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The Irish Experience 2009 Vol. III: The Spanish Mafia

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Sí, lo reconozco, me quedé a mitad de la historia en agosto, pero es que las vacaciones son las vacaciones, y el relax es el relax. Para los que (todavía a estas alturas) tengáis algún tipo de interés en saber qué pasó en los dos últimos días de mi visita de congreso a Cork, aquí os dejo con la tercera parte de las andanzas.



Anoche no llegué a postear nada, y es que no aparecí por mi habitación del hotel hasta las tres de la mañana... Claro, es lo que pasa cuando se junta un grupo medianamente populoso (quicir, dos o más) de españoles: que aunque sea martes, se sale. Pero bueno, hago report ahora, y a quien no le guste, que no siga leyendo.

De lo que viene siendo el día la verdad es que no hay gran cosa que contar... Quería avanzar un poco en el proyecto, así que me quedé en la habitación con el portátil, mirando un súper-divertido código en C++. Jolgorio y diversión. ¿Por qué no lo hice llevándome el portátil a las charlas? Porque en casa de herrero, cuchillo de palo, y en un congreso de informática y microelectrónica, a nosotros no nos han puesto wi-fi (perdón, wai-fai). Ya por la tarde, después de comer, y de camino de vuelta a la habitación para seguir un poco con el curro, me pasé un poquillo por una de las "visitas obligatorias" de Cork, el Mercado Inglés. Que, a efectos prácticos, es como el típico mercado de barrio que puedes encontrar en Madrid o cualquier otra ciudad de España, con su mezcla de olores provenientes del pescado fresco (o semi-fresco), los puestos de fruta, o los de carne, solo que añadiendo un par de cafeterías "chic" donde tomar un poco de agua sucia (perdón, de café), y sin gitanas tratando de venderte "treh meloneh veinte duros, niña!" a la puerta. Pero el resto, ninguna otra diferencia sustancial.

Ya de paso, y como estaba empezando a chispear un poco (ya sabéis, los diez minutos de rigor, y luego sol otra vez) y por la noche teníamos la cena de gala, decidí meterme a una tienda a comprarme una camisa con la que ir un poco apañado al evento. Encima aquí están de rebajas, y se las toman en serio: 50% de descuento en la mayoría de los casos, y hasta el 70 de tanto en cuanto. Total, que después de probarme la camisa que finalmente me compré, pasé un rato intentando decidir si la otra de G-Star por 35 euros, caía también o no... Pero al final fue que no, cosas de la vida. Ya con mi compra, y después de explicarle al de la tienda que, aunque soy de Madrid, no me gusta el fútbol (ya sabéis, en este mundo, si eres español, te gusta el deporte rey si o si, o de lo contrario, te miran raro), me marché para el hotel a seguir con el PC.

Llegado el momento, salí para la universidad otra vez, bien guapete con mi camisa nueva y una sudadera para el fresco, y llegué justo a tiempo para la foto de grupo. ¡Un minuto mas, y me quedo fuera! Luego pasamos al Aula Máxima para empezar el banquete. Por el camino me encontré al grupo de tres sevillanos que han venido también al congreso, y con ellos me senté a cenar. ¿Os acordáis lo que os comenté ayer de un canadiense que en su charla hablaba tan a toda velocidad que era imposible entender la mitad a no ser que estuvieses concentrado totalmente en lo que estaba contando? Bien, pues con el también nos sentamos a cenar. Y aunque seguía habiendo ciertas frases de su conversación, digamos, oscuras, ya en una charla relajada cara a cara se le entendía bastante mejor. Serían los nervios del directo los que le hicieron disparar la velocidad de parloteo.



Buena conversación, comida sabrosa y bien cocinada, un vinito argentino que no era una maravilla pero se dejaba beber (y menos mal, porque a ver cómo le pides a esta gente una botella de gaseosa aqui...), y para rematar la velada, una pequeña demostracion de baile típico irlandes, muy entretenido todo.



Y asi llego la hora de levar anclas. Y es ahí cuando el "spanish style" entró en juego. Segun nos levantamos, los sevillanos me presentaron a otro español mas que ha venido a la conferencia y que lleva unos años trabajando en Ginebra, en el CERN. A los cinco en seguida nos siguieron cuatro personas mas (un turco, un indio, un americano y un finlandes). Cristina, mucho que se dice que los italianos son tan fiesteros como nosotros, al final no se apuntó. Señores ministros, ¡les insto a que le pongan un negativo! Y como suele decirse, "Esto me pasa por hablar". ¿Recordais a Don Loquendo? Pues... Efectivamente, era uno de los integrantes del grupo. Ademas, se hospeda en mi mismo hotel.

