Ayer en el avión había un niño de aproximadamente cuatro años con su padre en el asiento detrás del mío. Iban los dos mirando las instrucciones de evacuación del avión en caso de accidente a través de la rampa hinchable, y tuvieron una conversación más o menos así:
Hijo: "Y entonces, cuando lleguemos, nos bajaremos del avión por este tobogán?"
Padre: "Claro, y en la parte de abajo habrá una piscina."
H: "Halaaaa... una piscina??"
P: "No ves que vamos a ir a una isla? Allí tienen agua por todas partes! Pero para bajar por el tobogán necesitas llevar el bañador puesto. Lo llevas?"
H: "Pues... no..."
P: "Vaya... entonces tendrás que bajar del avión por las escaleras..."
H: "Oooohhhh..."
En ese momento me parecío una escena muy tierna. Luego ya, cuando durante las tres horas de vuelo el pequeño engendro de Satán no paró de patear mi asiento, cantar, gritar y llorar, lo único en lo que podía pensar era si hacerle comerse el libro que me estaba leyendo, atizarle en la cabeza con el canto del mismo, o abrir rápido la salida de emergencia, tirarle en pleno vuelo, y volver a cerrar rápido...
Cookies
Douglas Adams es famoso por La Guía del Autoestopista Galáctico. Ya he comentado previamente en el blog que tanto el libro como la película me encantaron, pero reconozco que no he leído ni el resto de la trilogía en cinco partes ni ningún otro libro o relato del autor.
Hoy, sin embargo, dando tumbos por internet me he encontrado un microrrelato de este autor británico que, aunque en un primer momento había pensado en traducir al castellano, creo que merece la pena mantener íntegramente en su inglés original para que no pierda absolutamente nada en la traducción. Aquí os dejo con Cookies, de Douglas Adams.
Feliz jueves;)
Hoy, sin embargo, dando tumbos por internet me he encontrado un microrrelato de este autor británico que, aunque en un primer momento había pensado en traducir al castellano, creo que merece la pena mantener íntegramente en su inglés original para que no pierda absolutamente nada en la traducción. Aquí os dejo con Cookies, de Douglas Adams.
This actually did happen to a real person, and the real person was me. I had gone to catch a train. This was April 1976, in Cambridge, U.K. I was a bit early for the train. I'd gotten the time of the train wrong.
I went to get myself a newspaper to do the crossword, and a cup of coffee and a packet of cookies. I went and sat at a table.
I want you to picture the scene. It's very important that you get this very clear in your mind.
Here's the table, newspaper, cup of coffee, packet of cookies. There's a guy sitting opposite me, perfectly ordinary-looking guy wearing a business suit, carrying a briefcase.
It didn't look like he was going to do anything weird. What he did was this: he suddenly leaned across, picked up the packet of cookies, tore it open, took one out, and ate it.
Now this, I have to say, is the sort of thing the British are very bad at dealing with. There's nothing in our background, upbringing, or education that teaches you how to deal with someone who in broad daylight has just stolen your cookies.
You know what would happen if this had been South Central Los Angeles. There would have very quickly been gunfire, helicopters coming in, CNN, you know. . . But in the end, I did what any red-blooded Englishman would do: I ignored it. And I stared at the newspaper, took a sip of coffee, tried to do a clue in the newspaper, couldn't do anything, and thought, what am I going to do?
In the end I thought, nothing for it, I'll just have to go for it, and I tried very hard not to notice the fact that the packet was already mysteriously opened. I took out a cookie for myself. I thought, that settled him. But it hadn't because a moment or two later he did it again. He took another cookie.
Having not mentioned it the first time, it was somehow even harder to raise the subject the second time around. "Excuse me, I couldn't help but notice . . ." I mean, it doesn't really work.
We went through the whole packet like this. When I say the whole packet, I mean there were only about eight cookies, but it felt like a lifetime. He took one, I took one, he took one, I took one. Finally, when we got to the end, he stood up and walked away.
Well, we exchanged meaningful looks, then he walked away, and I breathed a sigh of relief and sat back. A moment or two later the train was coming in, so I tossed back the rest of my coffee, stood up, picked up the newspaper, and underneath the newspaper were my cookies.
The thing I like particularly about this story is the sensation that somewhere in England there has been wandering around for the last quarter-century a perfectly ordinary guy who's had the same exact story, only he doesn't have the punch line.
