Ando yo preguntándome...
Si cada vez hay menos trabajadores de Metro en las taquillas y hay que usar los interfonos [1].
Si a excepción del lavado de cara de unas cuantas estaciones cada año no se aprecian importantes mejoras en la infraestructura de Metro.
Si cada vez se ven menos guardias de seguridad y por tanto los abremochilas pueden pulular libremente por las estaciones.
Si yo esta mañana cuando he visto a cinco de ellos colarse en Nuevos Ministerios en busca de algún imprudente a quien robar he llamado por el interfono, han tardado un par de minutos en responder, les he contado lo que he visto, y a pesar de ello no ha aparecido absolutamente nadie de seguridad para hacer nada...
Entonces ¿cómo demonios se justifica la subida interminable de precios de billetes y abonos?
[1] Excepto cuando se trata de estaciones en las que también hay que picar a la salida. Esas están repletas de revisores para asegurarse de que apoquinas.
Mostrando entradas con la etiqueta metro de Madrid. Mostrar todas las entradas
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El bolsillo pequeño de mi mochila
El bolsillo pequeño de mi mochila ha tenido mucho uso. En general toda mi mochila ha tenido mucho uso (hace casi ocho años que la tengo, ha visto tanto mundo como yo y la sigo usando a dirario) pero el bolsillo pequeño ha sido siempre el más castigado. He llevado libros, cuadernos, gafas de sol, marañas de cables, bolígrafos y rotuladores que se han destintado dentro, bolas de papel, rollos de celo, tornillos, llaves y mil y una cosas más (hasta ropa interior en algún viaje que he hecho). El recubrimiento interior está ya hecho polvo, el pobre, de tanto trajín que lleva. Pero yo lo sigo usando para guardar ahí todo tipo de cosas.
Afortunadamente esta mañana, cuando un valiente hijo de puta me ha abierto la cremallera del bolsillo pequeño, sólo llevaba unos cascos de 9€, un cable de datos, las gafas de ver de lejos y cuatro bolígrafos (uno de ellos casi sin tinta, debería gastarlo y tirarlo). Y ha sido gracias a un golpe de suerte porque hoy, antes de salir de casa, había metido ahí el ebook y no tenía intención de sacarlo ya que iba a ir viendo The Walking Dead en el móvil, pero como no entendía bien el acento de algunos de los actores he guardado el móvil y sacado el libro electrónico antes de bajar al metro.
Moraleja 1 de la historia: A veces saber idiomas no es bueno.
Moraleja 2 de la historia: Hijo de puta que me has intentado robar, como alguna vez te pille intentándolo de nuevo, te meto dos ostias.
Afortunadamente esta mañana, cuando un valiente hijo de puta me ha abierto la cremallera del bolsillo pequeño, sólo llevaba unos cascos de 9€, un cable de datos, las gafas de ver de lejos y cuatro bolígrafos (uno de ellos casi sin tinta, debería gastarlo y tirarlo). Y ha sido gracias a un golpe de suerte porque hoy, antes de salir de casa, había metido ahí el ebook y no tenía intención de sacarlo ya que iba a ir viendo The Walking Dead en el móvil, pero como no entendía bien el acento de algunos de los actores he guardado el móvil y sacado el libro electrónico antes de bajar al metro.
Moraleja 1 de la historia: A veces saber idiomas no es bueno.
Moraleja 2 de la historia: Hijo de puta que me has intentado robar, como alguna vez te pille intentándolo de nuevo, te meto dos ostias.
Chica del metro...
Chica del metro de ayer:
Los dos íbamos montados en un vagón de la línea 3 del metro de Madrid, sentados el uno frente al otro. Yo llevaba una sudadera a cuadros marrones y negros, e iba leyendo un libro cubierto con un forro hecho con un folio, varios dibujos recortados y mucha cinta adhesiva. Tú ibas frente a mí, y estabas empezando a leer 1984.
Sé que era 1984 porque era la misma edición que leí yo en su momento, de Destino Libro, con el patio lleno de escombros en la portada. Y dado que fue un libro que me marcó, la portada también se me quedó grabada en la memoria. Así que me he estado fijando un poco más y he podido comprobar que no solo abres las puertas de un mundo a partes iguales maravilloso y aterrador, o más bien maravillosamente aterrador, sino que además el libro lo has sacado de una biblioteca. Tenía el punto verde en el canto y cuando lo has abierto he podido ver fugazmente el exlibris de la biblioteca en la primera página.
