La vocación

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A los 16 años yo lo tenía muy claro: quería estudiar informática, y ser programador de videojuegos.

Cuando me entrevistó la psicóloga y orientadora profesional del colegio, sus resultados concluyeron que no tenía nada claro a qué me quería dedicar. Pero yo sabía que quería estudiar informática y crear el próximo StarCraft.

A los 17 años aprobé la selectividad y tuve nota suficiente para entrar tanto a la carrera como a la universidad que quería. Seis años más tarde me sacaba el título de ingeniero, y dos después el de máster en investigación especializado en hardware. Lo de hacer videojuegos quedó en un segundo plano, no era lo que más me gustaba. Y después del máster empecé el doctorado en el que llevo ya dos años embarcado.

Hoy, después de una tarde lluviosa de domingo metido en el laboratorio dando las últimas pinceladas a un paper cuyo plazo de entrega terminaba hoy, ha venido a recogerme mi padre en coche y mientras hablábamos en el coche me ha dicho "Si pudieses volver atrás en el tiempo, si volvieses al punto en el que acabas de aprobar la selectividad y tienes que escoger carrera, pero sabiendo lo que sabes ahora, ¿volverías a meterte en informática?"

En los años que he pasado en la facultad he conocido a muchas personas increíbles, he vivido innumerables experiencias que me han definido como la persona que soy hoy en día, y no cambiaría ese tiempo por nada del mundo. Pero a nivel académico, como la vocación de aquello que quería estudiar... No tengo nada claro que me volviese a decidir por ese camino. Y reflexionando sobre ello, tampoco se me ocurre ningún otro camino por el que quisiese ir. Sé a qué quiero dedicarme, pero ya no viene motivado tanto por el fervor idealista de la vocación como por el conocimiento consciente de que llevo ya muchos años esforzándome y haciendo importantes sacrificios por alcanzar esa meta. Pero no puedo evitar preguntarme si eso será suficiente. O si pensaré estas cosas únicamente por llevar tantos días y tantas horas empujando la roca de Teseo que es esta tesis, intentando que no vuelva a caer al inframundo.

Ni siquiera sé cómo terminar el post, o si acaso llega a tener algún sentido. Pero tenía ganas de soltarlo. Igual la orientadora tenía razón, después de todo.

Hoteles

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Para el día de mi cumpleaños, allá por mediados de octubre, Cattz y yo reservamos una habitación en un hotel de cuatro estrellas de la zona de Barajas: el Tryp Diana. Ella se marchaba a la mañana siguiente, así que un hotel cerca del aeropuerto era la mejor alternativa. Pero nos equivocamos de hotel.

Al llegar, nos encontramos con una habitación de la época de Cuéntame [1] que nadie se había tomado la molestia de remodelar desde entonces. Muebles viejos, la rejilla de ventilación con marcas de suciedad, grietas en las paredes, un cuarto de baño en el que no nos atrevimos a ducharnos, una moqueta con pinta de tener vida propia... Y encima dos camas individuales, cuando explícitamente habíamos solicitado cama doble. Bajé a hablar con la gente de recepción, que pasó olímpicamente de mí. Me dijeron que no había más habitaciones disponibles y no me hicieron más caso. Volvimos a bajar, esta vez los dos juntos, y después de montar una bronca, que nos pusiesen excusas absurdas (como por ejemplo que nuestra habitación era así porque la habíamos cogido en una oferta, pero que una noche allí normalmente costaba 200€) y todavía a regañadientes nos cambiaron a la habitación de enfrente que, oh misterio, oh proeza, estaba libre y tenía la cama que queríamos. El resto seguía siendo horrendo, pero aun así...

Por supuesto, antes de irnos pusimos una reclamación.

Quedé pendiente de enviar la reclamación a la consejería de turismo, y debido a la pila de papeles de encima de mi mesa tardé en recordar que todavía tenía que hacerlo. Busqué la dirección a la que mandar mi reclamación (Subdelegación de Turismo, Plaza de la Independencia 6, 28001 Madrid), la metí en un sobre y la eché en un buzón.

Un mes y medio después yo ya pensaba que la carta se había extraviado en el sistema de Correos [2], pero de repente me llegó una carta certificada de la Subdelegación. Me comunicaba amablemente que mi reclamación había sido enviada a la entidad administrativa competente en este caso: el Gobierno Balear. Pues nada, ya me contarán ustedes qué tienen que ver las Baleares en todo este asunto. Supuse que podía ser que la cadena de hoteles tuviese la central allí, y que por eso el órgano competente era el Gobierno Balear. Así que me quedé a la espera de nuevas noticias.

El día que volví de Viena tenía en el buzón un aviso de llegada de una carta certificada desde Palma de Malloca. Hoy por fin he podido pasarme por Correos para recogerla. El texto viene a ser algo así:

Como consecuencia de su reclamación con fecha tal y número de registro cual, formulada contra el establecimiento pascual, se comunica la remisión del expediente a la Comunidad Autónoma de Madrid, como órgano competente en la materia.

Comunidad de Madrid
D.G. de Turismo
Area de Inspección
Plaza de la Independencia
28001, Madrid.

Pues nada, muchas gracias. Ya os contaré cómo acaba.

Mi apuesta es que cuando la reciban de nuevo en Madrid la mandarán a Melilla.

P.D.: NO VAYÁIS al hotel Tryp Diana. Espero que eso haya quedado claro.

[1] O de Los Picapiedra, como ustedes prefieran.
[2] Siguiendo, al parecer, el mismo destino que mi taza de la Nostromo, de la que ya me voy haciendo a la idea de que no voy a volver a saber nada...