Feliz jueves;)
Vallecas
Leía hace algunos meses en Caminando por Madrid:
Así que amigo Osorio de Caminando por Madrid, o estamos hablando de barrios distintos, o hace mucho, muchísimo tiempo que no te asomas por aquí. Personalmente, estoy hasta las narices de mi barrio
O igual es lo de madrugar, que me pone de mala leche.
[1] Con el correspondiente olor ambientando la calle entera. A los dueños de perro que no recogéis porque no se os pone en la punta del miembro, me acuerdo de todo vuestro árbol genealógico día sí y día también.
[2] Esto es, te tapas uno de los orificios nasales, y soplas fuerte por el otro.
[3] Que teniendo acera, ¿para qué van a usarla? Ah, claro, que esque está minada con regalos caninos...
Vallecas reivindicativa, rebelde. Vallecas humana, entrañable, dolorosa y alegre, brazo trabajador del cuerpo de Madrid, Vallecas querida e imprescindible.A estas alturas, todavía sigo preguntándome de qué barrio estará hablando. Porque el barrio de vallecas en el que vivo yo es muy distinto. Quede como ejemplo esta mañana. Para llegar al cercanías he tenido que recorrer una calle estrecha y con algunas que otras baldosas levantadas, sorteando mierdas de perro que a los "queridos" dueños no les ha salido de los huevos recoger. [1] He pasado de largo a un sudamericano en su uniforme de obrero que, sentado en el suelo, se quitaba los mocos al estilo futbolista [2], dejándolos bien en el suelo. He pasado junto al carril bici del barrio, tapada la mitad por los arbustos sin cortar, y la otra mitad por viandantes [3]. Y finalmente he podido entrar a la estación abriéndome paso entre dos gitanos que vendían todo tipo de mierda a la entrada de la misma.
Así que amigo Osorio de Caminando por Madrid, o estamos hablando de barrios distintos, o hace mucho, muchísimo tiempo que no te asomas por aquí. Personalmente, estoy hasta las narices de mi barrio
O igual es lo de madrugar, que me pone de mala leche.
[1] Con el correspondiente olor ambientando la calle entera. A los dueños de perro que no recogéis porque no se os pone en la punta del miembro, me acuerdo de todo vuestro árbol genealógico día sí y día también.
[2] Esto es, te tapas uno de los orificios nasales, y soplas fuerte por el otro.
[3] Que teniendo acera, ¿para qué van a usarla? Ah, claro, que esque está minada con regalos caninos...
Visto en Ciudad Universitaria
A cualquier chica que esté buscando piso para alquilar:
Si eres sombría, apagadilla, y te tiras pedos...
... en este piso ni lo intentes, no tienes ninguna oportunidad.
Si eres sombría, apagadilla, y te tiras pedos...
... en este piso ni lo intentes, no tienes ninguna oportunidad.
Las Doce Pruebas
“Estamos en el año 2010 después de Jesucristo. Toda la Hispania está ocupada por Belén Esteban, ¿¿ME ENTIENDES??… ¿Toda? !No! Una aldea poblada por irreductibles doctorandos resiste todavía y siempre al invasor”.
Así comienza la historia de Interloperix, valiente doctorando que un día cualquiera decidió matricularse en el plan de estudios que le correspondía en la Universitas Politecnix. Convencido de estar haciendo lo correcto, allá por el mes de julium empezó el proceso de matrícula, que arrancaba en esas fechas.
Por desgracia, la encargada de la matriculación le dijo que la aplicación de gestión no estaba del todo completa, pero que le haría un gran favor si hacía de betatestium, profesión por aquellos tiempos muy extendida pero escasamente remunerada. Interloperix aceptó hacerlo, y comenzó a experimentar con la aplicación, encontrando algún que otro fallo en el proceso. Pasados los días, recibió un correum donde se le informaba de que la matriculación sería retrasada hasta septiembrix.
Interloperix esperó pacientemente (lo que viene a ser de vacaciones) hasta los plazos de los que le habían hablado. En el camino, además, la responsabilidad de la matrícula había cambiado de manos. Pero llegado el día de la matriculación, no había todavía noticia del programa de gestión. Así que siguió esperando unos pocos días más hasta que finalmente los plazos se abrieron, mucho más cortos de lo estipulado inicialmente. Cuando Interloperix se conectó para gestionar su matrícula descubrió que todas aquellas pruebas que había estado haciendo no habían sido borradas, sino que su cuenta seguía ahí.
