Seguimos con la colección de posts del gilipollas del mes, que para una costumbre que adquiero en este blog, no es plan de perderla a la primera de cambio.
El único problema de este gilipollas es que se le ve a la legua. Está muy claro qué es lo que va a suceder. Es un tipo duro, es un tío malo maloso, y tiene una gorra muy chunga. Lleva escrito "gilipollas" en la frente... Y no entiende los principios básicos de la física. En concreto, que toda acción implica una reacción de igual fuerza y dirección, pero con sentido contrario. O lo que es lo mismo...
Pues eso. Añadid a la lista a otro más que ha coronado el Cleverest.
Rectificación a mi post anterior
Cuando uno se equivoca, se equivoca, y toca rectificar.
En el post anterior, cabreado por haber tardado dos horas en llegar a la universidad, he dicho que pensaba que la EMT estaba haciendo una huelga encubierta. Después de haber visto cómo estaban las cosas, y la eficiencia con la que el servicio de autobuses ha estado funcionando a lo largo del resto del día, me retracto y retiro que esa situación hubiese podido darse.
Ah, sí, y también retiro los tachones de las frases "pedazo de hijo de puta" y "y te metes todos los petardos por el culo", que a lo largo del día han demostrado que se las ha ganado.
En el post anterior, cabreado por haber tardado dos horas en llegar a la universidad, he dicho que pensaba que la EMT estaba haciendo una huelga encubierta. Después de haber visto cómo estaban las cosas, y la eficiencia con la que el servicio de autobuses ha estado funcionando a lo largo del resto del día, me retracto y retiro que esa situación hubiese podido darse.
Ah, sí, y también retiro los tachones de las frases "pedazo de hijo de puta" y "y te metes todos los petardos por el culo", que a lo largo del día han demostrado que se las ha ganado.
Me vais a permitir...
... que hoy me acuerde de las madres que parieron a unos cuantos.
El metro de Madrid está de huelga. Hoy toca buscarse la vida para llegar a nuestros destinos. Mi opción para llegar a la universidad? Ir hasta Nuevos Ministerios, ahí subir andando hasta Cuatro Caminos, desde donde cojo mi autobús habitual hasta la facultad. El único cambio que había que hacer era sustituir un viaje en metro de una parada por una caminata de diez o quince minutos. Bien mirado, incluso era bueno.
Pero el representante sindical de los trabajadores de Metro salió diciendo que llamaban al paro del 100%, sin respetar servicios mínimos, sin respetar a los usuarios de metro (oh, perdón, que ahora somos clientes), que su objetivo era "Reventar Madrid". Ya cuando venía en el Cercanías, los anuncios por megafonía han avisado de que el servicio de metro no estaba reducido, sino que estaba totalmente suspendido.
Y cuando he llegado a la parada del autobús, aparte de haber ya muchísima gente haciendo cola, he tenido que esperar más de 35 minutos hasta que ha llegado. Lo cual me hace pensar que la EMT (cuya web, además, no funciona desde por lo menos la una de la mañana) están llevando a cabo una huelga encubierta. La imagen que he contemplado en absolutamente todas las paradas que he pasado yendo a Cuatro Caminos era siempre la mismas: muchísima gente esperando, y pocos autobuses.
En total, he tardado dos horas y cuarto.
Así que señor sindicalista,pedazo de hijo de puta, la próxima vez que quieras reventar algo, te vas a la mascletá de Valencia y te metes todos los petardos por el culo.
El metro de Madrid está de huelga. Hoy toca buscarse la vida para llegar a nuestros destinos. Mi opción para llegar a la universidad? Ir hasta Nuevos Ministerios, ahí subir andando hasta Cuatro Caminos, desde donde cojo mi autobús habitual hasta la facultad. El único cambio que había que hacer era sustituir un viaje en metro de una parada por una caminata de diez o quince minutos. Bien mirado, incluso era bueno.
Pero el representante sindical de los trabajadores de Metro salió diciendo que llamaban al paro del 100%, sin respetar servicios mínimos, sin respetar a los usuarios de metro (oh, perdón, que ahora somos clientes), que su objetivo era "Reventar Madrid". Ya cuando venía en el Cercanías, los anuncios por megafonía han avisado de que el servicio de metro no estaba reducido, sino que estaba totalmente suspendido.
