Conocí a Eme el 7 de febrero de 2010. Llevaba poco más de un mes saliendo con Cattz, y era la primera vez que iba a verla a Tenerife. Tenía un poco de miedo, porque de más joven había sido alérgico a los perros, y porque igual no le caía bien, me empezaba a ladrar sin parar y no me soportaba. Podría haber sido muy problemático.
Por suerte no tenía motivos para temer ninguna de las dos cosas. Eme es un Perro de Aguas Español, no suelta pelo, con lo que no tuve ningún tipo de problema de alergia, y lejos de ser agresiva, es el bicho más cariñoso, adorable y mimoso que te puedas echar en cara. Tardé bien poco en darme cuenta de que Eme viene a ser algo así como un peluche con un estómago interminable. Da igual cuánto o qué haya comido, en cuanto te vayas a la cocina (aunque sea para poner la lavadora) ella te seguirá y te mirará con ojos de pena infinita, por si cae algo.
Hasta la tercera o cuarta visita a Tenerife no me atreví a llevarla yo solo por la calle sin correa. ¿Y si salía corriendo en cualquier dirección, se me escapaba y la perdía? ¿Y si le pasaba algo? ¡A ver si no iba a querer seguirme! Pero Eme, que parece una oveja gris, es un bicho totalmente de manada. Va contigo, te tiene controlado, y no huye en direcciones aleatorias. Claro que también es despistada como ella sola, y es capaz de perderte de vista en una calle recta.
Es muy cariñosa, es tranquilota y una de sus actividades favoritas es tumbarse en la cama, a ser posible poniendo la cabeza encima de tus piernas. Pero lo pasa fatal estando sola. Da igual si te marchas cinco horas o cincuenta segundos. Cuando salgas por la puerta se quedará sentada en medio del pasillo, mirando con cara de pena infinita. Y cuando vuelvas a entrar por la puerta te saltará encima, histérica perdida. Ladrará, chillará, y brincará a tu alrededor pidiéndote un poco de atención. Pero a los cinco minutos ya se le habrá pasado, y volverá tan tranquila a su cunacho a seguir dormitando, o a vigilar si vas o no a la cocina.
Eme tiene la teoría de que el universo general y los humanos en particular existen para hacerle mimos y quererla. Y los experimentos vienen a confirmarlo. Pocas veces habrá que nos quedemos quietos durante un rato en algún sitio y ella no consiga que algún desconocido por la calle se ponga a hacerle mimos. Que se quede educadamente sentada en la puerta de una tienda mientras nosotros entramos (aunque luego intente entrar poco a poco y disimuladamente, que cuando quiere es muy pícara) y, cuando salgamos, nos encontremos a un par de dependientes rascándola y acariciándola.
Se deja hacer todo tipo de perrerías. Échale la manta por encima, disfrázala o límpiale las heridas que se hace por culpa de las alergias que tiene. Te pondrá ojitos y, como mucho, se revolcará para pedirte mimos. Pero no se mosqueará ni soltará un solo gruñido de enfado. Pero trata de meterla en el agua (ya sea en la ducha para darle un baño, en el mar o bajo la lluvia, por ligera que sea) y huirá despavorida. Le tiene un miedo atroz al elemento que da nombre a su raza. Eme no es una Perra de Aguas, es una Perra de Secano.
Antes de conocer a Eme no comprendía a esas personas que hablan con sus animales de compañía. Hasta que un día, de repente, me descubrí a mí mismo echándole la bronca en la calle porque se había quedado atrás en un paso de peatones. Y ella agachó el rabo, puso cara de culpable y no se separó de mi lado en el resto del paseo. A medida que la he ido conociendo me he dado cuenta de cuánto entienden realmente los animales lo que les decimos. Y he aprendido que ellos también tienen unos sentimientos muy fuertes que, además, no disimulan como puede hacer un humano. Saben cuándo han hecho algo mal, se ponen tristes o contentos en función de cómo les trates, y son súper cariñosos y agradecidos con aquellos que se portan bien con ellos. Son cosas que he aprendido gracias a Eme
Por todo esto, y por mil cosas más, hoy estoy realmente contento y orgulloso. Porque no solo me he ganado el cariño incondicional de Eme (tendríais que haberla visto ayer en el aeropuerto pegando brinquitos al verme después de un mes de ausencia) sino que además, desde ayer que puse mi firma en su cartilla, soy su dueño oficialmente.
Aunque la considero ya desde hace mucho tiempo una más de mi familia.
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