"Hay una asignatura de más, pero trabajo que me ahorro", pensó. Pero como director de su trabajo no aparecía el verdadero encargado, sino con quien en julium había estado testeandum el programa. A pesar de todo, imprimió la documentación y la llevó a los responsables de firmarlas. Le dijeron entonces que mejor deshacer aquello que estaba hecho y volver a hacerlo de cero, pero correctamente. Como Interloperix quería el menor número posible de problemas en la Universitas, decidió que en efecto prefería volver a rellenar la matrícula antes que tener con correcciones extrañas.
Una vez hecho, y con los nombres y firmas en orden, fue al martesix siguiente al templo de la secretaría con su título, su expediente y su documentum de identitas, listo para finalizar los papeleos. Para empezar, cuando llegó a primera hora a la secretaría se encontró con que en lugar de a la hora habitual abrían una hora más tarde por horario de veranum.
"Veranum? El 14 de septiembrix? Por Tutatis!!"
Resignado, Interloperix aprovechó esa hora para tomar café [1] y pasar por su antigua facultad a vaciar su taquilla [2]. Una vez de vuelta a la Universitas Politecnix y con el templo ya abierto, el aguerrido doctorando entró con pie firme y sus documentos bajo el brazo. Allí se encontró con un nuevo reto, consistente en que la copia a entregar de su título no estaba compulsada. Que en otras Universitatix miran el original y la copia, y si está todo correcto, le ponen un sello con la cara del César. Pero no en la Politecnix, donde en lugar de eso te dan una carta de pago de compulsa que es necesario pagar en la banca más cercana.
Así que Interloperix, para poder continuar el proceso, tuvo que marchar en busca del CentralHispanium más próximo donde abonar los diez sextercios que le costaría poner la cara del César en la copia de su título.
Una vez terminado, volvío a ir a la secretaría, donde comprobaron que todo estuviese en regla, para pasarle con otro empleado más, quien recogió la documentación aportada. Revisado eso, y avisando de que todavía le faltaba a Interloperix pagar los más de novecientos sextercios de la matrícula y presentar una copia (sin el sello del César esta vez al menos) de su expediente, ya que sólo el original no es suficiente, metió los datos de Interloperix en la Base de Tablillas de Barro de la Universitas, y le dejó escapar. Sólo para recordarle que seis meses más tarde tendría que vovler a pasar por allí a pagar de nuevo.
Completada la proeza de matricularse y habiendo pasado las tres últimas horas recorriendo el campus universitarium de arriba abajo, Interloperix no celebró esta vez su victoria. Simplemente se volvió a su laboratorium al grito de "Están locos, estos doctorandos!!". La próxima vez se quedará en su choza, dejándose conquistar por el invasor. Es mucho menos complicado!
[1] La verdadera bebida de los dioses. Lo de la ambrosía es un invento para despistar.
[2] Queda pendiente una expedición arqueológica entre los restos hallados en esa taquilla, ahí había de todo, incluídos una caja de Meccano (el juego de piezas, no la banda de música) y una cinta VHS con porno.
Así comienza la historia de Interloperix, valiente doctorando que un día cualquiera decidió matricularse en el plan de estudios que le correspondía en la Universitas Politecnix. Convencido de estar haciendo lo correcto, allá por el mes de julium empezó el proceso de matrícula, que arrancaba en esas fechas.
Por desgracia, la encargada de la matriculación le dijo que la aplicación de gestión no estaba del todo completa, pero que le haría un gran favor si hacía de betatestium, profesión por aquellos tiempos muy extendida pero escasamente remunerada. Interloperix aceptó hacerlo, y comenzó a experimentar con la aplicación, encontrando algún que otro fallo en el proceso. Pasados los días, recibió un correum donde se le informaba de que la matriculación sería retrasada hasta septiembrix.
Interloperix esperó pacientemente (lo que viene a ser de vacaciones) hasta los plazos de los que le habían hablado. En el camino, además, la responsabilidad de la matrícula había cambiado de manos. Pero llegado el día de la matriculación, no había todavía noticia del programa de gestión. Así que siguió esperando unos pocos días más hasta que finalmente los plazos se abrieron, mucho más cortos de lo estipulado inicialmente. Cuando Interloperix se conectó para gestionar su matrícula descubrió que todas aquellas pruebas que había estado haciendo no habían sido borradas, sino que su cuenta seguía ahí.
