Ruido blanco

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Hoy al terminar el entrenamiento he intentado hacer un pequeño experimento: Sentarme en el suelo, cerrar los ojos, aprovechar la extenuación física para relajarme y pensar. Llevo unos meses tremendamente caóticos a nivel organizativo [1] y estoy intentando volver a poner las cosas en el orden [2] que les corresponden. Así que dedicar cinco minutos al día única y exclusivamente a pensar no puede venir mal.

Y cuando me he puesto me he dado cuenta de una cosa. De que todo lo que me venía a la cabeza era, más o menos...

Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz....
No podía pensar en nada coherente. Me distraían el ruido de la bicicleta estática mientras pedaleaban, la radio de fondo, el clinc-clinc de unas pesas al ser levantadas una y otra vez. Y además de eso, mi cabeza saltaba aleatoriamente de una imagen a otra, sin llegar a enfocar ni una sola antes de pasar a la siguiente. Durante cinco minutos he tratado con todas mis fuerzas de mantener una conversación interna conmigo mismo, de formar frases coherentes donde me dijese algo a mí mismo, y he fracasado estrepitosamente.

A veces pienso que la cantidad de cosas que tengo que tener a diario en mente debido, sobre todo, a la tesis (el código del proyecto, la administración del laboratorio, la preparación de los congresos, el esbirro, los mírame-esto-en-un-momentito), son fuerzas que se suman hasta anularme por completo. Y servidor, que es de ciencias, acaba moviéndose como cualquier otro cuerpo sometido a un campo nulo de fuerzas: por inercia. Lo cual hace que me preocupe, porque tengo la sensación de que no llevo las riendas de mi día a día [3].

Y es algo que tengo que corregir tan pronto como sea posible. Por eso me he impuesto una disciplina en el gimnasio. Por eso me he obligado a usar calendario, agenda y lista de tareas pendientes. El mismo motivo por el que a partir de mañana, empezando marzo, voy a marcarme objetivos semanales y mensuales en el trabajo. El mismo motivo por el que ahora mismo estoy escribiendo este post, escribiré más y retomaré los relatos cortos que llevan años esperando en el cajón a ser terminados. Para salir de ese estado, tomar el control de las cosas de nuevo, para poder cerrar los ojos y escucharme a mí mismo de nuevo.


[1] No hay nada más que ver mis blogs, lo actualizaditos que los tengo... Es en parte consecuencia del agotamiento con el que llego al final del día, y las ganas de absolutamente nada que me quedan cuando llego a casa.
[2] "no se cómo poner mi vida en orden / sin que el desorden me desborde y / se queden en el anden las cosas que / menos dinero den", que dirían unos granadinos que yo me sé.
[3] Yo, que de pequeño pasaba innumerables horas inventando mundos y aventuras. Que de adolescente, aunque vivía con los dramas existenciales propios de esa edad, era capaz de estudiarlos y evaluarlos... Ahora me preguntan qué me apetece comer y me quedo en blanco.

3 comentarios :

Cattz dijo...

Yo lo achacaba a 10 días perdido en una isla disfrazándote de mamarracheces y haciendo manualidades.

Lady Boheme dijo...

¡Espero que lo consigas! Desde aquí te mando todo mi ánimo... y sabes qué? Tu entrada me ha dado un empujoncito para hacer algo similar, que también me hace falta.

Me han quitado lo de seguir comentarios por correo electrónico, no sé por qué, y como tengo la memoria que tengo, se me olvidará que he comentado aquí :S

¡Besines!

Carol dijo...

Mucho ánimo con tus propósitos, lo de dedicar unos minutos al día a pensar, en calma, me ha parecido una buena idea, me parece que todos andamos un poco perdidos en el caos diario, me lo apunto. Un abrazo