Y cuando he llegado a la parada del autobús, aparte de haber ya muchísima gente haciendo cola, he tenido que esperar más de 35 minutos hasta que ha llegado. Lo cual me hace pensar que la EMT (cuya web, además, no funciona desde por lo menos la una de la mañana) están llevando a cabo una huelga encubierta. La imagen que he contemplado en absolutamente todas las paradas que he pasado yendo a Cuatro Caminos era siempre la mismas: muchísima gente esperando, y pocos autobuses.
En total, he tardado dos horas y cuarto.
Así que señor sindicalista,
Un rincón donde leer
El edificio que anteriormente había sido un hotel no estaba mal. Mi habitación era lo suficientemente espaciosa, tenía un salón, un baño y un dormitorio, y para mí solo eran todo lo que necesitaba. Cuando me enseñaron la habitación 309 del Hôtel de la Navigation la encontré suficiente para mis necesidades, pero en aquel momento no me di cuenta de que tenía algo que la haría especial, y que a estas alturas echaría tremendamente de menos.
Tenía un rincón donde leer.
Veis ese alféizar justo encima del radiador, justo debajo de la lámpara? Fue el lugar donde más tiempo pasé durante los cuatro meses en que esa habitación fue mi casa.
Durante mi primer mes de estancia allí, hubo unos cuantos cambios en ese salón. La mitad de habitaciones del hotel estaban todavía sin ocupar, las llaves al alcance de cualquier mano, y en ese tiempo cambiaron la silla, la lámpara y el sofá [1]. Los cojines del sofá desempeñaron un papel vital, añadiendo comodidad a un hueco casi perfecto. El cambio de lámpara fue imprescindible, porque esa que se ve en la foto tenía el defecto de dirigir la iluminación solo hacia arriba. Y la silla... bueno, no llegué a usarla demasiado, pero ya que estábamos... Ah, también quité el televisor (se quedó castigado, en un rincón y mirando hacia la pared), y su sitio pasó a estar ocupado por el portátil y un bol de fruta.
Pero volvamos al rincón, que me disperso. Era el lugar perfecto para leer. Cada noche me sentaba allí, con la ventana a mi derecha, con las luces de Évian-les-Bains y Maxilli-sur-Léman al otro lado del lago, muchas veces distorsionadas por la lluvia que golpeaba contra el cristal. Los fines de semana, cuando todavía había luz, podía sentarme allí a disfrutar de mi libro con unas vistas espectaculares.
A mis pies, el puerto deportivo de Lausanne. Al fondo, Francia. Y ya podía estar lloviendo, nevando, soplando un viento endemoniado, o haciendo una temperatura de -10ºC [2][3], el radiador debajo del alféizar se encargaba de que mi hueco para leer siempre fuese acogedor. Allí leí a Asensi, a Philip K. Dick, la biografía de Einstein, di mis primeros pasos en el camino hacia La Torre Oscura y alguna vuelta que otra a La Rueda del Tiempo.
Cuando tuve que irme de Lausanne, supe que echaría de menos ese rincón. Y así es. Hace un par de meses, Antonio me avisó de que, finalmente, habían derrumbado el hotel, y habían empezado las obras para construir, creo que iba a ser, un centro comercial.
A día de hoy en mi casa no hay ningún rincón que se le pueda equiparar, y cruzo los dedos por que, el día que me ponga a buscar piso propio, encuentre uno con un rincón para leer. Uno que sea tan acogedor como el de la habitación 309.
[1] Creo que, junto al descubrimiento del peluche gigante de reno, el proceso de cambio del sofá fue el momento más memorable de nuestras peripecias por el hotel. Imaginad a dos españoles, un domingo a las once de la noche, muertos de risa, subiendo y bajando sofás por las escaleras de un hotel en Suiza... Os váis haciendo ya a la idea, no?
[2] Bueno, el viento no siempre daba igual. Que mi ventana no estaba del todo bien sellada, y el aire frío se colaba por las rendijas...
[3] Escoja dos de cuatro... Da igual la combinación que salga, en algún momento de aquellos cuatro meses, esa combinación se dio.
Tenía un rincón donde leer.
Veis ese alféizar justo encima del radiador, justo debajo de la lámpara? Fue el lugar donde más tiempo pasé durante los cuatro meses en que esa habitación fue mi casa.