"Hay una asignatura de más, pero trabajo que me ahorro", pensó. Pero como director de su trabajo no aparecía el verdadero encargado, sino con quien en julium había estado testeandum el programa. A pesar de todo, imprimió la documentación y la llevó a los responsables de firmarlas. Le dijeron entonces que mejor deshacer aquello que estaba hecho y volver a hacerlo de cero, pero correctamente. Como Interloperix quería el menor número posible de problemas en la Universitas, decidió que en efecto prefería volver a rellenar la matrícula antes que tener con correcciones extrañas.
Una vez hecho, y con los nombres y firmas en orden, fue al martesix siguiente al templo de la secretaría con su título, su expediente y su documentum de identitas, listo para finalizar los papeleos. Para empezar, cuando llegó a primera hora a la secretaría se encontró con que en lugar de a la hora habitual abrían una hora más tarde por horario de veranum.
"Veranum? El 14 de septiembrix? Por Tutatis!!"
Resignado, Interloperix aprovechó esa hora para tomar café [1] y pasar por su antigua facultad a vaciar su taquilla [2]. Una vez de vuelta a la Universitas Politecnix y con el templo ya abierto, el aguerrido doctorando entró con pie firme y sus documentos bajo el brazo. Allí se encontró con un nuevo reto, consistente en que la copia a entregar de su título no estaba compulsada. Que en otras Universitatix miran el original y la copia, y si está todo correcto, le ponen un sello con la cara del César. Pero no en la Politecnix, donde en lugar de eso te dan una carta de pago de compulsa que es necesario pagar en la banca más cercana.
Así que Interloperix, para poder continuar el proceso, tuvo que marchar en busca del CentralHispanium más próximo donde abonar los diez sextercios que le costaría poner la cara del César en la copia de su título.
Una vez terminado, volvío a ir a la secretaría, donde comprobaron que todo estuviese en regla, para pasarle con otro empleado más, quien recogió la documentación aportada. Revisado eso, y avisando de que todavía le faltaba a Interloperix pagar los más de novecientos sextercios de la matrícula y presentar una copia (sin el sello del César esta vez al menos) de su expediente, ya que sólo el original no es suficiente, metió los datos de Interloperix en la Base de Tablillas de Barro de la Universitas, y le dejó escapar. Sólo para recordarle que seis meses más tarde tendría que vovler a pasar por allí a pagar de nuevo.
Completada la proeza de matricularse y habiendo pasado las tres últimas horas recorriendo el campus universitarium de arriba abajo, Interloperix no celebró esta vez su victoria. Simplemente se volvió a su laboratorium al grito de "Están locos, estos doctorandos!!". La próxima vez se quedará en su choza, dejándose conquistar por el invasor. Es mucho menos complicado!
[1] La verdadera bebida de los dioses. Lo de la ambrosía es un invento para despistar.
[2] Queda pendiente una expedición arqueológica entre los restos hallados en esa taquilla, ahí había de todo, incluídos una caja de Meccano (el juego de piezas, no la banda de música) y una cinta VHS con porno.
Killing Rommel, Steven Pressfield
Hay algunas combinaciones que son irresistibles para mí. Juegos FPS y heavy metal, pan bimbo y nocilla, un ordenador y un "Haz lo que quieras con él". Así que cuando encontré un libro ambientado en la Segunda Guerra Mundial y escrito por Steven Pressfield me faltó tiempo para comprármelo y leerlo.
Pressfield puso el listón muy alto con su primera novela, Puertas de Fuego; uno de mis libros favoritos y que Larteas definió como "una experiencia que se vive una vez en la vida". Aunque al principio me costó empezarlo (concretamente me costó cuatro intentos), una vez pasados los primeros compases acabé totalmente atrapado por la narrativa y no pude soltarlo hasta el final. Con Killing Rommel reconozco que no me ha pasado exactamente lo mismo, aunque la sensación que se me ha quedado en el cuerpo al terminar de leer ha sido muy buena.
