barba o ir a la peluquería. Y claro, entre la longitud de pelo que alcanzo y los rizos que tengo estoy convencido de que, si me lo cardase un poco, podría acabar haciéndome pasar por imitador de los Jackson Five.
5. Presto mucha atención a mi forma física.
Igual en ocasiones hasta le doy demasiada importancia. Pero no puedo evitarlo, es algo que me viene de pequeñajo, cuando yo era el gordito de la clase y en muchas ocasiones el objetivo de las bromas de mis compañeros (en alguna ocasión, incluso de algún profesor... eran otros tiempos), Y al final creo que eso ha provocado que quiera estar en forma, no estar gordo y tener una buena presencia física. Hacer deporte regularmente y esforzarme en el gimnasio es una de las cosas que, a pesar del punto 1, nunca he dejado que se descontrole porque si no sé que dejaría de hacerlo.
6. Soy de culos, de ninjas y de Nesquik.
Y sin embargo en este blog no he celebrado nunca el Big Culo Day, me declaro pastafari (¡ramen!) y en mi casa de siempre se ha comprado Cola-Cao. Así que, en resumidas cuentas, vivo en constante contradicción. Básicamente, para clasificar a un hombre solo estos tres criterios son necesarios. Culos o tetas, Ninjas o piratas, Nesquik o cola-cao. Hay quien dirá que también es importante saber si un hombre es de chocos o de choco-crispies, en cuyo caso yo le responderé sin dudarlo ni un momento: Chococrispies, el mono tiene mil veces más que el oso. ¿Cuántos osos que molen conoces? Pues monos hay más.
7.Estoy aprendiendo a cocinar.
Hasta hace poco nunca me había puesto en serio. Sabía hacer cuatro gilibatiadas, y ya con eso me las apañaba. Incluso cuando vivía por mi cuenta no hacía platos excesivamente complicados y muchas veces cuando comía en casa hacía cosas tan simples como arroz con maíz, tomate y atún y un chorrito de aceite. La verdad es que el ver en recetas cosas como "Echamos un chorrito de esto" o "Lo dejamos a fuego medio hasta que veamos que está hecho" me parecían TAN inexactas que no sentía para nada capaz de conseguir que me saliese bien. Ahora, poco a poco, voy dominando esas medidas, aunque me falta la soltura organizativa en la cocina que suele venir con la experiencia. Pero tiempo al tiempo.
Y bueno, creo que eso es todo, esos son mis siete confesiones personales que el premio que me han dado requería. Así que ahora me toca a mí. Concedo mi premio a Cattz (por supuesto, no te creas que te ibas a librar), a Peibol (por hacer que Cattz hiciese el suyo y por tanto me lo otorgase a mí), a maribeltirados (que como apenas escribe en su blog, así tiene la excusa perfecta para hacerlo) a Inés (que aunque ya recibió el de Cattz también así tiene dos) y a Ladyboheme (que hace un tiempo también me dio un premio a mí, pues ahora hay que devolvérselo). ¿Que dónde está el premio? Ah, ¡claro! Aquí lo tenéis.
La cosa funciona de la siguiente manera. Los que visitéis el blog normalmente en vez de seguirlo a través del rss habréis visto que en la columna de menús de la derecha ha aparecido desde hace unos días una nueva imagen, el Premio de Cattz, que es así:
Y que ella montó a partir de un diseño bastante más simple, que era el siguiente:
Pues ese es el premio. Lo que sucede es que viene con deberes asociados. En primer lugar, editar un poco el diseño y convertirlo en uno propio. A continuación hay que escribir un post donde se cuenten siete cosas personales, y por último hay que asignar el nuevo trofeo a unas cuantas personas (en principio se supone que es a 15, pero como soy más vago que otra cosa, se lo asignaré a unos pocos, tantos como me parezca conveniente, y fuera). Como sabréis los que sois seguidores de HAL tenía razón este es uno de los blogs personales más impersonales de la blogosfera española, pero aun así, en una ocasión como esta publicaré el post contando esas siete intimidades mías, que algunos de vosotros tal vez conozcáis ya, pero que este premio me pide que enumere públicamente.
1. Soy un completo desorden.
A mí me gusta decir que soy el vivo ejemplo de que todo sistema ordenado tiende de manera natural hacia incrementos positivos de entropía. Pero para el caso es la manera bonita de decir que soy un desordenado. Da igual que sea en lo referente a la ropa en el armario, mis papeles y apuntes encima de la mesa, los ficheros dentro del ordenador o mi plan de estudio semanal. Nunca he sido capaz de mantener algo en orden durante más de una semana, y todo lo que toco acaba convertido en un remolino de desorganización donde las cosas al final acaban cayendo según caen y no se mueven de ahí hasta que necesito hacer espacio en ese sitio y entonces lo cambio a otro.
