Hoy mismo, volviendo tarde a casa de trabajar en el laboratorio, y después de que un grupo de italianos me preguntasen dónde podían conseguir marihuana (esas cosas típicas que te pasan cuando caminas por lugares poco transitados a horas intempestivas), iba un hombre mayor, probablemente más cerca de los setenta que de los sesenta años, hablando con, vamos a suponer, su novia. Y claro, por todo el mundo es sabido que muchas veces, cuando quieres mucho a tu novia, la echas de menos y te pones a hablar con ella por teléfono, a veces uno se pone un tanto romántico. Como nuestro hombre en cuestión, que iba diciendo cosas al teléfono como:
- "Que te echo mucho de meeeenos..."
- "Que las noches son un sufrimiento eterno si no estás a mi lado"
- "Que te quiero, te quiero mucho muchísimo, mi amor"
Se ve que el hombre está muy enamorado, sí. Pero la verdad, cuando va diciendo esas cosas a voz en grito a través del móvil en medio de un vagón repleto de gente... Y en un tono de voz que lo único que conseguía traerme a la cabeza eran esos viejetes verdes que se ligan a una venezolana de la mitad de edad y con la que hablan refiriéndose a ella como "Ay, mamita"... El efecto producido no ha sido, precisamente, lo que podríamos denominar tierno.
Y si ya encima mientras estás escuchando eso miras de reojo al resto de gente del vagón y cuando cruzas la mirada con el heavy de al lado se le escapa un "Mmpppfffffff..." de risa ahogada, para qué quieres más.