Killing Rommel no es un retrato de grandes batallas, enfrentamientos espectaculares y momentos épicos, sino una crónica de las penurias por las que los combatientes de la campaña del desierto de la Segunda Guerra Mundial, que llegó a su momento culminante en la Segunda Batalla de El Alamein, tuvieron que pasar. Pressfield se inventa para este libro a un regimiento blindado al que impone la tarea de asesinar a Erwin Rommel. Con este hilo conductor el libro va presentando los problemas de la navegación en el desierto, las carencias, los problemas inesperados y los fallos tanto humanos como técnicos que surgen en operaciones de este tipo [1]. Aunque los personajes de Killing Rommel son inventados, no cabe la menor duda de que aquellos soldados reales que lucharon en el escenario africano se enconraron con los mismos o más problemas que los de la narración.
De este modo, y aportando datos reales sobre choques armados, especificaciones técnicas de armamento y transporte, recreando las condiciones de la guerra en los inhóspitos desiertos de Egipto, la panorámica que ofrece es soberbia. Sin embargo, con el fin de que la narración parezca realmente escrita por un verdadero veterano de guerra, Pressfield utiliza a veces demasiadas siglas cuyo significado mencionó en algún otro momento del libro pero quedaron olvidadas ya entre kilómetros de dunas. Un pequeño glosario (que el propio personaje se justifica en no añadir) no hubiese venido pero que nada mal.
Como decía antes, Killing Rommel es más un relato de las penurias de la guerra que de las grandes batallas. Pero también es un reflejo de la camaradería entre compañeros y la nobleza entre enemigos (Rommel se caracterizó siempre por respetar las "reglas del juego" y convertir la guerra en un arte). De este modo, sin apenas darte cuenta, acabas desarrollando apego por los actores principales de la obra, hasta que llegado el final, cuando cierras la última página, un pequeño escalofrío te recorre la espalda. Es un efecto curioso, porque al contrario que en Puertas de Fuego, no hay grandes frases épicas para el recuerdo, aunque sí que comparte la existencia de personajes que no se pueden calificar de otra forma que como héroes incombustibles.
Buen libro, pero demasiado enfocado a los entusiastas de la Segunda Guerra Mundial. Si no te gusta esa ambientación, es posible que Killing Rommel se te haga pesado. Si te gusta, disfrutarás como un enano.
[1] Y poniendo una vez más de relieve que ningún plan de batalla sobrevive al contacto con el enemigo.
Pressfield puso el listón muy alto con su primera novela, Puertas de Fuego; uno de mis libros favoritos y que Larteas definió como "una experiencia que se vive una vez en la vida". Aunque al principio me costó empezarlo (concretamente me costó cuatro intentos), una vez pasados los primeros compases acabé totalmente atrapado por la narrativa y no pude soltarlo hasta el final. Con Killing Rommel reconozco que no me ha pasado exactamente lo mismo, aunque la sensación que se me ha quedado en el cuerpo al terminar de leer ha sido muy buena.
Killing Rommel no es un retrato de grandes batallas, enfrentamientos espectaculares y momentos épicos, sino una crónica de las penurias por las que los combatientes de la campaña del desierto de la Segunda Guerra Mundial, que llegó a su momento culminante en la Segunda Batalla de El Alamein, tuvieron que pasar. Pressfield se inventa para este libro a un regimiento blindado al que impone la tarea de asesinar a Erwin Rommel. Con este hilo conductor el libro va presentando los problemas de la navegación en el desierto, las carencias, los problemas inesperados y los fallos tanto humanos como técnicos que surgen en operaciones de este tipo [1]. Aunque los personajes de Killing Rommel son inventados, no cabe la menor duda de que aquellos soldados reales que lucharon en el escenario africano se enconraron con los mismos o más problemas que los de la narración.
De este modo, y aportando datos reales sobre choques armados, especificaciones técnicas de armamento y transporte, recreando las condiciones de la guerra en los inhóspitos desiertos de Egipto, la panorámica que ofrece es soberbia. Sin embargo, con el fin de que la narración parezca realmente escrita por un verdadero veterano de guerra, Pressfield utiliza a veces demasiadas siglas cuyo significado mencionó en algún otro momento del libro pero quedaron olvidadas ya entre kilómetros de dunas. Un pequeño glosario (que el propio personaje se justifica en no añadir) no hubiese venido pero que nada mal.