Durante mi primer mes de estancia allí, hubo unos cuantos cambios en ese salón. La mitad de habitaciones del hotel estaban todavía sin ocupar, las llaves al alcance de cualquier mano, y en ese tiempo cambiaron la silla, la lámpara y el sofá [1]. Los cojines del sofá desempeñaron un papel vital, añadiendo comodidad a un hueco casi perfecto. El cambio de lámpara fue imprescindible, porque esa que se ve en la foto tenía el defecto de dirigir la iluminación solo hacia arriba. Y la silla... bueno, no llegué a usarla demasiado, pero ya que estábamos... Ah, también quité el televisor (se quedó castigado, en un rincón y mirando hacia la pared), y su sitio pasó a estar ocupado por el portátil y un bol de fruta.
Pero volvamos al rincón, que me disperso. Era el lugar perfecto para leer. Cada noche me sentaba allí, con la ventana a mi derecha, con las luces de Évian-les-Bains y Maxilli-sur-Léman al otro lado del lago, muchas veces distorsionadas por la lluvia que golpeaba contra el cristal. Los fines de semana, cuando todavía había luz, podía sentarme allí a disfrutar de mi libro con unas vistas espectaculares.
A mis pies, el puerto deportivo de Lausanne. Al fondo, Francia. Y ya podía estar lloviendo, nevando, soplando un viento endemoniado, o haciendo una temperatura de -10ºC [2][3], el radiador debajo del alféizar se encargaba de que mi hueco para leer siempre fuese acogedor. Allí leí a Asensi, a Philip K. Dick, la biografía de Einstein, di mis primeros pasos en el camino hacia La Torre Oscura y alguna vuelta que otra a La Rueda del Tiempo.
Cuando tuve que irme de Lausanne, supe que echaría de menos ese rincón. Y así es. Hace un par de meses, Antonio me avisó de que, finalmente, habían derrumbado el hotel, y habían empezado las obras para construir, creo que iba a ser, un centro comercial.
A día de hoy en mi casa no hay ningún rincón que se le pueda equiparar, y cruzo los dedos por que, el día que me ponga a buscar piso propio, encuentre uno con un rincón para leer. Uno que sea tan acogedor como el de la habitación 309.
[1] Creo que, junto al descubrimiento del peluche gigante de reno, el proceso de cambio del sofá fue el momento más memorable de nuestras peripecias por el hotel. Imaginad a dos españoles, un domingo a las once de la noche, muertos de risa, subiendo y bajando sofás por las escaleras de un hotel en Suiza... Os váis haciendo ya a la idea, no?
[2] Bueno, el viento no siempre daba igual. Que mi ventana no estaba del todo bien sellada, y el aire frío se colaba por las rendijas...
[3] Escoja dos de cuatro... Da igual la combinación que salga, en algún momento de aquellos cuatro meses, esa combinación se dio.
Cerrando otra puerta, ya abierta la siguiente
En junio de 2008 entregué mi proyecto fin de carrera junto a dos grandísimos amigos, y conseguimos la Matrícula de Honor. Llegado el momento de elegir el camino a seguir, yo continué en la universidad, y empecé un máster.
Entré en un proyecto de aspecto muy prometedor, e ilusionado me puse a trabajar en ello. En septiembre estuve en un curso en Ámsterdam, y a finales de octubre me marché a Lausanne durante varios meses. Ya allí, el proyecto empezó poco a poco a torcerse. Nos dimos cuenta de que lo que perseguíamos era casi imposible de conseguir con el entorno de trabajo que utilizábamos. Una empresa con la que trabajábamos, al consultarles, nos dijeron que lo que tratábamos de conseguir es la idea más antiintuitiva para ese procesador, y estarían sorprendidos si lográsemos algún resultado [1]. Pero cuando le transmitimos esto a nuestro director, la respuesta simplemente fue "Bueno, vosotros seguid intentándolo."
Y seguimos. Pero lo reconozco, la motivación se escapaba a pasos agigantados a medida que, día tras día, no solo no lográbamos avanzar nada, sino que descubríamos que cosas que se suponían ya bien hechas iban mostrando severas grietas que invalidaban todos los resultados anteriores. Llegado el momento, mi director me remitió una tésis doctoral en italiano en la cual se basaba el código que se resquebrajaba frente a mis ojos, y me dió un "ahí te las apañes para arreglar esto".
Al volver a España, me encontré desbordado por las asignaturas del máster. Las fui sacando, todas menos dos, que quedaron para septiembre. Una de ellas la saqué en bastantes buenas condiciones (y me abrió los ojos al mundo del procesamiento digital de señal), pero la otra, en la que los profesores habían optado por la técnica del "no vamos a explicar nada, os váis a encargar vosotros de todo, pero nosotros vamos a seguir cobrando nuestro sueldo igual" me acabó cansando tanto que acabé abandonándola.