2. Nunca he copiado en un examen.
Es más, siempre he sido el tipo de compañero de clase odioso que evitaba que le copiases cuando estirabas el cuello para ver si podías leer la respuesta del de al lado. Hubo una vez en la que me pasaron una chuleta, era un examen de literatura para el que no había estudiado absolutamente nada... Me puse a temblar tanto y arranqué a sudar con tanta fuerza ante el miedo a que me pillasen que decidí devolver la chuleta al que me la había dejado y tratar de hacer el examen como buenamente pude. Claro, suspendí.
3. Mi estado de ánimo depende mucho de cómo me esté yendo el proyecto.
Desde el penúltimo año de carrera siempre he tenido proyectos medianamente considerables que llevar. El de Ingeniería del Software, el proyecto fin de carrera, los distintos proyectos de Máster, ahora el doctorado... Y en función de si me va bien o mal, de si durante el día de trabajo no he logrado avanzar ni una sola línea de código salvable o si he descubierto la manera de resolver todos mis problemas cambiando un signo en una operación matemática, así va mi estado de ánimo en consonancia. Los días que avanzo estoy feliz, soy charlatán y hago todo tipo de bromas. Los días que me han ido mal estoy gruñón, arisco, me quejo por todo y salto a la mínima. Lo peor de todo es que quien paga eso es la gente con la que vivo, cuando ellos no tienen ninguna culpa en el asunto.
4. Se puede calcular cuánto falta para la fecha de entrega del proyecto por la longitud de mis pelos.
Tanto del pelo de la cabeza como de la barba. En todos esos proyectos de los que he hablado en el punto anterior, cuando se acercan las fechas de entrega yo me centro más y más en sacarlos adelante y dejo de prestar atención a, por ejemplo, afeitarme la barba o ir a la peluquería. Y claro, entre la longitud de pelo que alcanzo y los rizos que tengo estoy convencido de que, si me lo cardase un poco, podría acabar haciéndome pasar por imitador de los Jackson Five.
5. Presto mucha atención a mi forma física.
Igual en ocasiones hasta le doy demasiada importancia. Pero no puedo evitarlo, es algo que me viene de pequeñajo, cuando yo era el gordito de la clase y en muchas ocasiones el objetivo de las bromas de mis compañeros (en alguna ocasión, incluso de algún profesor... eran otros tiempos), Y al final creo que eso ha provocado que quiera estar en forma, no estar gordo y tener una buena presencia física. Hacer deporte regularmente y esforzarme en el gimnasio es una de las cosas que, a pesar del punto 1, nunca he dejado que se descontrole porque si no sé que dejaría de hacerlo.
6. Soy de culos, de ninjas y de Nesquik.
Y sin embargo en este blog no he celebrado nunca el Big Culo Day, me declaro pastafari (¡ramen!) y en mi casa de siempre se ha comprado Cola-Cao. Así que, en resumidas cuentas, vivo en constante contradicción. Básicamente, para clasificar a un hombre solo estos tres criterios son necesarios. Culos o tetas, Ninjas o piratas, Nesquik o cola-cao. Hay quien dirá que también es importante saber si un hombre es de chocos o de choco-crispies, en cuyo caso yo le responderé sin dudarlo ni un momento: Chococrispies, el mono tiene mil veces más que el oso. ¿Cuántos osos que molen conoces? Pues monos hay más.
7.Estoy aprendiendo a cocinar.
Hasta hace poco nunca me había puesto en serio. Sabía hacer cuatro gilibatiadas, y ya con eso me las apañaba. Incluso cuando vivía por mi cuenta no hacía platos excesivamente complicados y muchas veces cuando comía en casa hacía cosas tan simples como arroz con maíz, tomate y atún y un chorrito de aceite. La verdad es que el ver en recetas cosas como "Echamos un chorrito de esto" o "Lo dejamos a fuego medio hasta que veamos que está hecho" me parecían TAN inexactas que no sentía para nada capaz de conseguir que me saliese bien. Ahora, poco a poco, voy dominando esas medidas, aunque me falta la soltura organizativa en la cocina que suele venir con la experiencia. Pero tiempo al tiempo.
Y bueno, creo que eso es todo, esos son mis siete confesiones personales que el premio que me han dado requería. Así que ahora me toca a mí. Concedo mi premio a Cattz (por supuesto, no te creas que te ibas a librar), a Peibol (por hacer que Cattz hiciese el suyo y por tanto me lo otorgase a mí), a maribeltirados (que como apenas escribe en su blog, así tiene la excusa perfecta para hacerlo) a Inés (que aunque ya recibió el de Cattz también así tiene dos) y a Ladyboheme (que hace un tiempo también me dio un premio a mí, pues ahora hay que devolvérselo). ¿Que dónde está el premio? Ah, ¡claro! Aquí lo tenéis.
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