Como decía antes, Killing Rommel es más un relato de las penurias de la guerra que de las grandes batallas. Pero también es un reflejo de la camaradería entre compañeros y la nobleza entre enemigos (Rommel se caracterizó siempre por respetar las "reglas del juego" y convertir la guerra en un arte). De este modo, sin apenas darte cuenta, acabas desarrollando apego por los actores principales de la obra, hasta que llegado el final, cuando cierras la última página, un pequeño escalofrío te recorre la espalda. Es un efecto curioso, porque al contrario que en Puertas de Fuego, no hay grandes frases épicas para el recuerdo, aunque sí que comparte la existencia de personajes que no se pueden calificar de otra forma que como héroes incombustibles.
Buen libro, pero demasiado enfocado a los entusiastas de la Segunda Guerra Mundial. Si no te gusta esa ambientación, es posible que Killing Rommel se te haga pesado. Si te gusta, disfrutarás como un enano.
[1] Y poniendo una vez más de relieve que ningún plan de batalla sobrevive al contacto con el enemigo.
Sin palabras
Qué sensibilidad.
Qué expresividad.
Qué emotividad.
Qué alguna-otra-cosa-que-termine-en-dad.
Qué pieza de arte contemporáneo.
Qué...
Qué puta mierda es esto?
BONUS
Minutos musicales...
Qué expresividad.
Qué emotividad.
Qué alguna-otra-cosa-que-termine-en-dad.
Qué pieza de arte contemporáneo.
Qué...
Qué puta mierda es esto?
BONUS
Minutos musicales...
Divulgación estilo USA
Tonteando hoy por la red me he encontrado con un programa del Science Channel que tenía buena pinta: Sci Fi Science, cuya premisa viene a ser algo así como mezclar divulgación científica con algo de ciencia ficción. Así que me he visto un par de episodios.
Hay que reconocerlo, los americanos tienen una forma totalmente distinta a la nuestra de hacer y vender sus programas culturales. En nuestro país, para dar algo de contenido cultural a la programación de la tele cogemos a Punset (que como todo el mundo sabe, es premio Nobel por ciencia infusa), le mandamos a entrevistar a investigadores de absolutamente cualquier rama de la ciencia, y luego lo emitimos en La 2 a las cuatro de la mañana. En USA, en cambio, montan un canal entero de televisión [1] y lo llenan de contenido espectacular.
Y por espectacular no me refiero a programas que veas y digas "Woala! Con esto ya conozco la respuesta a la vida, el universo, y todo lo demás!", sino a que convierten la divulgación en un show. Quieren comprobar cómo funciona una catapulta, y se cargan una grúa entera (minuto 1:10). Quieren ver qué es más fuerte, un rinoceronte o un elefante [2] y construyen réplicas de acero al grito de "Mi rinoceronte va a hacer trizas a tu elefante, ya lo verás!" "Ah, sí? Pues mi elefante va a poner a tu rinoceronte en órbita".
Vamos, que básicamente se dedican a gastarse un dineral jugando a hacer el cafre y luego gritan...

He de decir que aunque Sci Fi Science sigue también la premisa de hacer un espectáculo de la ciencia, no se gastan tanto dinero ni hay destrucción de la propiedad ajena [3]. La receta en esta ocasión es sencilla: Sacas un tema recurrente en la ciencia ficción, se lo planteas a tu presentador, un físico teórico (Michio Kaku, uno de los desarrolladores de la teoría de cuerdas) que dice ser aficionado a la sci-fi, y le mandas a que investigue la forma de lograr lo planteado mediante la ciencia y la tecnología actuales.
Kaku se plantea los distintos problemas a solucionar para alcanzar el objetivo, y entrevista a expertos en cada una de las distintas materias implicadas, quienes le ofrecen posibles soluciones basadas en el actual estado del arte científico/tecnológico.
Una vez hecho todo esto, Kaku acepta algunas de las soluciones, pero siempre hay una o dos en la que dice "Oh, pero todo esto es muy complicado y peligroso, me voy a inventar la solución que a mí me salga de la minga!", y dicho y hecho, diseña una solución distinta a lo que le han dicho el resto de colegas, y va a preguntarle a un científico más para que le diga "Oh, sí, en efecto, eso tendría que funcionar, eres un genio, Kaku". E incorpora la idea a su solución final.