A mediados de junio, y a la vista de que no tenía absolutamente nada que presentar en mi proyecto, y que todo seguía en un estado terrible, mi director me dijo que descartase todo lo hecho hasta el momento, que me olvidase del trabajo realizado [2] y empezase a hacer otra cosa "para tener algo que presentar en septiembre. No me gusta porque es un trabajo que no tiene ningún tipo de continuidad más adelante, pero algo habrá que presentar.".
Y en esas empecé el verano de 2009. Después de ir a presentar un artículo a un congreso en Irlanda, me encontré a mediados de julio con una asignatura para septiembre, un proyecto que empezar de cero, y pocas o ninguna gana...
Mi padre, que me conoce muy bien, supo mucho antes que yo que había abandonado el proyecto. Recuerdo el día que tomé la decisión (o más bien, descubrí que esa decisión ya estaba tomada) y se lo dije. Su respuesta fue algo así como "Si ya lo sabía yo... Se veía de lejos que ya no le hacías ni remotamente el mismo caso que al principio, no me sorprende en absoluto.". A pesar de todo, conté con el apoyo incondicional de mis padres, escogiese lo que escogiese hacer.
Terminado el verano, empecé a echar currículums, y mientras no me llamaban de ningún sitio, me fui buscando otro proyecto. Volví a uno de mis directores de proyecto fin de carrera, con quien tan bien me había ido un año antes, y hablamos de la posibilidad de retomar ese proyecto y continuarlo. Nos pusismos a ello, y un mes después de empezar, me llamó a su despacho para hablar.
"Por más vueltas que le he dado, no veo que el proyecto que hicimos de fin de carrera se pueda extender tanto como para justificar un proyecto fin de máster. Qué te parecería ponerte a trabajar con estas otras herramientas en un proyecto sobre esta otra temática?"
Conocía las herramientas, conocía la temática, y era interesante. A principios de noviembre me puse a desarrollar en esa herramienta, y a mediados de diciembre apareció en un congreso un trabajo muy prometedor en la línea de nuestro trabajo que llamó la atención de mi director. Nos habló de él a un compañero y a mí, y los dos decidimos que nos pondríamos a trabajar en dos ámbitos distintos relacionados con ello. Empecé a trabajar en una sección bastante ardua que me llevó desde finales de enero hasta la vuelta de Semana Santa. Finalmente, cuando se lo enseñé a mi director, me dijo "Excelente, pásaselo a tu compañero, que es él quien trabajará con ello... Tú vuelve al modelo del que partiste para seguir con lo que va a ser el núcleo de tu proyecto de máster.".
Con el fin de evitar la sensación de haber trabajado para nada (otra vez), busqué las maneras de hacer que todo ese trabajo tuviese cabida dentro de mi proyecto, y la encontré. No fue la principal, pero por lo menos podía reclamar justamente ese trabajo como mío. Ya casi con el tiempo encima (dos meses escasos hasta la fecha de entrega), me puse a teclear código, a probar alternativas, hasta caer rendido.
A todo esto, me tentaron desde otra universidad ofreciéndome un proyecto en el que participar, en el que desde el primer día me dejaron claro lo que esperaban de mí y me dejaron que yo mismo estableciese mis planificaciones de tiempo [3]. Y me dijeron claramente que si quería ponerme a trabajar, de momento no podían ofrecerme financiación, pero se buscaría. Hoy por hoy estoy a la espera de la resolución de becas ministeriales, pero las perspectivas no son malas.
Volviendo al proyecto de máster, el último mes y medio fue casi de infarto. Los resultados no parecían encajar, hice centenares de pruebas y me pegué de cabezazos una y otra vez contra el cluster sobre el que ejecutaba mis pruebas. Pero finalmente, encontramos la forma de hacerlo, seleccionamos los resultados más prometedores que habíamos obtenido, y lo puse todo por escrito. Durante cerca de un mes, no hice otra cosa (excepto una dulce escapada de un día) que no fuese sentarme delante del procesador de textos a dejar constancia de un año entero de trabajo.
Hoy, a las diez de la mañana, he entregado mis cuatro copias encuadernadas y una en versión digital en .pdf en la secretaría del departamento. A falta de defender mi trabajo ante un tribunal, he cerrado por fin un nuevo ciclo, y por fin puedo dedicar mis esfuerzos académicos a una meta única, en cuyo camino ya estoy inmerso desde hace unos cuantos meses.