Llegamos al primer bar, nos tomamos las dos primeras, y cuando dieron las once de la noche empiezan a bajar las persianas y dar la vuelta a las sillas. Wait, what? Ah, bueno, claro, que es martes... Qué le vamos a hacer. Cogimos por banda al primer grupo de irlandeses suficientemente sobrios que encontramos saliendo por la puerta, y les preguntamos por algún sitio que cerrase mas tarde. Despues de que nos explicasen cuatro formas distintas de llegar, supuestamente, al mismo sitio (aunque si mi sentido de la orientacion no me falla juraría que con cada indicación acabariamos en puntos diametralmente opuestos de la ciudad), finalmente conseguimos hacernos un mapa de situación. La idea era, basicamente, ir al bar en la esquina opuesta del bloque en el que nos encontrábamos. Po fale. The Washington Pub, se llamaba el sitio. Entramos, pedimos una ronda, y mientras esperamos a que nos la sirvan, me pongo a charlar con uno de los sevillanos. Unas chicas al lado se nos quedan mirando, y decimos "Ey... ¡Vosotras sabeis español!" "Si, ella es de Granada, yo soy de Cordoba". Y de repente, aparecidos de la nada, los otros dos sevillanos se materializan entre las chicas y nosotros, y se ponen a ligar. ¡Menuda velocidad! Flash estaria orgulloso.

Total, que nos sirven la cerveza, le pego un trago a mi Murphy's... ¡Y nos encieden la luz! ¡Que nos van a echar tambien! Joder, cuando a los irlandeses de antes les preguntamos por un sitio que cerrase mas tarde, no estabamos pensando en... diez minutos mas tarde. Asi que ale, tomarse la cerveza y volver a asaltar a otro grupo para pedir indicaciones, esta vez con mas éxito. Nos hablan de una discoteca un par de calles mas allá que abre hasta las dos de la mañana. Bueno, eso son solo dos horas y media más de fiesta, pero para ser entre semana, tampoco vamos a quejarnos... mucho.

Pachangueo, electrónica... No estaba mal el sitio. Dejo mi sudadera en un lugar que parece lo suficientemente limpio, y me pongo a bailotear un poco. Por el camino hemos perdido a unos cuantos miembros del grupo (el indio y el finlandes se marchan, el segundo con la excusa de que presentaba hoy por la mañana... Si hubiese sido de Albacete, otro gallo cantaría), ¡y entre ellos dos sevillanos! O habían conseguido ligarse a las andaluzas del otro bar y no nos querían decir a donde iban, o realmente se marchaban a casa. Espero que fuese lo primero, porque si no, voy a reclamar un Ministerio de Exteriores para la próxima, y me voy a inflar a poner negativos a diestro y siniestro. Pero bueno, todavia quedamos el del CERN, uno hispalense, el americano y... Don Loquendo. Este último, acorde a su estilo de presentación, se sienta en la barra, se pide una copa, y se queda ahi, a su bola... Pues machote, tu te lo pierdes. El americano es un show, pegándose unos bailes desternillantes, y arrimándose a toda falda que se encuentra. Con los otros dos españoles, de risas y haciendo el tonto. En una de estas me giro para controlar mi sudadera... Que ya no está. ¡¿Será posible?!

Me doy una vuelta por la discoteca mirando a ver, no vaya a ser que la hayan movido de sitio o algo. Si realmente me la han robado, el que lo haya hecho no habra sido tan estúpido como para quedarse bailando con ella en la mano. Pero este es otro país, son otras costumbres, e idiotas siempre hay en todas partes. Y siempre cabe la posibilidad de que alguien se haya equivocado al coger su chaqueta, y se haya llevado la mía por error. Después de un par de vueltas infructuosas me acerco al ropero y le pregunto a la chica al cargo allí, en mi mejor inglés...

- "Sorry, has anyone brought a lost Billabong black sweater with zipper?"
- "Tu eres español, no?"

Mierda, y yo que pensaba que tenía un acento inconfundiblemente de Oxford... Al parecer mi acento es de... Bueno, de un poco mas al sur de lo que está Oxford. Un poco más... bueno, continental. Al menos le puedo explicar bien a la chica, madrileña también, qué es lo que ha pasado, y afortunadamente, me dice que sí, que la supervisora de la discoteca, en noches como la de ayer, en la que no hay mucha gente, se dedica a coger las chaquetas "olvidadas" y a llevarlas al ropero, y que tiene la mía. ¡Pues me quitas un peso de encima! Además de recuperar la sudadera, me quedo hablando con ella un rato y me recomienda unos cuantos garitos por los que salir, y cosas que ver para cuando me vaya a Dublín... Al parecer merece bastante mas la pena los sitios alrededor de Dublín que la propia ciudad en sí, asi que me apuntaré alguno que otro y ya veremos si la muchacha tiene buen ojo o no.

Esta es la foto más clara que tengo de la discoteca... ¡Lo siento mucho!



