Es una ciudad con muchísimo encanto, con grandes avenidas repletas de árboles y pequeñas callejuelas donde no caben más de dos personas hombro con hombro. Es una ciudad que bulle de actividad, que tiene gente moviéndose a todas horas de un lado para otro desde la mañana hasta la noche, dominada por el castillo de San Jorge que la vigila desde lo alto. Y sobre todo es una ciudad que acoge y se enorgullece de su pasado y de su antiguedad. Hay casas con la pintura desconchada junto a grandes nuevas estructuras o fachadas cubiertas de baldosas pintadas desde el suelo hasta el tejado. Hay espectáculos de fados en locales junto a las discotecas con música más actual, los tranvías más modernos comparten raíles con los de época, y las mujeres con el traje regional portugués esperan al semáforo al lado del turista japonés con cámaras digitales último modelo. Es una ciudad de contrastes y muchas, muchas cuestas. Nunca se me ocurriría comprarme una bicicleta si viviese aquí.
Un tranvía modelo clásico esperando a que nos movamos.
A veces el choque linngüístico es inevitable... Noteríasnoteríasnoterías
Pero en algunas cosas, esto de que compartimos península se nota y los portugueses, en muchas cosas, son exactamente iguales que nosotros. También aquí te encuentras obreros a las doce de la mañana durmiendo la siesta a la sombra en la parte de atrás de la camioneta. También aquí los pesetas [1] hacen guarradas al volante en cuanto tienen ocasión. También aquí los carteristas utilizan el truco de llevar la chaqueta doblada sobre el brazo para levantarte el dinero [2]. Y también aquí hay quien aparca donde le sale de los mismísimos. Como el tipo inteligente que esta mañana no ha tenido otra ocurrencia que aparcar...
... en medio de las vías del ferrocarril, claro que sí. Lo cual ha provocado que nos hayamos quedado a nuestra vuelta de ver Belém, con su torre, el Monumento dos Descubridores y el Monasterio de los Jerónimos, y de comernos unos inevitables pasteles de nata (¡¡tengo que aprender a hacer esa receta!!) esperando durante más de media hora en el tranvía, sin aire acondicionado, con un calor endemoniado, y mientras que tanto el del tranvía como un policía de tráfico que por allí pasaba hacían sonar cláxon y sirena para llamar la atención del dueño del coche. Por supuesto, en estos treinta mintos se ha formado un atasco de impresión, porque el tranvía se ha quedado en medio de un cruce.
Finalmente ha aparecido el dueño con cara de "Anda, ¿así que estas cosas metálicas del suelo son vías de tranvía? Fíjate qué curioso." y, para regocijo de todos los que íbamos montados en el transporte público, mientras nuestro tranvía se alejaba hemos podido ver al agente de circulación sacando unos cuantos papeles para, sin duda alguna, pedirle un par de autógrafos al destinatario del 68% de los insultos que, en esos treinta minutos, se han dicho en toda Lisboa.
Así que sí, nos parecemos en algunas cosas... Pero nos seguimos diferenciando en otras. Aquí, por lo menos, el policía aparece en el momento adecuado y al tío le cae el multón. En Madrid todavía seguiríamos subidos en el vagón.
[1] Hay quien, erróneamente, llama "taxistas" a esta gente.
[2] No, tranquilos, a nosotros no nos han robado nada, pero sí hemos visto a un tío pillar a un carterista hoy en la parada del tranvía y casi salen a palos.
PD: Sé que las fotos que he colgado no son la novena maravilla ni lo más representativo de Lisboa, pero a estas alturas de la noche eran las únicas que tenía a mano... Tengo pensado poner, en el momento en que corresponda, alguna foto más, así que las habrá, las habrá, que para algo hemos sacado algo así como... miles de ellas. xD