Menudo lastre me he quitado de encima.
[1] La frase original reza: "[...] while intuitively this concept seems so alien to the SPARC that we would be very surprised if you will manage to gain anything at all."
[2] Realmente de todo, todo, no. Solo de la parte inicial, que funcionaba bien, y de la final, que no había avanzado nada. La parte intermedia, la que hacía aguas por todas partes, esa tenía que conservarla.
[3] No iba a cometer el fallo de dejar las planificaciones en manos de un director que no miraba por mi interés para descubrir, tiempo después, que había planificado mis primeros resultados a los 18 meses de proyecto... Sin tener en cuenta que yo necesitaba unos resultados a los 8 ó 12 meses, para presentar proyecto en junio o septiembre.
Entré en un proyecto de aspecto muy prometedor, e ilusionado me puse a trabajar en ello. En septiembre estuve en un curso en Ámsterdam, y a finales de octubre me marché a Lausanne durante varios meses. Ya allí, el proyecto empezó poco a poco a torcerse. Nos dimos cuenta de que lo que perseguíamos era casi imposible de conseguir con el entorno de trabajo que utilizábamos. Una empresa con la que trabajábamos, al consultarles, nos dijeron que lo que tratábamos de conseguir es la idea más antiintuitiva para ese procesador, y estarían sorprendidos si lográsemos algún resultado [1]. Pero cuando le transmitimos esto a nuestro director, la respuesta simplemente fue "Bueno, vosotros seguid intentándolo."
Y seguimos. Pero lo reconozco, la motivación se escapaba a pasos agigantados a medida que, día tras día, no solo no lográbamos avanzar nada, sino que descubríamos que cosas que se suponían ya bien hechas iban mostrando severas grietas que invalidaban todos los resultados anteriores. Llegado el momento, mi director me remitió una tésis doctoral en italiano en la cual se basaba el código que se resquebrajaba frente a mis ojos, y me dió un "ahí te las apañes para arreglar esto".
Al volver a España, me encontré desbordado por las asignaturas del máster. Las fui sacando, todas menos dos, que quedaron para septiembre. Una de ellas la saqué en bastantes buenas condiciones (y me abrió los ojos al mundo del procesamiento digital de señal), pero la otra, en la que los profesores habían optado por la técnica del "no vamos a explicar nada, os váis a encargar vosotros de todo, pero nosotros vamos a seguir cobrando nuestro sueldo igual" me acabó cansando tanto que acabé abandonándola.
A mediados de junio, y a la vista de que no tenía absolutamente nada que presentar en mi proyecto, y que todo seguía en un estado terrible, mi director me dijo que descartase todo lo hecho hasta el momento, que me olvidase del trabajo realizado [2] y empezase a hacer otra cosa "para tener algo que presentar en septiembre. No me gusta porque es un trabajo que no tiene ningún tipo de continuidad más adelante, pero algo habrá que presentar.".
Y en esas empecé el verano de 2009. Después de ir a presentar un artículo a un congreso en Irlanda, me encontré a mediados de julio con una asignatura para septiembre, un proyecto que empezar de cero, y pocas o ninguna gana...
Mi padre, que me conoce muy bien, supo mucho antes que yo que había abandonado el proyecto. Recuerdo el día que tomé la decisión (o más bien, descubrí que esa decisión ya estaba tomada) y se lo dije. Su respuesta fue algo así como "Si ya lo sabía yo... Se veía de lejos que ya no le hacías ni remotamente el mismo caso que al principio, no me sorprende en absoluto.". A pesar de todo, conté con el apoyo incondicional de mis padres, escogiese lo que escogiese hacer.
Terminado el verano, empecé a echar currículums, y mientras no me llamaban de ningún sitio, me fui buscando otro proyecto. Volví a uno de mis directores de proyecto fin de carrera, con quien tan bien me había ido un año antes, y hablamos de la posibilidad de retomar ese proyecto y continuarlo. Nos pusismos a ello, y un mes después de empezar, me llamó a su despacho para hablar.
"Por más vueltas que le he dado, no veo que el proyecto que hicimos de fin de carrera se pueda extender tanto como para justificar un proyecto fin de máster. Qué te parecería ponerte a trabajar con estas otras herramientas en un proyecto sobre esta otra temática?"