Ahora mismo ando en la sala de ordenadores del congreso, pero esto no lo publicaré hasta esta noche, cuando vuelva por el hotel... Porque aquí, como buen teclado inglés, no tengo ni acentos ni eñes, así que antes de subirlo lo editaré para ponerlo bonito y añadir las fotos... Esta noche tenemos la visita a la destileria de Jameson, y luego la cena de cierre del congreso, porque ya mañana jueves y el viernes lo que tenemos son las Tutorial Sessions, pero no quería dejar esto sin escribir porque supongo que de la visita y la cena tendre tambien más cosas que contaros (aunque, para el momento en que publique esto, ya habrán sucedido), y no quiero que se me acumulen los envios por hacer...

¡Mañana terminamos esta odisea!

The Irish Experience 2009 Vol. I: "Heuston, tenemos un problema"

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Allá por julio de 2009 tuve que ir a Cork (Irlanda) a presentar en el congreso PRIME2009 el primero de mis papers. Durante los cinco días de estancia por tierras irlandesas escribí en Facebook, al igual que hace poco hice aquí con el viaje a Portugal, las cosas que me iban sucediendo en aquellos días. Como ahora ha llegado el mes de agosto y no me apetece una mierda escribir pero no quiero dejar el blog totalmente de lado tenéis más tiempo para ir leyendo cositas, he decidido recuperar esas entradas, revisarlas y publicarlas por aquí también. Bienvenidos pues a The Irish Experience 2009.



Por fin en el hotel, con ropa de estar por casa, con internet (de pago, qué remedio) y lo más importante... en Cork. Que parecía que el momento no iba a llegar. Señores, el viaje a Irlanda ha sido toda una experiencia. Lo de Ulises, en comparación, ¡una mierda!

Todo estaba planeado a la perfección para que nada saliese mal. Murphy, como te quiero. El scheduling era el siguiente:

- El avión llega a Dublin a las 17h15. Entre recoger el equipaje, encontrar la salida del aeropuerto (suelen ser fáciles de localizar, con vistas a la calle) y alguna cosa más digamos que nos ponemos en las 17h40. A esa hora, cojo un taxi a Heuston Station, la estación de trenes.
- A las 18h00 sale un tren desde Dublin con destino Cork, que cojo. Llego a la ciudad en la que tengo el congreso a las 20h45.
- Encuentro el hotel, que está casi al lado de la estación, y a las 21h estoy ya acomodado. A ser posible, me voy a explorar los alrededores en busca de pubs, y por qué no, cenar algo en alguno de ellos.

Parece fácil, ¿verdad? Bien, empecemos...

El vuelo, plagado de chavales de 16 y 17 años camino a unas vacaciones "para aprender inglés" (¡y una mierda!) en plan de intercambio, se ha retrasado. Al parecer, en vez del caso típico en el que a un pasajero le falta el equipaje, esta vez las maletas estaban en su sitio... Pero no así el dueño. Total, que con o sin maletas, con o sin propietario, hemos despegado rumbo a la isla de la Guiness con media hora de retraso.

Ya en el aeropuerto, he visto cómo me daban las seis en punto en la cola del mostrador de información. Total, habiendo recogido mis maletas a menos cinco, al tren de las seis ya no llegaba ni de coña... Al menos, habría tiempo para coger el de las siete... Pero no "acontezcamos adelantamientos". Como ya no tenía tanta prisa, me he diho "Pues oye, vayamos en autobús." He descubierto que había una línea directa hasta Heuston, y tras pagar los seis euros que costaba (y después de haberme comprado un libro nuevo en una tienda del aeropuerto, que el que llevaba para el congreso entero me lo he terminado en el avión) una amable muchacha que trabajaba para la empresa de transportes de Dublin me informa de que, en efecto, faltaban quince minutos para que saliese el autobús. Que a todo esto, ya eran las seis y cuarto.

Pausa para unas operaciones matemáticas sencillas:

Seis y cuarto de la tarde + quince minutos hasta que salga el bus + treinta minutos de autobús hasta la estación de tren...

¡Efectivamente! Iba a llegar a la estación a las siete en punto, justo la hora a la que salía el tren.

"Seamos positivos", me he dicho a mi mismo... Total, sale un tren cada hora. Si por lo que sea no llego al de las siete (iluso de mí, todavía pensaba que el autobús podía tardar menos de lo que decían los carteles), ya cogeré el de las ocho...

Así que esta ha sido una de mis primeras imágenes de Dublin...


Mientras leía a Antony Beevor, las calles de Dublin (fresquito, en torno a 15-20 grados, nada comparado con el calor abrasador de Madrid) iban pasando, acercándome a la estación... Donde ha empezado el festival. El Último Superviviente lloraría como una nenaza.