Por último, una vez llevado este proceso a lo largo de cerca de veinte minutos de programa, monta una bonita animación con estilo pseudo-científico [4] y se la presenta a un puñado de frikis disfrazados de personajes de películas de sci-fi para que opinen sobre ella. Todos sabemos que una propuesta, por muy disparatada que sea, siempre se vende mejor si después de hacerla entrevistas a un stormtrooper que diga "Gracias a esta tecnología lograremos extender el Imperio y exterminar a la Resistencia" [5].

El programa, en conjunto, es flojo. Lo que se cuenta es excesivamente superficial, y las soluciones finales son, si cabe, más ficticias e impracticables que las aportadas por los escritores del género literario. En concreto me ha hecho gracia un razonamiento sobre cómo terraformar Marte. El problema aquí era cómo calentar la superficie del planeta para producir dióxido de carbono y por tanto un efecto invernadero y una atmósfera similar a la terrestre. Entonces, Kaku dice:
Pues eso, sencillísimo.
En resumen, no perdáis el tiempo con este programa. La premisa es prometedora pero se queda en agua de borrajas. Para este tipo de cosas, sigo prefiriendo muy de lejos blogs como Física en la ciencia-ficción. Y en caso de que seáis unos cabezotas sin remedio y a pesar de todo queráis ver algo, aquí están los primeros capítulos de la segunda temporada.
[1] Bueno, en la TDT de España hay un "Canal Ingeniería", pero lleva en negro desde que instalamos el decodificador, así que...
[2] El equivalente no friki a "Quién es más fuerte, Superman o Batman?"
[3] Habrá quien leído esto considere que el programa ya no es divertido. Y puede que hasta tenga razón.
[4] Es importante para este tipo de presentaciones que todo objeto esté diseñado como mallas de polígonos (de modo que parezcan todos salidos del Battlezone) y cuente con un montón de fórmulas matemáticas y ondas voladoras de fondo.
[5] Algún publicista (o quien quiera que los haga) debería plantearse incluir Stormtroopers en los anuncios de la teletienda. No me digan que no venderían mucho más si dijesen que "los nuevos Cuchillos Mágicos del Chef Tony son capaces de cortar latas, madera... Y hasta el casco de un Tie-Fighter!"
El look high-tech es importante
Hay que reconocerlo, los americanos tienen una forma totalmente distinta a la nuestra de hacer y vender sus programas culturales. En nuestro país, para dar algo de contenido cultural a la programación de la tele cogemos a Punset (que como todo el mundo sabe, es premio Nobel por ciencia infusa), le mandamos a entrevistar a investigadores de absolutamente cualquier rama de la ciencia, y luego lo emitimos en La 2 a las cuatro de la mañana. En USA, en cambio, montan un canal entero de televisión [1] y lo llenan de contenido espectacular.
Y por espectacular no me refiero a programas que veas y digas "Woala! Con esto ya conozco la respuesta a la vida, el universo, y todo lo demás!", sino a que convierten la divulgación en un show. Quieren comprobar cómo funciona una catapulta, y se cargan una grúa entera (minuto 1:10). Quieren ver qué es más fuerte, un rinoceronte o un elefante [2] y construyen réplicas de acero al grito de "Mi rinoceronte va a hacer trizas a tu elefante, ya lo verás!" "Ah, sí? Pues mi elefante va a poner a tu rinoceronte en órbita".
Vamos, que básicamente se dedican a gastarse un dineral jugando a hacer el cafre y luego gritan...

Atrás, voy a intentar CIENCIA
He de decir que aunque Sci Fi Science sigue también la premisa de hacer un espectáculo de la ciencia, no se gastan tanto dinero ni hay destrucción de la propiedad ajena [3]. La receta en esta ocasión es sencilla: Sacas un tema recurrente en la ciencia ficción, se lo planteas a tu presentador, un físico teórico (Michio Kaku, uno de los desarrolladores de la teoría de cuerdas) que dice ser aficionado a la sci-fi, y le mandas a que investigue la forma de lograr lo planteado mediante la ciencia y la tecnología actuales.
Kaku se plantea los distintos problemas a solucionar para alcanzar el objetivo, y entrevista a expertos en cada una de las distintas materias implicadas, quienes le ofrecen posibles soluciones basadas en el actual estado del arte científico/tecnológico.