Conocía las herramientas, conocía la temática, y era interesante. A principios de noviembre me puse a desarrollar en esa herramienta, y a mediados de diciembre apareció en un congreso un trabajo muy prometedor en la línea de nuestro trabajo que llamó la atención de mi director. Nos habló de él a un compañero y a mí, y los dos decidimos que nos pondríamos a trabajar en dos ámbitos distintos relacionados con ello. Empecé a trabajar en una sección bastante ardua que me llevó desde finales de enero hasta la vuelta de Semana Santa. Finalmente, cuando se lo enseñé a mi director, me dijo "Excelente, pásaselo a tu compañero, que es él quien trabajará con ello... Tú vuelve al modelo del que partiste para seguir con lo que va a ser el núcleo de tu proyecto de máster.".
Con el fin de evitar la sensación de haber trabajado para nada (otra vez), busqué las maneras de hacer que todo ese trabajo tuviese cabida dentro de mi proyecto, y la encontré. No fue la principal, pero por lo menos podía reclamar justamente ese trabajo como mío. Ya casi con el tiempo encima (dos meses escasos hasta la fecha de entrega), me puse a teclear código, a probar alternativas, hasta caer rendido.
A todo esto, me tentaron desde otra universidad ofreciéndome un proyecto en el que participar, en el que desde el primer día me dejaron claro lo que esperaban de mí y me dejaron que yo mismo estableciese mis planificaciones de tiempo [3]. Y me dijeron claramente que si quería ponerme a trabajar, de momento no podían ofrecerme financiación, pero se buscaría. Hoy por hoy estoy a la espera de la resolución de becas ministeriales, pero las perspectivas no son malas.
Volviendo al proyecto de máster, el último mes y medio fue casi de infarto. Los resultados no parecían encajar, hice centenares de pruebas y me pegué de cabezazos una y otra vez contra el cluster sobre el que ejecutaba mis pruebas. Pero finalmente, encontramos la forma de hacerlo, seleccionamos los resultados más prometedores que habíamos obtenido, y lo puse todo por escrito. Durante cerca de un mes, no hice otra cosa (excepto una dulce escapada de un día) que no fuese sentarme delante del procesador de textos a dejar constancia de un año entero de trabajo.
Hoy, a las diez de la mañana, he entregado mis cuatro copias encuadernadas y una en versión digital en .pdf en la secretaría del departamento. A falta de defender mi trabajo ante un tribunal, he cerrado por fin un nuevo ciclo, y por fin puedo dedicar mis esfuerzos académicos a una meta única, en cuyo camino ya estoy inmerso desde hace unos cuantos meses.
Menudo lastre me he quitado de encima.
[1] La frase original reza: "[...] while intuitively this concept seems so alien to the SPARC that we would be very surprised if you will manage to gain anything at all."
[2] Realmente de todo, todo, no. Solo de la parte inicial, que funcionaba bien, y de la final, que no había avanzado nada. La parte intermedia, la que hacía aguas por todas partes, esa tenía que conservarla.
[3] No iba a cometer el fallo de dejar las planificaciones en manos de un director que no miraba por mi interés para descubrir, tiempo después, que había planificado mis primeros resultados a los 18 meses de proyecto... Sin tener en cuenta que yo necesitaba unos resultados a los 8 ó 12 meses, para presentar proyecto en junio o septiembre.
Por qué lo llaman fantasía?
Durante mucho tiempo pensé que a los libros tipo Dragonlance, Reinos Olvidados y similares se les etiquetaba como fantasía porque aparecían magos, dragones y se ambientaban en mundos exóticos...
Luego leo cosas como la siguiente (la traducción y la negrita es mía), y entiendo lo de fantasía:
Igualito que las que tenemos aquí, vamos...
Ah, por cierto, las becas FPU siguen, a fecha de hoy, sin resolverse.
Luego leo cosas como la siguiente (la traducción y la negrita es mía), y entiendo lo de fantasía:
La universidad! Había llegado a pensar en ella del mismo modo que la mayoría de los niños del condado de Fae, un lugar mítico del que solo solo podía llegar a soñarse. Una escuela del tamaño de una ciudad pequeña Diez veces diezmil libros. Gente que sabría las respuestas a cualquier pregunta que pudiese hacer.
El Nombre del Viento (Patrick Rothfuss)
Igualito que las que tenemos aquí, vamos...
Ah, por cierto, las becas FPU siguen, a fecha de hoy, sin resolverse.
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