Ahí la tenéis, la entrada a Heuston Station. Las siete y cinco cuando he entrado por la puerta, así que ya no me daba tiempo para pillar el tren... ¿O si? Había un tren que salía a las siete y diez. ¡Vaya! ¡Hoy es mi dia de suerte! Me acerco al puesto de información para preguntar dónde podía conseguir los billetes para Cork. El tipo del mostrador me ha explicado que, si corría, todavía llegaría a tiempo para coger el que estaba a punto de salir. Claro, que también me dice que en caso de que escoja esa alternativa, el billete me puede salir por en torno a sesenta euros...

O_o

... y que la otra opción es acercarme a uno de los puntos de acceso a internet de la estación, conectarme (pagando), y reservar el billete para luego sacarlo en la máquina que hay... Justo en frente. De ese modo, el billete me costará 20 euros. Los irlandeses están locos. Pero bueno, hacen buena cerveza, habrá que quererles. Me voy a la máquina, veo que la tasa mínima es un euro, y tras pagar (dos, porque no llevaba suelto), comienzo el proceso de reserva on-line.

Es entonces cuando descubro que lo de "un tren cada hora" funciona muy bien... Excepto a las ocho de la tarde, que no hay. Cojonudo, me toca esperar hasta las nueve. Por si acaso, vuelvo al mostrador de información y vuelvo a preguntar, solo para confirmar mis temores. Pero bueno, a lo hecho, pecho. Me voy para allá y comienzo a registrarme para poder comprar mi billete. Al ir a dar mi e-mail de alta, la conexión en la máquina se cae. No, no me he quedado sin dinero, aún tengo para diez minutos mas. Es simplemente que internet en la máquina no funciona. Página no encontrada.

Pero bueno, tengo un portátil, no pasa nada. Después de otra visita al del mostrador (que me empieza a mirar raro), confirmo que hay conexión wi-fi (wai-fai, que le llaman aquí) gratuita, y que puedo hacer el proceso desde mi equipo. Ya, y una leche. El equipo no se me conecta, y la única red abierta a la que puedo acceder es de pago. En ese momento, a punto de entrar en ira (y se me ocurren muchos chistes sobre esas tres letras y este país, peeeeeero...), recuerdo que en un alarde de inspiración me he traido el cable del móvil para el portátil. Finalmente, he podido conectarme a internet a través del 3G del teléfono (no quiero saber lo que me van a cobrar por esos 5 minutos que he tardado en reservar el billete), y hacer la compra.

Feliz por mi triunfo, apago el portatil, veo que son las siete y media pasadas, y me voy a la máquina de billetes a sacar mi flamante billete a Cork recién comprado. Ya, y una co(r)ck. La máquina no me lee la tarjeta de crédito. Lo vuelvo a intentar, mismo resultado. Maldigo en castellano, y lo vuelvo a intentar. No funciona. Maldigo en inglés, y voy a por el cuarto intento. Idéntico resultado. Maldigo en todo lo que se me ocurre (y alguna cosilla de mi propia cosecha) y me vuelvo a ir al mostrador de información:

"No te vas a creer lo que me ha pasado..."

El tio, amable (qué remedio), me manda a las taquillas, donde con mi número de reserva (menos mal que me ha dado por apuntarlo), puedo pedir el billete. Cuando voy allí, veo que puedo hacerlo sin problema. Si las taquillas estuviesen abiertas, claro, pero no hay ninguna así. Encuentro a un tio de la estación que me pregunta si me puede ayudaren algo, a lo que estoy a punto de decirle "Pues si me da una pistola y tres cargadores, me haría muy feliz ahora mismo", pero me agunato las ganas y decido que lo mejor es explicarle la situación. Me lleva otra vez al monitor de información, y el de allí me mira con cara de "¡Te voy a poner en Cork de una patada en el culo!", pero en vez de eso me explica que las taquillas abren más tarde, que me tome un té (estos ingleses, cómo son...) y vaya endespués. Al final, ya a las ocho y veinte (y después de que un pobre me pidiese pasta explicándome que no tenía manera de llegar a no-se-donde, a lo que casi le respondo que yo estaba en las mismas), he conseguido llegar a la taquilla, recoger mi billete, y con él, subirme al tren...


Dos horas y tres cuartos después, a las 23h45, he conseguido llegar a mi destino, hacer el check-in en el hotel, conectarme a internet, y narraros todo esto... Y ahora, en vistas de las horas que son, mucho me temo que no puedo entrar en más detalles, porque mañana me toca madrugar, y asistir al primer día de PRIME2009.

Espero poder contaros más cositas sobre estos días. ¡Pero que no sean tan ajetreadas como lo de hoy! Aunque quien sabe... De momento, me espera un paseo a pata desde el hotel hasta la universidad donde se celebra, y veinte minutos andando dan para mucho.

See you, guys!!