Vacaciones al Luso 3: ¡Nos quiere emborrachar!

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Finalmente en el hotel después de todo el día pateando suelo vecino. Hoy tocaba ver una parte que nos faltó ayer por visitar de Lisboa (un poco de la parte norte, con el gran parque te tienen allí y la estufa fría), y después hemos echado la tarde visitado Sintra. La parte que nos quedaba por visitar de la capital nos ha mostrado una impresionante panorámica completa desde uno de los puntos más elevados de la ciudad (junto a la Estufa Fría) y, aunque quedaron algunas cosas sin ver, me deja con un excelente sabor de boca.

Aunque si ayer ya os decía que el compartir península hace que tengamos muchas cosas en común, hoy el atasco de más de una hora que nos hemos tenido que chupar porque había un evento en la Plaza del Comercio, con el consecuente desvío del tráfico embotado completamente por culpa de un agente de movilidad no viene más que a corroborar mis palabras previas. Al menos, una vez superado ese punto, hemos podido seguir con nuestra ruta prevista para el día.

Y tengo que decir que, si alguna vez venís de vacaciones a Portugal, Sintra es una visita absolutamente imprescindible. Un frondoso bosque cubre una serie de montañas, dos de ellas coronadas por las formas de sendos castillos. A medida que avanzas por la carretera, empiezan a aparecer por entre los árboles, aquí y allá, casas de estilo palaciego. De repente, una gran cuesta aparece ante ti (una más después de las que ya habías subido, quiero decir) y una vez la subes llegas a la plaza del pueblo, una explanada alrededor de la cual se apiñan todo tipo de edificios y de la cuál, entre estos últimos, nace toda una red de callejuelas que, unas con escalones y otras en liso, suben o bajan por las laderas de la montaña. Si te asomas al mirador, o llegas al final de esas calles, vuelves a encontrar verde por todas partes. Una postal totalmente de ensueño (aunque no para quien se compre una casa alli y descubra que su hogar está en la parte de arriba del todo y la panadería en la de abajo, claro) que merece la pena visitar.

Una vista de Sintra

Y el Castillo da Pena es espectacular. Pintado en una gran variedad de colores y con mil formas fantásticas talladas en cada rincón son un espectáculo que no hay que perderse si viajas a Portugal.

Detalle de la entrada al palacio.

Y para terminar, hemos cerrado el día (y prácticamente las vacaciones, porque mañana a primera hora nos volvemos para Madrid pasando antes por Cáceres) con una puesta de sol en Peniche. Un lujo, vaya. Al volver al hotel, y después de cenar en el restaurante donde comimos el primer día (aunque mucho más ligerito) nos hemos venido a la casa rural/hotel donde estamos durmiendo. Y he constatado que, definitivamente, la mujer que lo lleva, de unos 60 años, nos quiere emborrachar. Cada uno de los tres días que hemos estado aquí nos ha invitado, cuando hemos vuelto a nuestras habitaciones por la noche, a tomar un trago. Las tres veces hemos declinado la oferta, y las tres veces nos ha insistido.

Cada mañana en el desayuno nos ha hecho un pastel o bizcocho artesanal, y el del primer día fue uno de chocolate que estaba riquísimo, y así se lo dijimos. Hoy, después de haber rechazado nuevamente en dos ocasiones el chupito, ha cambiado la estrategia. Nos ha ofrecido probar el nuevo pastel de chocolate que, como el primer día, ha preparado. Nosotros le hemos dicho que no una primera vez. Pero es que estaba muy rico. Así que al final hemos accedido a que nos partiese un cacho a cada uno...

Sus armas de chantaje...

... y en cuanto hemos empezado a menar la mandíbula nos ha sacado la botella de licor casero, una especie de pacharán portugués (no me he quedado con el nombre, estaba demasiado ocupado con mi pastel de chocolate), y nos ha servido un chupito a cada uno "para pasar mejor la comida".  Así que al final la mujer ha logrado, mediante malas artes, su objetivo de que probásemos la receta espirituosa. Que a decir verdad, estaba bastante buena, con un sabor parecido pero algo más suave al del pacharán.

Al menos, una vez conseguido el objetivo, nos ha dejado oponernos a repetir con una segunda copa, si no a estas alturas de la noche me veo tratando de subir las escaleras hacia mi habitación a cuatro patas...

3 comentarios :

Lady Boheme dijo...

Oye, podría ser peor, podría haberos intentado matar, al menos sólo quería alcoholizaros...

Jo, tarta de chocolate, qué envidia!! Es una de las tantas cosas (salvo que la haga yo) que no puedo comer, snifff!!

¡Besines!

Interloper dijo...

Visto así... Pero vamos, que después de llevar todo el día pateando, la verdad es que de emborracharse tampoco había muchas ganas xDxD

Y es una pena que no puedas comer tarta de chocolate... Y más esa, que la receta es súper sencilla y estaba riquísima. ¿A qué tienes alergia, al cacao?

Lady Boheme dijo...

Nop, intolerancia a la lactosa... aunque sé de un par de casos en que se terminó pasando, confío en que me ocurra lo mismo. De momento, la evito a toda costa, y como mucho más sano!!