Leí una vez que un libro es una herramienta para generar recuerdos compartidos. En tu caso has de saber que no sólo vas a pasar a experimentar las mismas alegrías, miedos, odios y amor que hemos vivido quienes hemos disfrutado de esa fantástica e inquietante obra de Orwell, sino que ese mismo volumen que hoy sujetabas entre tus manos ha sido el causante directo de provocar esas emociones en mucha gente antes que tú y lo será de causárselas a muchos después de ti.
Así que chica del metro de ayer... ¿Quieres dejar de doblar así el libro? ¿Por qué demonios retuerces la portada hacia atrás hasta pegarla a la contraportada arrugando la tapa y forzando la encuadernación hasta que alguna hoja se despegue? ¿No te das cuenta acaso de que las páginas amarillean ya y que, no siendo tuyo, no puedes tratarlo como se te ponga en las narices sino que tienes que hacerlo con un poco de cuidado? Por culpa de actitudes como la tuya muchos libros de las bibliotecas públicas están estropeados, subrayados, con hojas sueltas, reencuadernados una y cien veces, con trozos de hoja doblados, o directamente cayéndose a pedazos.
Probablemente 1984 te vaya a maravillar. Empezarás a leerlo, terminarás devorándolo y cuando años después recuerdes la última línea del libro se te pondrá la carne de gallina. Pero por favor, permite que después de ti muchos otros lectores puedan disfrutar como lo vas a hacer tú. Y eso sólo podrás hacerlo si cuidas ese libro que sacaste de la biblioteca y lo devuelves en las mejores condiciones posibles.
Los dos íbamos montados en un vagón de la línea 3 del metro de Madrid, sentados el uno frente al otro. Yo llevaba una sudadera a cuadros marrones y negros, e iba leyendo un libro cubierto con un forro hecho con un folio, varios dibujos recortados y mucha cinta adhesiva. Tú ibas frente a mí, y estabas empezando a leer 1984.
Sé que era 1984 porque era la misma edición que leí yo en su momento, de Destino Libro, con el patio lleno de escombros en la portada. Y dado que fue un libro que me marcó, la portada también se me quedó grabada en la memoria. Así que me he estado fijando un poco más y he podido comprobar que no solo abres las puertas de un mundo a partes iguales maravilloso y aterrador, o más bien maravillosamente aterrador, sino que además el libro lo has sacado de una biblioteca. Tenía el punto verde en el canto y cuando lo has abierto he podido ver fugazmente el exlibris de la biblioteca en la primera página.
Leí una vez que un libro es una herramienta para generar recuerdos compartidos. En tu caso has de saber que no sólo vas a pasar a experimentar las mismas alegrías, miedos, odios y amor que hemos vivido quienes hemos disfrutado de esa fantástica e inquietante obra de Orwell, sino que ese mismo volumen que hoy sujetabas entre tus manos ha sido el causante directo de provocar esas emociones en mucha gente antes que tú y lo será de causárselas a muchos después de ti.
Así que chica del metro de ayer... ¿Quieres dejar de doblar así el libro? ¿Por qué demonios retuerces la portada hacia atrás hasta pegarla a la contraportada arrugando la tapa y forzando la encuadernación hasta que alguna hoja se despegue? ¿No te das cuenta acaso de que las páginas amarillean ya y que, no siendo tuyo, no puedes tratarlo como se te ponga en las narices sino que tienes que hacerlo con un poco de cuidado? Por culpa de actitudes como la tuya muchos libros de las bibliotecas públicas están estropeados, subrayados, con hojas sueltas, reencuadernados una y cien veces, con trozos de hoja doblados, o directamente cayéndose a pedazos.
Probablemente 1984 te vaya a maravillar. Empezarás a leerlo, terminarás devorándolo y cuando años después recuerdes la última línea del libro se te pondrá la carne de gallina. Pero por favor, permite que después de ti muchos otros lectores puedan disfrutar como lo vas a hacer tú. Y eso sólo podrás hacerlo si cuidas ese libro que sacaste de la biblioteca y lo devuelves en las mejores condiciones posibles.
Atentamente,
Interloper
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