Una vez hecho todo esto, Kaku acepta algunas de las soluciones, pero siempre hay una o dos en la que dice "Oh, pero todo esto es muy complicado y peligroso, me voy a inventar la solución que a mí me salga de la minga!", y dicho y hecho, diseña una solución distinta a lo que le han dicho el resto de colegas, y va a preguntarle a un científico más para que le diga "Oh, sí, en efecto, eso tendría que funcionar, eres un genio, Kaku". E incorpora la idea a su solución final.
Por último, una vez llevado este proceso a lo largo de cerca de veinte minutos de programa, monta una bonita animación con estilo pseudo-científico [4] y se la presenta a un puñado de frikis disfrazados de personajes de películas de sci-fi para que opinen sobre ella. Todos sabemos que una propuesta, por muy disparatada que sea, siempre se vende mejor si después de hacerla entrevistas a un stormtrooper que diga "Gracias a esta tecnología lograremos extender el Imperio y exterminar a la Resistencia" [5].

"Y encima me pagan por hacer esto!"
El programa, en conjunto, es flojo. Lo que se cuenta es excesivamente superficial, y las soluciones finales son, si cabe, más ficticias e impracticables que las aportadas por los escritores del género literario. En concreto me ha hecho gracia un razonamiento sobre cómo terraformar Marte. El problema aquí era cómo calentar la superficie del planeta para producir dióxido de carbono y por tanto un efecto invernadero y una atmósfera similar a la terrestre. Entonces, Kaku dice:
"Una buena solución tiene que ser a la vez sencilla y elegante. Como instalar centrales nucleares en la superficie marciana es peligroso, mi solución es instalar cohetes en la parte trasera de enormes asteroides para dirigirlos hacia Júpiter, donde tomarán impulso mediante su fuerza gravitatoria para ser lanzados a gran velocidad contra la superficie de Marte. De ese modo, desencadenaremos un Armageddon en el planeta rojo que hará que su temperatura aumente."
Pues eso, sencillísimo.
En resumen, no perdáis el tiempo con este programa. La premisa es prometedora pero se queda en agua de borrajas. Para este tipo de cosas, sigo prefiriendo muy de lejos blogs como Física en la ciencia-ficción. Y en caso de que seáis unos cabezotas sin remedio y a pesar de todo queráis ver algo, aquí están los primeros capítulos de la segunda temporada.
[1] Bueno, en la TDT de España hay un "Canal Ingeniería", pero lleva en negro desde que instalamos el decodificador, así que...
[2] El equivalente no friki a "Quién es más fuerte, Superman o Batman?"
[3] Habrá quien leído esto considere que el programa ya no es divertido. Y puede que hasta tenga razón.
[4] Es importante para este tipo de presentaciones que todo objeto esté diseñado como mallas de polígonos (de modo que parezcan todos salidos del Battlezone) y cuente con un montón de fórmulas matemáticas y ondas voladoras de fondo.
[5] Algún publicista (o quien quiera que los haga) debería plantearse incluir Stormtroopers en los anuncios de la teletienda. No me digan que no venderían mucho más si dijesen que "los nuevos Cuchillos Mágicos del Chef Tony son capaces de cortar latas, madera... Y hasta el casco de un Tie-Fighter!"
El conocimiento humano
Ayer andaba yo comentando, delante de una cerveza, una idea que me ronda por la cabeza de vez en cuando: "¿No me habré acaso equivocado yo a la hora de escoger mi trayectoria académica?". He hecho la carrera, he hecho un máster, y ahora estoy embarcado en un doctorado. Y los proyectos que he hecho en cada una de las tres etapas no tienen absolutamente nada que ver el uno con el otro; cada cual va por su lado en direcciones considerablemente diferentes.
Y por eso en ocasiones me planteo si no hubiese sido mejor especializarme en un único aspecto concreto, hacer fuerza ahí y tratar de convertirme en el mejor en ese pequeño campo. A veces es inevitable que ese tipo de ideas surjan... Y por eso, siempre se agradecen infografías como la siguiente, que publicaron a finales de agosto en identidadgeek.com.
Y por eso en ocasiones me planteo si no hubiese sido mejor especializarme en un único aspecto concreto, hacer fuerza ahí y tratar de convertirme en el mejor en ese pequeño campo. A veces es inevitable que ese tipo de ideas surjan... Y por eso, siempre se agradecen infografías como la siguiente, que publicaron a finales de agosto en identidadgeek.com.
Gracias a Cattz por el shareo en Google Reader.
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)



